La ausencia de precipitaciones en los últimos meses está provocando una situación crítica para los agricultores de Salamanca. Desde finales de agosto, apenas ha llovido en la provincia, lo que ha impedido la siembra de colza en los secanos, un cultivo que debería haberse efectuado durante la primera quincena de septiembre.
La colza necesita desarrollarse antes de la llegada de las heladas, pero las tierras permanecen secas. Muchos agricultores, pese a tener los campos preparados —tras labrar barbechos o terrenos de forraje recolectado—, han decidido esperar a unas lluvias que no llegan. Las previsiones meteorológicas, además, no son alentadoras para los próximos días.
Esta situación representa un duro golpe para el campo salmantino. La colza, que en los últimos años ha ofrecido una buena rentabilidad y está considerada por la Política Agraria Común (PAC) como un cultivo “mejorante”, es clave en la planificación de las rotaciones agrícolas. Su ausencia obligará a los productores a buscar alternativas menos productivas, como las leguminosas o el girasol.
Las perspectivas para la campaña 2025-2026 son, por tanto, preocupantes. Muchos agricultores ya contemplaban reducir la siembra de cereales debido a sus bajos precios y a los elevados costes de producción. La imposibilidad de sembrar colza agrava todavía más el panorama.
Desde el sector agrario se critica, además, la rigidez de la actual PAC, que —según los productores— dificulta el trabajo en el campo y desincentiva el relevo generacional. La falta de lluvias y las trabas administrativas se combinan así en un cóctel que amenaza la sostenibilidad del campo salmantino.




