"Cada vez más niños, niñas y adolescentes presentan sufrimiento emocional, dificultades para gestionar lo que les ocurre o situaciones que afectan a su bienestar". Así lo expone María Hernández Blázquez, psicóloga perteneciente a la Asociación Salud Mental Salamanca-AFEMC, quien asegura que, en ocasiones, las personas adultas tienden a minimizar lo que sienten los menores pensando que son “demasiado pequeños para preocuparse por determinadas cosas”. Alegando a esta situación, manifiesta lo esencial de atender la salud mental de la sociedad infanto-juvenil: “El malestar emocional no entiende de edades”.
Ahondando en datos numéricos, la Organización Mundial de la Salud confirma que aproximadamente entre el 10% y el 20% de esta población a nivel mundial padece algún tipo de trastorno mental. “Lo que para una persona adulta puede parecer algo insignificante, para alguien más joven puede convertirse en una fuente de sufrimiento muy importante”, explica Hernández, argumentando así lo fundamental de “tomar en serio lo que sienten, escuchar sin juzgar y ofrecer espacios seguros donde puedan expresarse”.
A parte de las propias afecciones sufridas por este colectivo, se demuestra que, a veces, las enfermedades mentales de adultos se empiezan a percibir en una edad más temprana. En concreto, el 50% de las personas que padecen en la actualidad una enfermedad mental comenzaron a manifestar síntomas antes de los 14 años y más de un 70% antes de los 18 años. En base a estos datos, María Hernández expone una idea que hace reflexionar: “Escuchar a tiempo puede cambiar muchas historias”.
La actualidad de la salud mental infanto-juvenil: Cambios y desafíos
Más allá de los números, Hernández asegura que la población infanto-juvenil en la actualidad se enfrenta a desafíos muy diferentes a los de generaciones anteriores. Estos cambios se sostienen, fundamentalmente, en el entorno digital y las redes sociales: “Las tecnologías y la exposición constante a contenidos digitales provocan una gran presión por la imagen y la validación inmediata”.
En este sentido, desde la Asociación Salud Mental Salamanca- AFEMC observan también una mayor sensación de soledad, más dificultades para tolerar la frustración, más presión por el rendimiento académico y una necesidad creciente de acompañamiento emocional.
En definitiva, aunque aseguran que cada vez hay una mayor consciencia sobre salud mental, existe un aumento del malestar emocional: “Muchos niños, niñas y adolescentes viven en un contexto marcado por la inmediatez, la hiperconexión y una gran exposición a estímulos, exigencias y comparaciones constantes”. Por ello, ven hoy más necesario que nunca promover proyectos para que los menores aprendan a cuidar su bienestar emocional.
Un espacio donde pueden sentirse "escuchados, comprendidos y acompañados"
Estas referencias incitan a profundizar en torno a una cuestión: ¿Existen proyectos en Salamanca que cuiden la salud mental de los menores del territorio charro? En este ámbito, entra en juego la ya mencionada Salud Mental Salamanca-AFEMC, una asociación sin ánimo de lucro que trabaja para acompañar a las personas con problemas de salud mental y a sus familias, promoviendo su bienestar, su inclusión y el ejercicio pleno de sus derechos. Así, entre los 11 programas que ofrece, llama la atención una sección destinada a la atención de personas entre 0 y 18 años: El Programa Integral de Salud Mental Infanto-Juvenil.
Este programa se basa en una idea sencilla pero esencial: el malestar emocional de la infancia y la adolescencia merece ser escuchado, comprendido y atendido. En palabras de María Hernández, la importancia de este seguimiento recae en que los menores, habitualmente, expresan su malestar a través de cambios en su comportamiento en lugar de pedir ayuda expresamente: “Por eso es fundamental mirar más allá de la conducta y preguntarnos qué les está pasando. Cuando escuchamos a tiempo, acompañamos mejor”.
Para esto, la asociación ve importante fortalecer las acciones de prevención y promoción de la salud mental; acercar los recursos a más personas, especialmente en el medio rural; y seguir impulsando la colaboración entre familias, centros educativos, recursos sanitarios y entidades sociales. Persiguiendo estas metas, desde Salud Mental Salamanca crean un espacio donde niños, niñas y adolescentes pueden “sentirse escuchados, comprendidos y acompañados”.

Un programa basado en intervención, información y asesoramiento
En cuanto a las metodologías concretas del 'Programa Integral de Salud Mental Infanto-Juvenil', estas tratan varias líneas de actuación. Por un lado, se llevan a cabo actividades con los propios menores, que incluyen tareas de acompañamiento psicológico individual y espacios grupales para adolescentes y jóvenes.
Además de intervenir cuando existe una dificultad, este programa también entiende la importancia de promover herramientas y factores de protección que ayuden a niños, niñas y adolescentes a afrontar los retos de la vida cotidiana. En este sentido, Salud Mental Salamanca proporciona orientación y apoyo a familias; talleres de promoción del bienestar emocional; actividades de prevención y sensibilización en centros educativos; formación dirigida a profesorado y otros profesionales; y elaboración de materiales psicoeducativos y actividades comunitarias.
Para acercar estas iniciativas a la población y facilitar que las familias puedan acceder a ellas, desde esta asociación se trabaja de manera coordinada con centros educativos, entidades sociales, instituciones sanitarias y otros recursos comunitarios.
Con esta serie de iniciativas, el 'Programa Integral de Salud Mental Infanto-Juvenil' demuestra la importancia que le da al gran papel que juegan los diferentes actores dentro del sistema educativo en el desarrollo personal de los menores: “Por ello, ofrecemos asesoramiento a profesores, familias y alumnos en torno a la salud mental y, sobre todo, a los habituales signos de alarma, promoviendo así la detección precoz de cualquier afección”.
La atención a la salud mental de los menores: "Una inversión en bienestar presente y futuro"
‘La depresión infantil. Repercusiones en el ámbito educativo y socioemocional’. Bajo este título se expone el Trabajo de Fin de Grado de Paula San Casto, graduada en Pedagogía por la Universidad de Salamanca y estudiante de Educación Primaria por la UPSA. Tras el proceso de investigación y documentación llevado a cabo para este proyecto, la salmantina coincide con María Hernández en la consolidación del entorno educativo como "un espacio donde se pueden percibir ciertas manifestaciones que no son evidentes en otros entornos ”.
Por ejemplo, entre estas características se encuentra, en general, un nivel bajo de desempeño académico, añadiendo las ya citadas complicaciones en las relaciones sociales, además de deficiencias en la lectura y en la escritura. “Por todo esto, la figura del docente y la calidad que tiene esta relación interpersonal es muy importante para poder identificar o para poder intervenir adecuadamente”, concluye San Casto.
San Casto, además, añade que los niños que sufren, en concreto, depresión infantil, suelen tener mayores dificultades para expresar sus sentimientos: “Estos menores suelen volcarse en la tristeza, presentando llantos persistentes e irritabilidad”, apunta, añadiendo que es muy frecuente observar cierta agresividad y, sobre todo, una gran tendencia al aislamiento. “Esto provoca una sensación de apatía, perdiendo así el interés y la motivación por ciertas actividades que antes disfrutaban”.
Así, los docentes, las familias y los proyectos como el ya conocido 'Programa Integral de Salud Mental Infanto-Juvenil', deben trabajar unidos, tal y como recomienda e insta María Hernández, para, en vez de alamar, acompañar el malestar y prevenir situaciones más complejas en el futuro: “Atender la salud mental de la infancia y la adolescencia es una inversión en bienestar presente y también en bienestar futuro”.




