Cada vez son más las personas que se interesan por el uso de las lentillas de noche debido al aumento de la miopía sobre todo en niños y adolescentes, apegados cada vez a una edad más temprana al uso de las pantallas incitados por las redes sociales o en su defecto por los videojuegos y el contenido digital en general.
El uso de las lentes de contacto por la noche se trata de un tratamiento de ortoqueratología, Orto-K, que se realiza en casa y que no necesita de cirugía.
Estefanía García Cerviño, delegada de COOCYL en Salamanca explica cómo es el funcionamiento, las ventajas, inconvenientes, los resultados, así como el creciente interés que está desatando en los pacientes miopes.
En primer lugar, destaca que es un tratamiento muy recomendable para niños y adolescentes ya que “ayuda a frenar la progresión de la miopía”, aunque advierte que, si el paciente deja de usar las lentes, la córnea recupera su forma inicial y la miopía entonces regresa.
¿En qué consiste el tratamiento Orto-K?
Estas lentes de contacto son especiales y se usan mientras dormimos. "Durante la noche, la lente ejerce una presión muy controlada sobre la superficie del ojo, concretamente sobre la córnea, que es la parte transparente de delante del ojo y donde se encuentran las dioptrías. Lo que consigue es modificar suavemente la forma de la córnea, quitando las dioptrías para que, al despertar, la persona vea bien durante el día sin necesidad de gafas ni lentillas convencionales", explica.
Al mismo tiempo, Estefanía apunta que este tratamiento “no es cirugía” y “no duele”, pero que su efecto “es reversible”. Además de permitir ver bien durante el día, en niños y adolescentes miopes se utiliza para ayudar a frenar la progresión de la miopía.
Según la delegada de COOCYL estamos ante un tratamiento “maravillo y seguro” que se realiza en casa y que principalmente requiere de unas medidas de higiene que no son muy diferentes a las que se emplean en otras lentes de contacto de uso diurno.

Explica, que “el paciente se pone las lentes por la noche, duerme con ellas y por la mañana se las quita, haciendo durante el día vida normal sin gafas ni lentillas”. También expone que "la evidencia científica actual la sitúa entre las opciones eficaces para el control de la miopía, aunque no es una cura definitiva. Mientras se usa de forma correcta, funciona, pero si se deja de usar la miopía reaparece".
¿Cuántas horas hay que tener puestas las lentes?
Esta es una de las preguntas que más se realizan las personas miopes que se encuentran recabando información sobre la Orto-K. Y pese a que lo habitual es dormir con ellas 8 horas, se insiste en que la adaptación siempre es personalizada, por eso hay pacientes que necesitan tenerlas más tiempo, reforzando quizás horas con la siesta. Todo depende de la graduación, de la vida cotidiana de cada uno y, sobre todo, de cómo responde el ojo al tratamiento.
"Cuando el tratamiento está bien adaptado y estabilizado, lo normal es que el efecto dure prácticamente todo el día. No funciona como si duermo 8 horas, veo bien solo 8 horas... La lente actúa durante la noche modificando la forma corneal, y esa forma se mantiene durante el día. En muchos pacientes permite una visión estable desde la mañana hasta la noche, pero en graduaciones más altas o en fases iniciales, puede ocurrir que al final del día la visión baje un poco. Por eso ajustamos el tratamiento y revisamos la evolución", afirma.
¿Para qué edades se recomienda este tratamiento?
Estefanía relata que se puede usar tanto en adultos como en niños, aunque reconoce que "se utiliza mucho más en niños y adolescentes con miopía progresiva, especialmente cuando vemos que la graduación aumenta de un año a otro, o cuando hay antecedentes familiares de miopía. También puede usarse en adultos que quieren ver durante el día sin gafas ni lentillas, siempre que cumplan criterios".
Antes de aplicar este tratamiento hay que tener en cuenta que no está indicado para todo el mundo y por eso insiste en que antes hay que hacer un estudio completo: graduación, topografía corneal, salud ocular, lágrima, párpados, higiene, antecedentes de infecciones, alergias, etc.
En niños este tratamiento se valora desde edades tempranas, sobre los 6 o 7 años, aunque no solo depende de la edad, sino también de la madurez del niño, de la implicación de la familia o de si el ojo cumple los requisitos. Igualmente indica que “aunque no es lo más conocido, no se utiliza solo para miopía, existen diseños también para hipermetropía, astigmatismo e incluso multifocales”.
¿En qué grado frena la progresión de la miopía?
