Hay instrumentos que se aprenden a tocar y otros que terminan formando parte de la propia identidad. En el caso de Amós Lora, la guitarra pertenece a la segunda categoría. Llegó a sus manos cuando apenas tenía tres años y, desde entonces, ha permanecido a su lado hasta convertirse en mucho más que una herramienta musical: una compañera de vida, de trabajo y de emociones.
El guitarrista, nacido en Madrid en 1999 y estrechamente vinculado a Salamanca desde su infancia, lleva prácticamente toda su vida unido a las seis cuerdas. Lo que comenzó como un acercamiento natural a la música terminó convirtiéndose en una vocación que hoy se traduce en conciertos internacionales, composiciones propias y una academia online con la que comparte sus conocimientos con guitarristas de todo el mundo.
“La guitarra ha sido una compañera de vida desde que tenía tres años hasta ahora”, explica. Una frase que resume una relación que ha evolucionado con él y que le ha permitido convertir una pasión en su profesión.
Esa trayectoria también le ha permitido conocer a personas de otros ámbitos, como el futbolista Sergio Ramos, con quien mantiene contacto desde que el deportista vio un reportaje sobre el guitarrista mientras viajaba en avión. Amós destaca especialmente su calidad humana: “Es una persona de diez, que sigue manteniendo la humildad a pesar de estar donde está, y eso dice mucho, muchísimo”. Ambos llegaron a conocerse personalmente a raíz de las clases de guitarra.

Una guitarra más grande que él
Los primeros recuerdos de Amós Lora alrededor de la guitarra están ligados a una imagen familiar: su padre llegando a casa con aquel instrumento que, por entonces, parecía demasiado grande para sus manos.
“Recuerdo cuando mi padre me trajo la guitarra a casa y empezó a enseñarme los primeros movimientos con los dedos. Era una guitarra más grande que yo”, rememora.
Son recuerdos fragmentarios, propios de una edad tan temprana, pero suficientes para conservar la imagen de aquel primer encuentro. Después hay un pequeño salto en su memoria hasta los seis años, cuando comenzó a profundizar en su formación musical.
La dedicación tampoco tardó en llegar. Cuando empezó a ser consciente de lo que hacía, ya podía pasar dos o tres horas diarias tocando y dando sus primeros conciertos. La guitarra dejó de ser un juego para convertirse en una constante que ha acompañado todas las etapas de su vida.
Disciplina, confianza y agradecimiento
Mantener una trayectoria musical desde la infancia implica convivir con las expectativas, las críticas y la presión de una profesión exigente. Amós considera que una de las claves está en aprender a distinguir entre lo que los demás esperan de uno y aquello que realmente desea hacer.
“Al final, creyendo en uno mismo y siendo fiel a tus valores, sabes lo que quieres y hasta dónde quieres llegar”, reflexiona.
Para él, la cuestión está en mantener la coherencia con uno mismo y encontrar un propósito en lo que hace. “Si estás a gusto contigo mismo y con lo que haces, y lo haces con un propósito, eso te da tranquilidad”.
En ese aprendizaje concede una importancia especial a su familia. De su padre, Manuel Lora, destaca la disciplina, el esfuerzo y la constancia. De su madre, el apoyo, la seguridad y la capacidad de disfrutar del camino sin perder de vista el agradecimiento.
“Mi padre me inculcó mucha disciplina y valores de esfuerzo. Mi madre reforzó la parte de la seguridad, de creer en uno mismo, del disfrute y del agradecimiento”, explica.
Del flamenco aprendido de oído a comprender el lenguaje de la música
Sus primeros años como guitarrista estuvieron marcados por una forma de aprender muy vinculada a la tradición flamenca: escuchar, observar, compartir experiencias con otros músicos y desarrollar la técnica a través de la práctica.
“Aprender el flamenco de oído te da una riqueza enorme a nivel de intuición y de desarrollo del oído, además de una técnica muy completa, tanto de la mano derecha como de la izquierda”, explica.
A los trece años comenzó a estudiar armonía moderna a través del método de Music, una etapa que abrió nuevas posibilidades en su manera de entender la música. Posteriormente profundizó en la armonía, la improvisación y el lenguaje musical moderno, con especial atención al jazz.
Ese aprendizaje le permitió comprender no solo qué estaba tocando, sino también por qué funcionaban determinados acordes, escalas y movimientos musicales.
“La música tiene un lenguaje que te permite saber en todo momento qué estás haciendo y por qué colocas la mano donde la colocas”, señala.
Para él, la teoría no sustituye a la intuición o al sentimiento, sino que suma herramientas a una base ya construida. La comprensión de la armonía le abrió nuevas posibilidades para componer, improvisar y explorar diferentes sonoridades.
Flamenco y jazz: dos caminos que se encuentran
La relación entre flamenco y jazz ocupa un lugar central en su identidad artística. Amós Lora entiende ambos estilos como dos formas de conocimiento que se enriquecen mutuamente.
El flamenco le ha proporcionado el contacto con una tradición musical de enorme complejidad, la intuición y una relación directa con el sentimiento. El estudio del jazz y de la armonía moderna, por su parte, le ha permitido ampliar su vocabulario musical y explorar nuevas posibilidades expresivas sin perder la esencia flamenca.
“Ahora entiendo lo que estoy haciendo también desde la parte teórica, desde el porqué de cada cosa. Eso me permite tener una visión mucho más amplia del flamenco”, explica.
Esa búsqueda de un lenguaje propio se refleja en sus composiciones y en sus trabajos discográficos. Su cuarto álbum, Tiempo de Leyendas, publicado en 2024, muestra su voluntad de seguir explorando nuevas sonoridades a partir del flamenco.
Una trayectoria que continúa creciendo
Amós Lora comenzó a grabar sus propias composiciones con apenas doce años, cuando publicó Cerro Negro. Más adelante llegaron trabajos como Así lo veo y DADGAD, que muestran diferentes etapas de su evolución artística.
Su recorrido le ha llevado a actuar en escenarios nacionales e internacionales y a participar en festivales y proyectos que conectan el flamenco con otras tradiciones musicales. También ha desarrollado una faceta docente que le permite transmitir su experiencia a nuevas generaciones de guitarristas.
En 2020 su escuela de guitarra online, con la que ayuda a otros músicos a comprender y desarrollar su propio lenguaje.
A sus 27 años, la guitarra continúa ocupando el mismo lugar esencial que tenía cuando era aquel niño que apenas alcanzaba a rodearla con los brazos. La diferencia es que ahora conoce mucho mejor sus posibilidades y dispone de más herramientas para explorarlas.



