La piedra dorada de Villamayor, tan característica de la ciudad de Salamanca, ha sido una de las protagonistas en la tarde de este sábado. Salamanca ha revivido la solemnidad de la Semana Santa en pleno mes de septiembre a través de la procesión extraordinaria ‘Vía Áurea’, cita cumbre del XXXVII Encuentro Nacional de Cofradías.
Durante más de cuatro horas, un impresionante cortejo integrado por 17 de las 18 cofradías de la ciudad y cerca de un millar de participantes ha hecho que vecinos y visitantes procedentes de toda España abarrotaran un itinerario de 1,4 kilómetros, que ha pasado por enclaves tan reconocibles como la Universidad, la Clerecía, San Benito o el Palacio de Monterrey.
Con estricta puntualidad, a las 17:30 horas de este sábado, la Cruz de Guía de la Hermandad Franciscana abría la Puerta del Obispo de la Catedral Nueva para dar inicio a un desfile dividido en cuatro tramos. De esta manera, los asistentes han podido disfrutar de una compoleta procesión sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
El cortejo arrancó, en cambio, con la presencia de La Borriquilla, imagen de la Hermandad de Jesús Amigo de los Niños, la Oración en el Huerto, el Prendimiento y Nuestro Padre Jesús Flagelado, que pisó la calzada tras un leve retraso, acompañado por la Banda Santísimo Cristo de la Victoria.
A partir de las 18:30 horas, la solemnidad continuó con el segundo tramo de la procesión. Este fue enmarcado por salida del Vía Crucis y fue continuado por la imagen de El Rescatado, que lució su singular túnica confeccionada a partir de una chaquetilla de picador, y Jesús Nazareno. Finalmente, este segundo bloque alcanzó su punto álgido al rozar las 19:00 horas con un hito histórico: la primera salida a las calles salmantinas de María Santísima del Dulce Nombre, de la Archicofradía del Rosario, una imagen que aún no ha salido durante la Semana Santa.
Pasadas las 19:25 horas, llegó la imponente ‘levantá’ de Jesús Despojado, a la que siguieron la salida de Jesús del Perdón; y las siluetas del Cristo de la Agonía Redentora y el Yacente, y La Piedad de la Hermandad Dominicana. En cambio, con la caída del sol, la procesión se vistió de un ambiente solemne, emotivo y cercano con la imagen de El Cristo de la Liberación, al que siguieron la tradicional luz de las velas de Nuestra Señora del Silencio, Nuestra Señora de la Soledad y la estampa de Jesús Resucitado.






