Con la llegada del buen tiempo aparecen nuevos peligros en el entorno que pueden afectar a la salud de las mascotas, en concreto de los perros, si se desconocen sus consecuencias. Es el caso de las alergias, la oruga procesionaria y las espigas.
Las espigas están presentes por las zonas de campo o zonas verde en las ciudades durante las estaciones de primavera y verano, sobre todo, y pueden ocasionar diferentes heridas al animal, algunas más leves cuando solo se clavan en la piel del perro o más complejas si se encuentran en algún orificio.
Por este motivo, expertos aconsejan revisar a la mascota tras cada paseo examinando todo su cuerpo y pelaje para asegurarnos de que no tiene ningún agente dañino, prestando especial atención a la nariz, los oídos y las patas.
Lo habitual es que las espigas se cuelen accidentalmente por los orificios nasales del perro cuando éste anda olfateando el entorno. En estos casos, el animal se mostrará nervioso, se rascará continuamente la nariz e incluso se podrían observar "estornudos constantes, moqueo y secreción nasal con restos de sangre", según señalan los expertos.
Una vez se encuentra la espiga, es recomendable acudir a un especialista para que extraiga el agente ya que en ocasiones, se tendrá que anestesiar a la mascota para explorar sus cavidades nasales.
En caso de que la espiga se encuentre en los oídos del perro, este se provocará heridas por el picor y se producirá una otitis con secreción e inflamación. En casos graves, estos daños pueden provocar sordera irreversible como consecuencia de la perforación del tímpano.
Del mismo modo, si los agentes externos se clavan en las patas, el can mostrará bultos y abscesos en la piel. Además, los expertos advierten que las espigas pueden pueden introducirse en el tracto respiratorio y digestivo, los ojos, las axilas y el aparato urogenital.
Por ello, recomiendan revisar a los peludos tras cada paseo, prestar atención a su cuerpo y reacciones, así como evitar pasear por zonas donde abunde este tipo de planta.




