El Centro Penitenciario de Topas refleja una realidad que se repite en buena parte de las prisiones españolas: los hombres son mayoría y la estructura de los centros está, en gran medida, adaptada a esa realidad. En la prisión salmantina, de las aproximadamente 1.400 personas privadas de libertad, unas 60 son mujeres.
Una cifra que supone una pequeña parte del total de internos y que condiciona también su día a día dentro de la prisión. De esas 60 mujeres, alrededor de 40 permanecen en el módulo destinado específicamente a ellas, mientras que las otras 20 se encuentran repartidas por distintos espacios del centro en función de sus circunstancias.
Entre ellas están las internas que residen en el módulo mixto, principalmente aquellas que presentan un buen comportamiento; las que forman parte de la Unidad Terapéutica y Educativa (UTE), donde se trabaja con personas con problemática relacionada con las drogas; y aquellas que permanecen en la enfermería por encontrarse enfermas o necesitar una atención sanitaria específica.
Módulo mixto para las internas con mejor comportamiento
Una de las particularidades de Topas es la existencia de un módulo mixto, en el que conviven hombres y mujeres.
Habitualmente, en este espacio residen alrededor de 20 hombres y 10 mujeres. En el caso de las internas, se trata principalmente de aquellas que presentan un buen comportamiento y cumplen con las condiciones necesarias para formar parte de este régimen.
La convivencia se produce fundamentalmente durante el día. Hombres y mujeres comparten zonas comunes, determinadas tareas y actividades deportivas, educativas y de tratamiento.
El funcionamiento sigue unas normas de convivencia participativas, similares a las de los conocidos módulos de respeto. Los propios internos pueden asumir determinadas responsabilidades dentro del módulo y colaborar en la organización de la vida cotidiana, además de participar en tareas relacionadas con la convivencia y la mediación.
Por la noche, sin embargo, hombres y mujeres permanecen separados en distintas plantas o dependencias.
“Comparten la vida en común y las actividades durante el día, pero están separados en distintas plantas o dependencias durante las horas de descanso”, señala.
Algunas de las personas que viven en este módulo también participan en los trabajos y servicios que se desarrollan dentro de la prisión. Entre ellos se encuentra la lavandería, que presta servicio al conjunto del centro penitenciario.
La UTE también incorpora a mujeres
Otro de los cambios que se han producido en los últimos años en Topas tiene que ver con la Unidad Terapéutica y Educativa, conocida como UTE.
Tradicionalmente, este espacio estaba destinado a hombres, pero actualmente funciona como un módulo mixto y también acoge a mujeres con problemática relacionada con el consumo de drogas.
“La UTE ha sido siempre para hombres y ahora se ha abierto para ser mixta”, explica el funcionario.
La incorporación de internas supone una ampliación de las posibilidades de acceso de las mujeres a este programa terapéutico y educativo, en un ámbito que durante años estuvo vinculado principalmente a la población masculina.
Algunas internas permanecen en la enfermería
Las aproximadamente 60 mujeres que se encuentran en Topas no tienen todas la misma situación. Algunas de ellas permanecen en la enfermería debido a problemas de salud.
Según explica el funcionario, las internas ocupan una pequeña galería dentro de este espacio cuando necesitan permanecer allí. Esta circunstancia puede hacer que tengan un acceso más limitado a determinadas actividades y servicios que otras internas.
La situación sanitaria se convierte así en otro de los factores que condicionan dónde viven las mujeres dentro de la prisión y las actividades a las que pueden acceder.
Mujeres con historias de exclusión y violencia
Más allá de la distribución de los módulos, el perfil de muchas de las mujeres que llegan a prisión presenta características específicas.
El funcionario destaca que una parte importante de las internas ha vivido previamente situaciones de exclusión social y experiencias de violencia. Circunstancias que hacen necesario un trabajo específico desde los ámbitos psicológico y social.
La realidad de las mujeres en prisión, por tanto, no se limita a la cuestión de dónde duermen o en qué módulo permanecen. También existen diferencias en sus necesidades y en las herramientas que necesitan para afrontar su estancia en el centro y su posterior regreso a la sociedad.
Las personas trans permanecen en el módulo de hombres, con una posibilidad de cambio
La diversidad dentro de Topas también incluye a las personas trans.
Según explica, actualmente las personas trans se encuentran en el módulo de hombres. Sin embargo, se ofrece la posibilidad de que aquellas que no cuentan con delitos contra la integridad de las mujeres puedan pasar al módulo femenino.
La medida introduce un elemento diferente en una institución tradicionalmente organizada en torno a la separación entre hombres y mujeres.
La decisión tiene en cuenta, tanto la situación de la persona como sus antecedentes y las circunstancias relacionadas con la convivencia y la seguridad dentro del centro.
Una institución todavía marcada por la mayoría masculina
La realidad de las mujeres en Topas evidencia las dificultades de una institución diseñada históricamente para una población mayoritariamente masculina.
“El número reducido condiciona sus oportunidades” afirma. Topas tiene 1.400 internos, de los que unas 60 son mujeres. Por ello, hace que la oferta de talleres, actividades formativas y puestos de trabajo pueda ser más limitada para ellas que para los hombres.
Aun así, Topas ha ido incorporando fórmulas diferentes de organización y convivencia. El módulo mixto, la apertura de la UTE a las mujeres y las posibilidades de cambio de módulo para determinadas personas trans muestran una prisión que, poco a poco, adapta su funcionamiento a una población más diversa.



