El Patio Chico ha sido ese bonito punto de encuentro entre arte, cultura y juventud, la deseada juventud de Salamanca que sigue uniendo acordes al compás de la ribera del Tormes y ante la atenta mirada de la Catedral Vieja, una espectadora que ha visto pasar por sus pareces a artistas de toda índole, ya sea de visita o para hacer vibrar cada uno de sus cimientos.

A las 21:37 horas, daba comienzo el concierto de MINIÑO, único grupo salmantino en el cartel del FÀCYL, con un "Muy buenas noches Salamanca, ¿Cómo estamos?" Y con una de las canciones que más gusta al público, “Aquí no pasa nada”, a modo irónico ante algo que sí estaba pasando, el desamor y amor a partes iguales de cuatro chicos que solo quieren hacer música, demostrando que quieren ser el grupo salmantino por excelencia.

Con las heridas afinadas y rozando con la punta de los dedos las emociones de los asistentes, han comenzado fuertes, con las voces de Miguel y Diego acompañadas al son del bajo y la batería de Víctor y Joseca. Con los cuatro a una, han unido al público salmantino y a visitantes que no han dudado en dar una oportunidad a estos chicos.
Con la gente desperdigada entre los bancos y rincones del Patio Chico, tenían el fiel compromiso de hacer que se acercasen al escenario, lo que uno veinte minutos después, a las 21:57 horas, lograban, sin medias tintas, para y por Salamanca.
De este modo, se sucedían los temas que hablaban sobre esas vivencias de Salamanca, porque sí, porque todas ellas hablan de diferentes hechos que les han forjado como personas. Podrás estar de acuerdo o no, pero indudablemente tienen un mensaje que cala y que se puede escuchar de viaje, por la calle, en el trabajo o, incluso, en la cama, como ya explicó Diego Hernández en la entrevista concedida a SALAMANCA24HORAS.
Así pues, entre “Bicho raro”, “Ahora que todo está bien” o “Una última vez” iban creando toda una atmósfera que el público no dudaba en acompañar, levantándose algunos de sus asientos para saltar y disfrutar como se merece un concierto.

El antes y después del concierto lo marcaba "Lento", que como bien dicen ellos: "Mi gente, os prometemos que empieza el POP", y no defraudaron. Con ello se sumaban las impecables notas de Víctor y el ritmo de Joseca, guiando cada ritmo y compás.
A medida que pasaban los acordes, las piedras de Salamanca compartían la música de MINIÑO, consiguiendo que cada canción lograra traspasar un pequeño haz de luz por las cristaleras de la Catedral de Salamanca. Subiendo decibelios a medida que pasaban cada uno de los temas, haciéndose cada vez más grandes en un Patio Chico que se quedaba pequeño.

Con la luna asomando y reflejándose en el escenario, el orgullo charro afloraba, porque son de Salamanca y tocan por ella, porque estas calles han visto crecer a MINIÑO hasta madurar.




