Una madre sorda que no consigue dormir porque su bebé llora durante toda la noche. Una ciudad que se queda a oscuras y deja incomunicadas a personas que dependen de la tecnología para relacionarse. Y unas manos vestidas de blanco que siguen la música para demostrar que también se puede cantar sin que la voz sea la protagonista.
Son algunas de las historias que han encontrado en el teatro y la música una forma de llegar al público en Salamanca. Detrás están Impro Teatro en Lengua de Signos Española (LSE) y el Coro de Manos Blancas, dos iniciativas que reúnen a personas sordas y oyentes con un objetivo común: mostrar las barreras que todavía existen en la vida cotidiana y reivindicar el derecho de todos a participar en la cultura.
"Las personas sordas podemos con todo", defiende Conchi, una de las integrantes de Impro Teatro en LSE. El grupo, dirigido por Cristina Hernández Amo, comenzó su andadura el 19 de septiembre de 2025 con cuatro o cinco participantes y actualmente reúne a alrededor de una veintena de personas con distintas capacidades y formas de comunicarse.
La propuesta nació de una necesidad personal y ha terminado convirtiéndose en un espacio de aprendizaje, convivencia y expresión artística. Su intención no es únicamente representar obras, sino acercar al público situaciones que a menudo pasan desapercibidas y demostrar que las personas sordas también pueden ocupar su lugar sobre el escenario.
Un grupo de teatro para comunicarse sin barreras
Cristina Hernández Amo conoce de primera mano las dificultades de participar en actividades culturales que no están adaptadas a las personas sordas. Antes de poner en marcha su propio grupo, comenzó a acercarse al teatro y descubrió que, pese a disfrutar de la actividad, se perdía parte de la información cuando compartía espacio con personas oyentes.
"Aunque me gustaba, no me sentía a gusto del todo porque me perdía mucha información", recuerda.
Aquella experiencia le hizo plantearse la posibilidad de crear un grupo en el que las personas sordas pudieran expresarse en su propia lengua y participar en igualdad de condiciones.
Desde su creación, Impro Teatro en LSE ha ido incorporando a personas con diferentes grados de pérdida auditiva, participantes oyentes e incluso una persona con movilidad reducida. En los ensayos conviven la lengua de signos, la lengua oral y el bimodal, un sistema que combina el habla con signos.
Trabajar con realidades tan diversas requiere adaptar las dinámicas habituales. Los ensayos se organizan en forma de U para que todos puedan verse, las explicaciones se repiten cuando es necesario y el contacto visual resulta fundamental para seguir las conversaciones.
"Es un reto, ha sido un reto y lo sigue siendo, pero nos hemos ido entendiendo", señala Cristina.
Los integrantes estudian los guiones en lengua de signos y quienes todavía no dominan este sistema cuentan con el apoyo de sus compañeros. El aprendizaje es colectivo y exige paciencia, pero también permite que cada participante aporte sus capacidades.
"Nos ayudamos entre todos, nos animamos, nos respetamos", resume la directora.
'El Apagón', una obra sobre lo que ocurre cuando falla la comunicación
La primera representación del grupo llegó en diciembre de 2025 con 'El Apagón', una obra inspirada en el corte eléctrico del 28 de abril de ese mismo año, que coincidió en Salamanca con el tradicional Lunes de Aguas.
La falta de electricidad afectó a buena parte de la población, pero tuvo consecuencias especialmente importantes para muchas personas sordas que utilizan el teléfono móvil y las conexiones a internet para comunicarse mediante mensajes o videollamadas.
"No podíamos hacer videollamadas, no podíamos enviar mensajes, no podíamos hablar con nadie. Estábamos completamente incomunicados", relata Cristina.
La imposibilidad de contactar con otras personas y la falta de información generaron incertidumbre y dificultades para comprender lo que estaba sucediendo. El grupo decidió trasladar aquella experiencia al escenario, combinando las situaciones vividas por la comunidad sorda con escenas cotidianas reconocibles para los salmantinos.
Las tortillas del Lunes de Aguas, los problemas para comprar hornazos, los comercios afectados y las retenciones de tráfico sirvieron para introducir el humor en una historia que también buscaba generar reflexión.
Para Álvaro, uno de los participantes, la obra demostró que era posible sacar adelante un espectáculo entre personas que no siempre utilizan el mismo sistema de comunicación.
"Hay muchos grupos de teatro de oyentes en Salamanca y no había de sordos. Por eso pensamos en crear uno", explica.
