"No le saques de su plan". Para algunas personas con autismo, las rutinas son mucho más que una forma de organizar el día. Les permiten anticipar lo que va a suceder, comprender mejor su entorno y afrontar las actividades cotidianas con mayor seguridad.
En Salamanca, el trabajo de integradores sociales y educadores sociales acompaña a personas con autismo en diferentes etapas de la vida. Desde la infancia hasta la edad adulta, la organización diaria, los apoyos visuales y las actividades adaptadas se convierten en herramientas fundamentales para favorecer su autonomía y bienestar.
Los pictogramas, una ayuda para ganar autonomía
En el caso de los menores, mantener una estructura clara puede resultar especialmente importante. Una integradora social de Salamanca que acompaña diariamente a un niño con autismo explica que cada persona tiene unas necesidades diferentes: "Hay niños que no son tan rígidos, que son muy flexibles, y hay niños que son muy rígidos".
En su experiencia, los apoyos visuales ayudan a establecer secuencias que permiten aprender a realizar tareas cotidianas de forma progresivamente más independiente.
Vestirse es uno de los ejemplos. La ropa se coloca siguiendo un orden concreto: primero la ropa interior y los calcetines, después la camiseta y el pantalón y, finalmente, el resto de las prendas y los zapatos.
El avance se aprecia cuando el menor ya es capaz de completar la secuencia sin consultar las imágenes. "Hay veces que no hace falta el apoyo visual, se lo quitas y él sabe", explica la profesional.
Estos recursos también están presentes en el colegio, donde las agendas con pictogramas permiten anticipar las actividades de la jornada. Las herramientas se adaptan a cada persona: mientras algunas necesitan dibujos, otras pueden utilizar palabras escritas.
Aprender a través del juego
La jornada escolar incluye actividades como robótica, piscina, biblioteca, talleres de cocina y yoga. Además de ofrecer experiencias diferentes, estas propuestas permiten trabajar habilidades sociales y autonomía.
La piscina es uno de los ejemplos de aprendizaje a través del juego. "No les pones en plan natación. Les das los juguetes, uno bucea, el otro va saltando", relata la integradora social.
Los vestuarios también forman parte del aprendizaje, ya que permiten practicar acciones como quitarse la ropa, volver a vestirse y seguir una secuencia determinada.
La alimentación y el aseo son otros ámbitos en los que se trabaja de forma individualizada. Conocer las preferencias y las capacidades de cada menor permite adaptar las estrategias para favorecer su autonomía durante las comidas y en tareas como lavarse los dientes, las manos o la cara.
Las rutinas también acompañan en la edad adulta
El trabajo con personas adultas con autismo mantiene esa importancia de la organización y los apoyos adaptados. La jornada puede comenzar con acciones como desayunar, ducharse, hacer la cama y doblar el pijama, con diferentes niveles de ayuda según la autonomía de cada persona.
En el centro de día, las actividades incluyen talleres de manualidades, puzles y ejercicios de estimulación cognitiva. También se organizan propuestas fuera de las instalaciones, como piscina climatizada durante el invierno, gimnasia con fisioterapeutas, talleres de cocina y excursiones.
Los cambios de estación sirven, además, para realizar trabajos creativos, como murales de otoño o figuras decorativas de invierno.
Tras la comida, el aseo y un rato de descanso, algunos usuarios continúan la jornada con el servicio de ocio, habitualmente entre las 17:00 y las 19:00 horas.
La programación puede incluir piscina, gimnasia, películas o salidas para tomar un pincho. También se organizan visitas al circo y paseos por el recinto ferial para disfrutar de unas patatas o unos churros.
Anticipar cada actividad para evitar el agobio
Antes de las salidas, los profesionales preparan agendas visuales adaptadas a cada plan. Si la actividad consiste en acudir al circo, por ejemplo, los pictogramas pueden mostrar los diferentes pasos: coger la furgoneta, llegar al espectáculo, tomar algo y regresar a casa.
Esta anticipación permite conocer qué va a suceder y reduce la incertidumbre ante los cambios de entorno. El objetivo es facilitar la participación y prevenir situaciones de frustración o agobio.
La misma filosofía está presente en el acompañamiento a los menores: establecer una estructura comprensible ayuda a afrontar las actividades cotidianas con mayor seguridad.
Pequeños avances hacia una mayor independencia
Vestirse sin ayuda, completar una tarea de higiene, seguir una agenda visual o disfrutar de una excursión son ejemplos de cómo las actividades cotidianas pueden convertirse en oportunidades para desarrollar autonomía.
El trabajo de los profesionales consiste en adaptar los apoyos a las necesidades de cada persona, respetando sus capacidades y facilitando su participación tanto en las tareas diarias como en las actividades educativas y de ocio.
Porque detrás de cada pictograma, cada rutina y cada salida hay un objetivo compartido: que las personas con autismo puedan desenvolverse en su día a día con la mayor autonomía posible.



