La alergia al veneno de los himenópteros es una de las más desconocidas entre la población, entorno a la que además hay varias falsas creencias.
Si se es alérgico a las avispas ya no se es a las abejas, si te pican varias veces y no tienes síntomas ya no eres alérgico, si tienes diagnosticadas varias patologías eres más propenso a tener alergia a estos insectos, el verano es la época de mayor riesgo para los alérgicos o que las abejas no pican son algunos de esas convicciones que han ido cogiendo fuerza a lo largo del tiempo y que, sin embargo, no son del todo ciertas.
El jefe del Servicio de Alergología del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, Ignacio Dávila González, también catedrático de la Facultad de Medicina de la USAL y presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica aclara todas estas cuestiones.
En primer lugar, explica que con las abejas y las avispas la reactividad cruzada ocurre cuando los anticuerpos IgE de una persona reaccionan ante componentes similares en venenos de diferentes insectos. También relata que entre las avispas hay bastante reactividad cruzada y que, perfectamente, una persona puede ser alérgico a ambos insectos o ser a uno y no a otro.

Lo primero que hay que tener claro, dice, es que “todo veneno está hecho para matar a otros animales y para defenderse”. Añade que “el veneno de los himenópteros tiene proteínas que producen un dolor intenso y después una inflamación local, edemas, hinchazón, rojez”. Estos son los síntomas que describe como los habituales en casi todas las personas, pero matiza que son síntomas que se limitan a la zona de la picadura y a unos centímetros a su alrededor. Sin embargo, hay otros que son los que nos avisan de que la picadura puede estar asociada a reacciones alérgicas; hablamos de síntomas localizados y síntomas generalizados.
Los síntomas localizados o locales son los que se producen en la misma zona donde se tiene la picadura: “Esa zona se hincha mucho más de lo normal y suele abarcar una articulación por arriba o por abajo, de manera que si la picadura está en el antebrazo se puede extender hasta el codo o el brazo en unos diez centímetros. A mayores se puede producir una infección, sobre todo con la picadura de véspidos porque son los que están más en contacto con basuras y entonces cuando te pican, te inyectan además del veneno el germen”.
Los generalizados son reacciones alérgicas graves que afectan al organismo. En este caso describe que “se trata de los síntomas que se dan no solo en el lugar de la picadura. Es un picor generalizado que es muy típico que se produzca en los genitales, en las palmas de la manos o plantas de los pies. Suelen aparecen ronchas, edemas en zonas alejadas de la cara, en los párpados, afección en las vías respiratorias, una broncoconstricción”. En los casos más graves señala “una reacción vascular con disfunción de la tensión arterial” que es el que se asocia con el riesgo vital. A mayores también puede haber reacciones locales.
Lo lógico es que en la picadura primera no pase nada, pero después es cuando se produce la reacción.
La falsa creencia más típica es pensar que porque una avispa/abeja te haya picado en varias ocasiones ya no eres alérgico. Sobre esto, el doctor apunta que “es un concepto bastante erróneo que se aplica también a la alergia a los medicamentos” y explica que “el sistema de alergia lo que hace es que, en la primera fase, primera picadura de la que seamos conscientes, se va a produciendo un reconocimiento por parte del organismo de estructuras y esa síntesis de inmunoglobulinas hace que quedaran armados para un segundo contacto, para que luego sea más rápido. Por eso después de un primer contacto la reacción alérgica se puede producir más rápido”.
Esto básicamente quiere decir que, porque estos insectos te hayan picado varias veces, no significa que no vayas a ser ya alérgico, sino todo lo contrario, ya que hay una fase de sensibilización previa y posteriormente se genera una respuesta, de manera que “lo lógico es que en la picadura primera no pase nada, pero después es cuando se produce la reacción. En realidad, nadie está exento de ser alérgico”.

Tampoco es del todo cierto que el verano es la época de mayor riesgo para los alérgicos. Lo que sucede, según aclara el jefe del Servicio de Alergología del CAUSA, es que “en está época, a finales de verano, compiten más por el alimento, pero en realidad pican cuando se sienten agredidas o si estamos cerca de los nidos”. Lo más habitual, confirma, es que hay más picaduras hacia finales del verano, que es cuando generalmente acude más gente a la consulta a pedir una evaluación en alergología.
También matiza que “en conjunto es más frecuente la picadura de los véspidos, aunque cada vez estamos viendo más casos de picaduras de abeja, sobre todo en la zona de San Miguel de Valero son frecuentes porque hay apicultores y están mucho en contacto con ellas”. Igualmente, asegura que “entre la mitad y el 95 % de la gente es picada a lo largo de su vida por un himenóptero, aunque el porcentaje de reacción es mucho más bajo”.
No existe un perfil exacto de paciente más propenso a desarrollar este tipo de alergias. Dávila reconoce que las personas más propensas son las que están más en contacto con estos insectos, como los apicultores, la población que vive en el mundo rural y quienes desempeñan oficios al aire libre.
En términos estadísticos generales, los pacientes que tienen más riesgo de reacción adversa a estas picaduras suelen ser varones más que mujeres; mayores de 40 años; pacientes con múltiples patologías; y los que tienen mastocitosis. Sin embargo, para que una picadura sea mortal, expresa que “no tiene que ser necesariamente en pacientes con enfermedades asociadas y mayor sensibilización. Desgraciadamente puede ser mortal para cualquier persona”. No obstante, manifiesta que no es lo más común y especifica que en España entre tres y cinco personas mueren cada año por una picadura de este tipo.
Las avispas no van a dejar el aguijón clavado y que hay que salir corriendo, sobre todo si hay un nido cerca. Las abejas sí.
Aportando más información, Dávila menciona que lo más normal son las picaduras de vespula, pilsteles o apis mellifera, aunque obviamente también hay casos de la avispa asiática (vespa velutina) que hace un año causó varias muertes en Galicia. Respecto a esto expresa que “es una avispa más agresiva y pica mucho, pero en Castilla y León no hay tanto riesgo porque tiene dificultad para asentarse ya que hace mucho frío en invierno y la reina no es capaz de sobrevivir”.
Sobre cómo hay que actuar en caso de una picadura advierte lo siguiente: “Es importante saber que las avispas no van a dejar el aguijón clavado y que hay que salir corriendo, sobre todo si hay un nido cerca porque pueden picar varias veces y porque se atraen unas a otras. En el caso de la abeja sí deja el aguijón y lo recomendable es sacarlo sin apretar el saco del veneno para que no se rompa”. Cuanto más tiempo pase el aguijón en la piel más veneno va a liberar y si se rompe el saco fuerza a que el veneno restante se inyecte más en la piel.
Entre los consejos más comunes para los no alérgicos, recomienda aplicar hielo local, antihistamínicos o antinflamatorios. Para los alérgicos, corticoides tópicos u orales o aplicar adrenalina en los casos más graves para frenar una anafilaxia. Por supuesto, acudir de inmediato al hospital.
Las vacunas tienen una eficacia del 95 % en avispas y del 85 % en abejas.
Preguntado por la veracidad de las vacunas para el veneno de los himenópteros, responde que “son vacunas que salvan la vida y que son bastante eficaces”.
Describe que en el caso de las avispas tienen una eficacia del 95 % y en el de las abejas del 85 %, y aclara que son “vacunas de prevención”. También hay ya vacuna para la picadura de la velutina, aunque el doctor asegura que “hay que analizar las proteínas a las que está sensibilizado el paciente y con eso hacer una inmunoterapia a medida, porque no vale ponerle una vacuna para abeja a un paciente sensibilizado con la avispa”.