La experiencia también le ha permitido descubrir nuevas formas de relacionarse con los demás. "Yo siento una gran apertura. Nada de cierre, siento una gran invitación a abrirme", afirma.
'Resiliencia': la experiencia de una madre sorda llega al escenario
El siguiente paso del grupo será 'Resiliencia', cuya representación está prevista para el próximo 6 de noviembre, a las 19:00 horas, en el Centro Municipal Integrado Trujillo.
La obra cuenta la historia de una madre soltera sorda cuyo bebé llora durante toda la noche. La situación lleva a una vecina a llamar a la Policía, desencadenando una historia basada en una experiencia real vivida por Conchi, que será la encargada de interpretar a la protagonista.
La representación pretende mostrar cómo las barreras de comunicación también aparecen en el ámbito familiar y en situaciones cotidianas, especialmente cuando el entorno desconoce las necesidades de una persona sorda.
Para Conchi, participar en el montaje supone enfrentarse a los nervios de actuar ante el público, pero también una oportunidad para demostrar sus capacidades.
"Me siento muy nerviosa, muy emocionada y muy ilusionada. Digo: no me lo puedo creer, que con mi sordera haya llegado hasta aquí y pueda expresar todas mis emociones", manifiesta.
La actriz espera que la obra ayude a los espectadores a comprender mejor la realidad de las personas sordas y a relacionarse con ellas sin prejuicios. Entre sus reivindicaciones, destaca la importancia de aprender lengua de signos y de dirigirse a las personas sordas de frente, facilitando el contacto visual y respetando sus necesidades comunicativas.
"Significa muchísimo para mí, para demostrar y romper barreras. Que las personas sordas también podemos con todo", afirma.
La función tendrá además un componente solidario, ya que, según explica Cristina, la mitad de la recaudación se destinará a Red Madre Salamanca, asociación que apoya a madres en situación de vulnerabilidad.
Begoña descubre otra forma de comunicarse
La experiencia también está transformando la manera de entender la comunicación de los participantes oyentes. Es el caso de Begoña, que llegó a Impro Teatro en LSE desde el teatro playback, una modalidad que utiliza el cuerpo y la expresión no verbal para representar historias.
Tras conocer la iniciativa y asistir a la primera representación de ‘El Apagón’, decidió incorporarse al grupo para aprender lengua de signos y descubrir otras formas de expresión.
"Quería ver cómo se comunicaban y, además, aprender otras formas de lenguaje, entre ellas la lengua de signos", explica.
Al principio le resultaba complicado seguir algunas conversaciones, ya que apenas conocía esta lengua. Poco a poco, aprendió a prestar más atención a los gestos, las expresiones faciales y las miradas, elementos esenciales para comprender los mensajes.
"Me está ayudando a mejorar el lenguaje no verbal porque los gestos dicen mucho", señala.
Su experiencia también le ha permitido tomar conciencia de las dificultades que afrontan las personas sordas y de la necesidad de encontrar soluciones para facilitar la comunicación.
"Lo que importa es la persona y lo que siente", reflexiona.
Begoña considera que aprender lengua de signos desde la infancia contribuiría a normalizar la diversidad y evitaría que las personas sordas tuvieran que asumir siempre el esfuerzo de adaptarse a los demás.
La accesibilidad, una asignatura pendiente
Más allá de los ensayos y las representaciones, uno de los principales obstáculos para el desarrollo de estos proyectos es la falta de recursos de accesibilidad auditiva en determinados espacios culturales.
Cristina destaca que el Centro Municipal Integrado Trujillo, donde trabaja el grupo, dispone de bucle magnético y ofrece condiciones favorables para desarrollar sus actividades. Sin embargo, advierte de que otros espacios de Salamanca no siempre cuentan con sistemas de apoyo auditivo, subtítulos o intérpretes de lengua de signos.
"El principal problema que solemos encontrar es la accesibilidad auditiva", indica.
Las necesidades varían en función de cada persona. Algunas necesitan intérpretes de lengua de signos; otras, subtítulos para seguir las intervenciones, mientras que quienes utilizan audífonos pueden beneficiarse de un bucle magnético correctamente instalado.
La ausencia de estos recursos limita las posibilidades de asistir a obras teatrales, charlas, monólogos y otras actividades culturales.
"Para muchas personas sordas la cultura está prohibida. Es imposible", lamenta Cristina.
