El 15 de septiembre, la historia de la conocida Rita empezó a viajar mucho más lejos que el Prado de la Vega, en Carbajosa de la Sagrada. Una bolsa de juguetes colgada de una valla, acompañada de un sencillo cartel para que otros perros pudieran utilizarlos, se convirtió en una imagen viral. Lo que muchos descubrieron después era que aquellos juguetes ya no pertenecían a una perra que pudiera volver a buscarlos: Rita había muerto pocos días antes.
El gesto llamó la atención por su sencillez, pero también por algo más profundo: la manera de afrontar una pérdida. Para Celia Martín Nieto, psicóloga general sanitaria y técnico del menor en la Unidad de Intervención Educativa de Salamanca de los Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León, el duelo por la muerte de un animal puede ser tan importante como cualquier otro: “Las mascotas llegan a convertirse en miembros de la familia, compañeros cotidianos y una fuente de apoyo y afecto incondicional”.

Aceptar la pérdida: “Uno de los primeros pasos para lograr un duelo saludable”
Rita llegó a la vida de sus dueños el 28 de agosto de 2013, procedente de una fundación dedicada a la protección animal en Salamanca. Antes había sido rescatada en Ledesma, donde un cazador quería desprenderse de cinco perros que consideraba inútiles para la caza. Solo quedaron dos hembras. Según explican sus dueños, Rita vivía entonces en unas condiciones precarias: presentaba numerosas garrapatas, los dientes dañados pese a tener apenas dos o tres años, las almohadillas de las patas sin curar y las uñas sin desgastar.
Con el tiempo, Rita se convirtió en una parte esencial de la familia. Sus dueños la llamaban “perra extraterrestre” por sus peculiares costumbres: se iba a dormir exactamente a las 23.30 horas, entraba en el coche siempre por el lado izquierdo, detestaba la hierba y la tierra y prefería caminar sobre el cemento. También dirigía los paseos, caminaba por la acera derecha pegada a la pared y tenía sus propios rituales con la comida y los juguetes. Antes de guardarlos, por ejemplo, los colocaba en pequeños montones.
Esas pequeñas rutinas ayudan a explicar por qué la muerte de un animal puede dejar un vacío tan grande. La psicóloga Celia Martín Nieto señala que las mascotas no solo ofrecen compañía: “También introducen responsabilidades y hábitos en la vida de sus dueños. Los paseos, las comidas y los cuidados forman parte de una rutina que desaparece cuando el animal ya no está”.
En el caso de Rita, la enfermedad empezó a alterar esa vida cotidiana. Tres meses antes de morir le diagnosticaron un melanoma en la boca. Sus dueños intentaron frenarlo con electroquimioterapia y quimioterapia oral, pero la enfermedad avanzó rápidamente y una insuficiencia renal temprana complicó todavía más la situación.

En ese complicado momento, el Prado de la Vega de Carbajosa de la Sagrada se convirtió entonces en un lugar especial. Allí Rita podía caminar por el canal de cemento y, después de los paseos, tumbarse sobre una manta mientras otros perros se acercaban. Sus dueños aprendieron durante aquellos últimos meses a vivir de otra manera: “Empezamos a no pensar tanto en el futuro, a detenernos y a disfrutar de los pequeños momentos, aceptando poco a poco algo que sabíamos que iba a ocurrir”, explican. Cuando se le pregunta a Martín Nieto por esta dinámica, responde que aceptar la pérdida es precisamente uno de los primeros pasos de un duelo saludable.
Un “precioso ejemplo de generosidad y amor” que ha dado la vuelta al mundo
Finalmente, Rita murió el 5 de septiembre. En cambio, esto llevó a otra parte difícil: recoger sus cosas. Aunque conservaron algunos objetos especialmente importantes, tomaron una decisión que lo cambió todo: llevar los juguetes restantes al parque donde Rita había pasado buena parte de sus últimos días.
Colgaron la bolsa de juguetes de una valla y dejaron un cartel para que otros perros pudieran utilizarlos, con una declaración que conmovió a cada uno de los vecinos que la leían: “Rita falleció hace unos días y quiere compartir sus juguetes con los amigos que hizo en este parque. Ojalá vuestros perros los disfruten como ella”. Estas emotivas palabras, en cambio, aún tenían mucho camino que recorrer.
“Tenemos dos perros mayores. Y, una tarde, al sacarlos a pasear por el Prado de la Vega de Carbajosa de la Sagrada, vimos el cartel de Rita. Nos emocionó, nos conmovió, nos llegó al corazón y lo publicamos en nuestra cuenta @diariosenderista”. Tras estas palabras se encuentran Eduardo Cid y Jesús Gil, las personas que, movidos por el cariño y la emoción, hicieron pública la historia de Rita el pasado 15 de septiembre.
Pero esto no quedó aquí. Este “precioso ejemplo de generosidad y amor” ha recorrido el mundo. Desde países como Colombia, Uruguay o Argentina, miles de personas han reaccionado a esta publicación, que ya cuenta con más de 25.000 likes, cerca de 600 comentarios y va camino de las 270.000 visualizaciones.
Además, según explican, “según pasaban los días se empezó a crear una química especial en el Prado de la Vega”. Tanto fue así que los dueños de otros perros empezaron a dejar también carteles en respuesta a la generosidad de los dueños de Rita.
“Hasta donde sabemos muchos perros han usado los juguetes de Rita. Y todos hasta donde conocemos han valorado mucho el gesto. Les ha parecido algo bonito y que es difícil de hacer para alguien que ha tenido un perro”. Con estas palabras, Marcos, dueño de Rita, continúa este argumento.
“Una manera muy bonita y sana de llevar el duelo”
Bajo la mirada psicológica, este gesto por parte de los dueños adquiere otro significado más allá de la evidente generosidad: “Es una manera muy bonita y sana de llevar el duelo. Es un acto que permite compartir el dolor, sentirse acompañados y transformar la relación con aquello que pertenecía a la perra”, explica Celia Martín Nieto. “A nosotros todo esto nos ha venido muy bien porque estamos superando el luto de una forma diferente», explica Marcos.
En cambio, regalar los juguetes puede ser una herramienta positiva, pero no es la única. Para Martín Nieto, un duelo saludable pasa por aceptar la pérdida y despedirse, permitir las emociones y adaptarse progresivamente a la nueva realidad. En cambio, cada persona puede conseguir este objetivo de una manera muy distinta.
“También puede ser beneficioso conservar objetos del animal si ayudan a mantener un recuerdo y a aceptar la pérdida”, señala Celia Martín, añadiendo, en la misma línea, que lo importante no es desprenderse de las pertenencias ni guardarlas. “Lo esencial es que la decisión permita aceptar la muerte y adaptarse a la ausencia, sin convertir esos objetos en una forma de negar lo ocurrido”.
Para los dueños de Rita, esa decisión recaía en el mismo lugar donde habían aprendido a disfrutar de sus últimos días. La bolsa de juguetes colgada de una valla acabó convirtiendo su ausencia en una forma de compañía para otros perros y su recuerdo en una historia compartida por miles de personas.