La delegada del Colegio de Ópticos expresa que "los estudios suelen hablar de una reducción aproximada de la progresión de la miopía en torno al 60 %, especialmente cuando medimos el crecimiento del ojo, que es lo que llamamos longitud axial. Esto quiere decir que si a un niño/a se estima que la graduación suba entre 0.75-1.00 dp por año, con este tratamiento se espera que no suba nada o solo 0.25-0.50 dp. Dicho de forma sencilla, no podemos prometer que la miopía se pare al 100 % porque cada niño responde de una manera, pero sí sabemos que en muchos casos puede hacer que avance bastante más despacio. Eso es muy importante, porque cuanto menos avance la miopía, menor será el riesgo de tener una miopía alta en la edad adulta con los riesgos que ello conlleva de pérdidas de visión o desprendimiento de retina”.

En conclusión, la Orto-K suele funcionar especialmente bien en miopías de hasta unas 6.00 dioptrías; cuando la miopía es muy alta, puede que no se corrija en su totalidad o que se necesite una ayuda adicional. También hay que valorar el astigmatismo, la forma de la córnea, la salud ocular, la calidad de lágrima y la motivación del paciente.
Ventajas e inconvenientes de la Orto-K
Entre las principales ventajas del uso de estas lentes nocturnas, Estefanía destaca la libertad: “Que el paciente pueda ver bien durante el día sin gafas ni lentillas, sobre todo en niños que hacen deporte, van a la piscina o hacen actividades al aire libre esto les cambia muchísimo su día a día, mejora incluso la autoestima y la confianza”.
Otra ventaja que subraya es que, en el caso de los niños miopes, la Orto-K no solo compensa la graduación, sino que ayuda a controlar la progresión de la miopía.
Como inconvenientes señala la responsabilidad: "Hay que limpiar bien las lentes, lavarse las manos, respetar las revisiones y no usarlas si el ojo está rojo, duele o hay infección. También hay que destacar que si el paciente no se pone las lentillas no va a ver".
Asimismo, hay que tener en cuenta que es un tratamiento que se puede paralizar en cualquier momento, aunque esta profesional insiste en que "lo ideal no es dejarlo de golpe, sin control. Si se va a suspender, conviene hacerlo con seguimiento profesional para valorar cómo vuelve la graduación y qué alternativa vamos a utilizar para seguir controlando la miopía".
¿Cómo de probado está?
Confirma que es un tratamiento que está “muy estudiado” y a pesar de que la FDA no aprobó las primeras lentes de ortoqueratología nocturna hasta 2002 nació en los años 60. “No estamos hablando de algo experimental, la Orto-K lleva muchos años utilizándose y hoy tenemos estudios, revisiones y ensayos clínicos que demuestran que puede ser eficaz para el control de la miopía infantil”.
Además, hace hincapié en que el International Myopia Institute señala que “es una de las modalidades más efectivas para el control de la miopía, con resultados relativamente consistentes en ensayos clínicos aleatorizados”.
¿Cuándo se empiezan a ver los primeros resultados?
La mejora de la visión se empieza a notar desde la primera noche, aunque puede tardar unos días en estabilizarse. Aclara que "hay pacientes que ya notan una mejora muy clara al día siguiente, pero lo habitual es que durante los primeros días vayamos ajustando y controlando. A veces se necesita una corrección provisional mientras el tratamiento termina de estabilizarse. Digamos que no es magia instantánea, es un proceso de adaptación".
¿Cuántas personas lo usan ya?
Pese a que no hay un registro oficial que diga cuántos pacientes usan Orto-K en Salamanca o en Castilla y León, Estefanía asevera que “cada vez hay más familias interesadas porque la miopía infantil está aumentando”.
A la par señala que un estudio de la Universidad Complutense de Madrid estimó que el 19 % de los niños de 5 a 7 años tenían miopía y que, si la tendencia continúa, podría superar el 30 % en 2030.
Para concluir, Estefanía pone el acento en que "la miopía no es solo poner más graduación cada año. Cuando un niño se vuelve miope y la miopía progresa, el ojo suele crecer más de lo esperado. Ese crecimiento aumenta el riesgo de problemas en la edad adulta, como alteraciones de retina, glaucoma o maculopatía miópica, que suponen pérdidas de visión irreversibles e incluso ceguera. Por eso hoy ya no deberíamos conformarnos con decir: le sube la miopía, le cambio las gafas. Ahora tenemos opciones para intentar frenar esa progresión”.




