La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha alertado, ante la constante presencia de incendios a lo largo de España, de que el humo de estos puede afectar a la salud respiratoria y cardiovascular, recomendando de esta manera minimizar al máximo la exposición, especialmente entre las personas más vulnerables.
Según los datos del programa europeo Copernicus, los incendios forestales han arrasado ya 50.384 hectáreas en España, cerca del 40 por ciento de toda la superficie quemada en la Unión Europea en lo que va de 2026. Castilla y León, Cataluña, Castilla y León y Andalucía figuran entre las comunidades autónomas más afectadas.
En relación con este asunto, desde la Junta de Castilla y León apuntan, en su análisis estadístico de incendios, que dicha comunidad ha registró, desde el 1 de enero hasta el 30 de junio de 2026, un total de 3.620 hectáreas quemadas, mientras que Salamanca presentó 63 hectáreas quemadas. Ante esta situación, SEPAR asegura que "este año estamos viviendo una temporada de incendios especialmente temprana, con varios focos activos al mismo tiempo y de gran intensidad”.
Una vez conocida la situación, resulta importante ahondar en los peligros que pueden acechar a la población: “El humo que generan contiene partículas muy pequeñas que pueden llegar a las zonas más profundas de los pulmones y empeorar enfermedades respiratorias y cardiovasculares”, explica el coordinador del Área de Neumología Ambiental y Ocupacional de SEPAR, Javier de Miguel. Además, añade que, aunque el riesgo es mayor en niños, las personas mayores, las mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades crónicas", según recoge la agencia Europapress.
Así, SEPAR recuerda que el humo de los incendios forestales está formado por partículas finas, que suponen contaminantes que puede provocar irritación de ojos, nariz y garganta, tos o dificultad para respirar; pero también desencadenar crisis asmáticas, broncoespasmos, infecciones respiratorias y descompensaciones en personas con enfermedades respiratorias crónicas.
Además, diversos estudios han demostrado que la inhalación del humo aumenta el riesgo de complicaciones cardiovasculares y respiratorias, especialmente en personas vulnerables. Incluso, quienes no presentan enfermedades previas pueden experimentar una disminución de la función pulmonar o dolor torácico tras respirar aire contaminado por los incendios: "El humo de los incendios forestales es un riesgo para la salud que muchas veces pasa desapercibido. Como sus efectos no siempre se notan de inmediato, es frecuente restarle importancia”.
La población más vulnerable: mujeres embarazadas, niños, personas mayores y enfermos cardiorrespiratorios
La sociedad señala que algunos grupos presentan un mayor riesgo de sufrir complicaciones derivadas de la exposición al humo. En los niños, el sistema respiratorio todavía está en desarrollo y, además, respiran una mayor cantidad de aire por kilogramo de peso que los adultos, lo que incrementa la cantidad de contaminantes inhalados, tal y como señala la agencia Europapress.
Por su parte, en las personas mayores, el deterioro progresivo del sistema respiratorio e inmunitario dificulta la respuesta frente a las partículas y gases presentes en el humo; mientras que, en relación con las mujeres embarazadas, la exposición se ha asociado a un mayor riesgo de parto prematuro y bajo peso del bebé al nacer. El último de los colectivos vulnerables lo componen las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares, que deben mantener su tratamiento habitual, disponer siempre de la medicación de rescate prescrita y vigilar la aparición de síntomas como tos, sibilancias o dificultad respiratoria.
Para reducir la exposición, SEPAR recomienda permanecer en interiores con puertas y ventanas cerradas, utilizar sistemas de filtración del aire y evitar la actividad física al aire libre mientras persista la mala calidad del aire. Si es imprescindible salir, aconseja utilizar mascarillas FFP2 o N95. Asimismo, resulta importante mantener una buena hidratación y prolongar estas medidas de precaución incluso durante los días posteriores a la extinción de los incendios, “puesto que las partículas contaminantes pueden permanecer en suspensión”.
Ante síntomas leves, como tos o irritación de ojos y garganta, basta con alejarse de la zona afectada, permanecer en un ambiente con aire limpio y mantener una adecuada hidratación. Si aparecen dificultad respiratoria leve, sibilancias o dolor torácico, debe utilizarse la medicación de rescate cuando esté prescrita y consultar con un profesional sanitario. En caso de dificultad intensa para respirar, opresión en el pecho, confusión o coloración azulada de labios o piel, es imprescindible acudir de inmediato a un servicio de urgencias o llamar a emergencias.
SEPAR insiste en que, durante los episodios de incendios forestales, el humo representa un riesgo para la salud incluso a varios kilómetros del foco del incendio. Por ello, recomienda seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias, consultar los índices de calidad del aire antes de realizar actividades al aire libre y extremar las medidas de protección, especialmente entre los colectivos más vulnerables.




