El consumo de redes sociales ha ido aumentando según se han ido desarrollando mejores tecnologías, surgiendo así nuevas formas de consumo, maneras diferentes de relacionarnos y un abanico de oportunidades entre distintas etnias.
Actualmente, “a menudo” se debe cambiar de trabajo, de ciudad o de barrio, de oficio o formación, y eso hace que cada vez “resulte más difícil mantener comunidades, como el grupo de amigos, debido al cortoplacismo laboral o residencial”, ha explicado Pedro Luis Iriso Napal, sociólogo y profesor titular de la Universidad de Salamanca.
Dadas estas circunstancias y la fugacidad del espacio que se habita, las redes sociales “permiten mantener una cierta relación comunitaria basada en el afecto o la lealtad” y, sobre todo, favorecen a las “subculturas” ya que gracias a estos medios sociales “acceden a una subcultura propia” lo que, sin las redes, “sería completamente imposible”.
Para estos grupos “minoritarios y muy discriminados” estas herramientas son “esenciales” como “defensa contra la discriminación”.
No obstante, las redes sociales en su parte más negativa se convierten en “el refugio de conductas antisociales de cualquier clase que resultan intolerables para el conjunto de la sociedad por no respetar la libertad de los demás”. Según Iriso, estos grupos también son considerados subculturas, aunque “antisociales”.
Además, estos métodos de comunicación y ocio cuentan con un problema y es que “nos ocultan lo diferente a nosotros, a nuestra forma de pensar, a la gente que es diferente de nosotros mismos” y en consecuencia “limitan las relaciones a los que son igual a nosotros, a los que piensan como nosotros, visten como nosotros o tienen las mismas aficiones”, por tanto “dificultan” la posibilidad de “conocer lo diferente”.
El sociólogo ha determinado que las redes sociales “pueden provocar una especie de mixofobia”, que es la fobia a lo diferente o a la mezcla de cosas, ideas y gente diferente.
Sin embargo, estas nuevas sociedades que nacen en el entorno digital “tienen mayor facilidad para la ruptura de las comunidades” debido a la “no presencialidad” en la que se basan y desembocan en “sentimientos de aislamiento” o lo que se conoce como ‘relaciones líquidas’, un término que acuñó el filósofo Bauman, las cuales se caracterizan a grandes rasgos por ser “superficiales y fugaces” y tienden a “disolverse al mínimo conflicto”.
Las redes sociales “remarcan lo que somos dificultando la posibilidad de un cambio”
El consumo continuado de medios sociales en Internet “simplifica” la percepción y autoconcepto de uno mismo porque “no nos provocan a tener dudas o inseguridades sobre lo que somos, pensamos y hacemos” si no que “tienden a confirmarnos en nuestra forma de ser o de comportarnos, pues sistemáticamente tienden a seleccionar a la gente o las cosas que nos gustan”.
Por tanto, las redes sociales “remarcan lo que somos dificultando la posibilidad de un cambio”.
El uso de medios digitales “no se vería reflejado en los datos de suicidios”
Actualmente, las cifras de suicidios se han incrementado un 3.4% en Castilla y León respecto a 2022, pero “no se ha demostrado que tenga que ver con las redes sociales”.
Del mismo modo, el profesor titular ha declarado que “no es una variación significativa” y en todo caso, se debería prestar atención a “la tendencia” ya que las redes sociales “no implican una pérdida de identidad necesariamente, sino una identidad más apegada a determinados estilos de vida, valores o formas de pensar”.
No obstante, sí existen “relaciones patológicas o peligrosas a través de las redes”, aunque éstas son “muy minoritarias y no se verían reflejadas en los datos de suicidios”.
En las sociedades modernas, lo que en términos de sociología se conoce como ‘suicidio egoísta’ está relacionado con la “decadencia de las comunidades (grupos sociales basados en el afecto o la lealtad personal)”, pero por el momento "ese aumento de suicidios en Castilla y León no es significativo o estructural”.
¿Por qué las redes sociales generan tanta adicción?
Lo que ha ocurrido en las sociedades actuales es un “debilitamiento” de las “comunidades”, ya sean “familias, aldeas o grupos de amigos”, entre otros, aunque esto no es “necesariamente negativo” porque las comunidades “protegen”, pero también “vigilan”.
Iriso ha señalado que la sociedad en general “no puede organizarse bajo el principio comunitario de la lealtad” sino bajo el principio de la “asociación”, que se refiere a intereses comunes. Esta base lleva a un “debilitamiento del principio comunitario” y entonces las personas tratan de suplir esa carencia buscando una red de apoyo en las redes sociales, lo que las convierte en una “posibilidad” idónea para estrechar lazos.
De la misma manera, el sociólogo asegura que estos medios sociales cibernéticos han cambiado las formas de relacionarnos entre nosotros y con nosotros mismos, pues “permiten encontrar subculturas que reflejan más estrictamente nuestros gustos e ideas”, pero crean relaciones “más inseguras que las físicas” porque “dan una gran facilidad de conocer gente y también de romper con ella”.
En definitiva, las redes sociales “nos dan una mayor libertad por falta de dependencia de otros”, mientras que, a su vez, se construyen comunidades “peor dotadas para protegernos”, reafirmando el ‘yo’ y alejándonos del ‘todo’, siendo cada vez más egoístas e individuales, con las consecuencias que todo ello supone.




