Los jesuitas y su dominio en la navegación fueron vitales entre los siglos XVI y XVIII. Sus misiones les permitieron ampliar el mundo explorando, evangelizando y llevando la avanzada ciencia de la que se nutrían en sus colegios, que contaban con escuelas de cartografía, cosmografía y náutica. Expertos en astronomía y en matemáticas aplicadas a la navegación, analistas políticos y científicos, la Compañía de Jesús tuvo tanto poder que hizo que hasta los reyes los temieran y de ahí su caída. Muchos de esos saberes se concentraban en sus centros de estudio universitarios.
Expertos en guardar sus secretos, uno de los enigmas que rodean a la orden es si los mapas que hacían sus cartógrafos tenían claves ocultas que les permitían mantener en secreto viajes, misiones y ubicaciones. El secretismo de la orden sobre muchas de sus ocupaciones, incluidos los mapas y sus investigaciones, hizo que la rodearan todo tipo de leyendas. Una de ellas es la existencia del conocido como “meridiano secreto”, que está estrechamente relacionado con Salamanca y con la tradición académica ligada a la astronomía y la navegación.
Los jesuitas fueron pioneros en elaborar mapas de territorios inexplorados, así como cartas de navegación. Gracias a sus estudios, desarrollaron toda una red de información crucial en una época en la que saber dónde estaban los recursos naturales, cómo eran las rutas fluviales por el Nuevo Mundo o cómo calcular la posición en alta mar con precisión era fuente de poder. En este panorama, se cree que los jesuitas utilizaban su propio meridiano, que les permitía que nadie ajeno a la orden pudiera conocer la situación exacta de barcos o territorios, añadiendo una capa más de control a su actividad misionera y científica.

Pero, ¿por qué tenían su propio meridiano?
Antes de que el meridiano de Greenwich se utilizara como estándar en 1884 en todo el mundo, cada país utilizaba su propio meridiano de referencia. Así, el meridiano de la Isla del Hierro se estableció en el siglo II; también se usó el de Cádiz y San Fernando por España o el de París por Francia. Los jesuitas habrían tenido su propio meridiano, que utilizaban en sus cartas, y la clave para descifrarlas era Salamanca, concretamente el Colegio Real del Espíritu Santo de la Compañía de Jesús, es decir, la Clerecía, hoy integrada en la Universidad Pontificia.
Según la leyenda, por la Clerecía se extendía una línea recta que atravesaba la ciudad y que era el meridiano cero de la Compañía de Jesús, su línea secreta que marcaba el punto de base para todas las mediciones en sus mapas y que habría sido utilizada hasta la caída y expulsión de los jesuitas de España y sus colonias americanas en 1767. Ese trazado imaginario convertía el corazón histórico de Salamanca en un discreto centro de referencia para sus cálculos.
Un misterio que recogió Arturo Pérez-Reverte en su libro "La carta esférica". En la novela, los protagonistas buscan un pecio hundido, el Dei Gloria, un bergantín que transportaba a jesuitas expulsados de las colonias y sus tesoros, y cuya localización depende precisamente de entender ese sistema de coordenadas.
Un barco hundido que los protagonistas de la novela no encontraban, ya que sus mediciones seguían la línea que marcaba el meridiano de Cádiz, habitual en la época. Es un viejo piloto el que les da la pista tras explicarles que tenían que usar el “meridiano secreto que los jesuitas utilizaban en 1767 para calcular la longitud a bordo de sus barcos” y les explica que este “corresponde a los actuales 5º 40’ oeste de Greenwich. Y pasa exactamente por la escuela de cosmografía, geografía y navegación, y el observatorio astronómico que, hasta su expulsión en 1767, los jesuitas tuvieron en la que hoy es Universidad Pontificia, antiguo Colegio Real de la Compañía de Jesús…”. ("La carta esférica", Arturo Pérez-Reverte). Con ese dato, la trama enlaza la ficción marítima con el pasado académico de la ciudad.
Un secreto que todavía se mantiene, como muchas de las tareas, investigaciones y estudios que la Compañía de Jesús llevó a cabo Ad maiorem Dei gloriam, y que aún hoy alimentan la curiosidad de quienes se acercan a la historia menos conocida de la Clerecía y de su meridiano oculto.