La directora recuerda que el problema no afecta únicamente a las personas sordas de nacimiento o a quienes utilizan habitualmente la lengua de signos, sino también a quienes han perdido audición con el tiempo y a muchas personas mayores.
En el caso de 'Resiliencia', el grupo trabaja para disponer de un sistema de subtitulado fiable. Las pruebas realizadas hasta ahora con herramientas de transcripción en directo mediante ordenador no han ofrecido las garantías necesarias para una representación.
La dirección del CMI Trujillo, la Concejalía de Participación Ciudadana, la Universidad de Salamanca y SADAP están explorando posibles soluciones para mejorar este recurso y facilitar que otras instalaciones municipales puedan beneficiarse de los avances.
El objetivo es que acudir a una actividad cultural no dependa de tener que comprobar previamente si será posible seguirla.
El Coro de Manos Blancas: interpretar la música con las manos
La apuesta por la inclusión artística también ha encontrado su espacio en el Coro de Manos Blancas, una iniciativa que nació en febrero de 2026 gracias a la colaboración entre Impro Teatro en LSE, SADAP y el Proyecto Almazuela del Conservatorio Superior de Música de Castilla y León.
El proyecto reúne música, expresión corporal y lengua de signos para acercar la interpretación musical a personas que tradicionalmente han encontrado dificultades para participar en este tipo de actividades.
La idea cobró fuerza después de que algunos participantes vieran el documental ‘El canto de las manos’, que muestra las posibilidades artísticas de la música y la lengua de signos.
El coro utiliza ropa negra y guantes blancos para destacar los movimientos de las manos, que adquieren un papel protagonista en la interpretación. La propuesta permite explorar una forma de expresión en la que la música también se transmite visualmente.
Actualmente, los integrantes preparan una nana basada en la conocida canción de cuna de Johannes Brahms. La coordinación entre el piano, el violonchelo, los cantantes y quienes interpretan la pieza en lengua de signos ha sido uno de los principales retos.
"Al principio era muy difícil, porque había que casar el piano, el violonchelo, los cantantes y la nana en lengua de signos", recuerda Cristina, que participa en la dirección del proyecto y tiene una pérdida auditiva importante.
Los ensayos han permitido encontrar una fórmula de trabajo basada en la observación y la lectura labial. Cristina sigue los movimientos de los labios de los cantantes para interpretar la letra mediante signos, mientras el resto de los participantes permanece atento a las miradas para coordinar sus intervenciones.
"Al final, a través de los ensayos, lo hemos conseguido. Es increíble", afirma.
El coro quiere seguir creciendo y llevar su propuesta a otros lugares. Sus integrantes ya han recibido una invitación para actuar en Madrid y aspiran a mostrar su trabajo en otras ciudades y pueblos.
"Nos gustaría que el público viera que las personas sordas también podemos hacer música, arte, baile y canto, y además disfrutando y haciéndolo muy bien", sostiene Cristina.
Ganar confianza para ocupar su lugar
Tanto Impro Teatro en LSE como el Coro de Manos Blancas persiguen un objetivo que va más allá de las actuaciones: ofrecer a sus integrantes la oportunidad de descubrir sus capacidades y ganar confianza para participar en actividades de las que, en ocasiones, se han sentido excluidos.
Cristina conoce a personas que tenían interés en acercarse al mundo artístico, pero que no se atrevían a dar el paso. Por eso considera que el recorrido del grupo puede servir de ejemplo para quienes todavía dudan de sus posibilidades.
"Todas las personas tenemos la necesidad de sentirnos valoradas, apreciadas, admiradas y aceptadas en lo que somos", sostiene.
Los ensayos, el trabajo en equipo y el contacto con el público contribuyen a reforzar esa confianza. Sobre el escenario, los participantes no solo interpretan personajes o canciones demuestran que las diferencias en la comunicación no impiden compartir una experiencia artística.
El camino, sin embargo, sigue planteando dificultades. La falta de recursos técnicos, la necesidad de espacios accesibles y la implicación de las instituciones continúan siendo cuestiones fundamentales para garantizar que la cultura llegue a todos.
Mientras tanto, Salamanca cuenta con dos iniciativas que buscan abrir nuevas puertas a través del teatro y la música. La próxima cita será el 6 de noviembre con ‘Resiliencia’, una historia que llevará al escenario las dificultades de una madre sorda y que aspira a despertar la empatía del público.



