A Sasha Álvarez Laso todavía le quedan muchos parques, tardes de juegos y deberes por delante. Tiene 10 años. Pero cuando se coloca detrás de la valla de salida y escucha que comienza una carrera de BMX, todo cambia.
Los nervios aparecen, la mirada se fija en la pista y la bicicleta se convierte en la otra gran protagonista. En apenas unos segundos hay que reaccionar, acelerar, superar obstáculos y tratar de llegar primero a la meta.
Lo que comenzó como una afición cuando apenas tenía seis años se ha convertido, cuatro años después, en una de las historias más prometedoras del BMX Racing español. Sasha es subcampeón del mundo, subcampeón de Europa y líder de la Copa de Europa en 2026. Y todo ello después de empezar a competir hace apenas dos temporadas.
En su casa, sin embargo, todavía cuesta asimilarlo "no pensábamos que iba a conseguirlo", reconocen sus padres, Laura y Marino.
Sasha tenía casi seis años cuando comenzó a montar en bicicleta en Carbajosa de la Sagrada. Lo que parecía una actividad más pronto se convirtió en algo diferente.
Le gustaba la velocidad, los saltos y, sobre todo, la sensación de colocarse en la valla junto a otros corredores y salir disparado cuando comenzaba la carrera.
Sus padres decidieron llevarlo unos meses después al circuito de BMX de Madrid. Allí terminaron de comprobar que aquello no era simplemente un entretenimiento pasajero "le gustó muchísimo", cuentan.
Sasha quería más. Y empezó a entrenar.
La familia no imaginaba entonces hasta dónde podía llegar. En 2024 comenzó su preparación específica y en 2025 ya terminó sexto del mundo. Un resultado que sorprendió incluso a sus propios padres. "Yo estaba en Copenhague y no me lo creía", recuerda Marino.
Entrenar sin tener una pista en Salamanca
Detrás de los podios hay una rutina que no siempre se ve.
Sasha entrena físicamente dos o tres días a la semana en un centro en Carbajosa de la Sagrada con su entrenador Álvaro y completa el trabajo con su padre. Entre semana, cuando está en Salamanca, aprovechan el carril bici para realizar series y ejercicios físicos.
El problema llega cuando toca trabajar la técnica. Salamanca no dispone de una pista de BMX Racing donde pueda entrenar con regularidad, por lo que la familia tiene que desplazarse los fines de semana a Madrid o Portugal, los lugares más cercanos donde Sasha puede practicar sobre un circuito.
Es una dificultad añadida frente a otros pilotos que tienen una pista cerca de casa y pueden entrenar los obstáculos de forma habitual.
Y los viajes no son precisamente baratos. La familia se organiza para poder acompañarle a las carreras, adaptando vacaciones y horarios de trabajo y compaginando todo ello con la vida del resto de la familia.
"Es un esfuerzo", reconocen sus padres, especialmente en el aspecto económico. Pero hay algo que hace que todo merezca la pena y es que Sasha disfruta con este deporte.
"Si un día no vamos, lo echa de menos", cuentan entre risas.
Colegio, deberes y bicicleta
Su vida sigue teniendo mucho de niño de 10 años.
Va al colegio, hace sus deberes, juega en el parque y queda con sus amigos. La diferencia es que también tiene que hacer hueco a los entrenamientos y a los viajes.
Cuando compite fuera, los profesores le facilitan las tareas para que pueda continuar con sus estudios.
Y Sasha parece haber encontrado una fórmula para organizarse.
Sus padres destacan especialmente su disciplina. Cuando llega del colegio sabe que tiene que hacer los deberes y después entrenar. Aprovecha el tiempo porque sabe que dispone de menos horas. "Es muy disciplinado", explican.
Pero si hay algo que define al pequeño es que no necesita que nadie le obligue a entrenar. Le gusta.
"Si pierdo, tenemos que entrenar esto"
Hay otra característica que le ha ayudado a crecer rápidamente y es su carácter competitivo.
Sasha quiere ganar. En las carreras, en los juegos e incluso en el parque.
Cuando gana, disfruta. Cuando pierde, se enfada durante un rato. Pero pronto empieza a pensar en otra cosa: cómo mejorar.

Sus padres cuentan que muchas veces, nada más terminar una carrera, ya está analizando qué ha hecho mal. "Tenemos que entrenar esto", suele decir.
Ese espíritu le ha acompañado durante una temporada 2026 que difícilmente olvidará.
Un Mundial que parecía imposible
El gran momento llegó en el Campeonato del Mundo, y es que, Sasha afrontaba una pista complicada y con una desventaja importante, apenas había podido entrenar allí. Mientras otros rivales acumulaban varias jornadas y vueltas de preparación, él tuvo muy poco tiempo para conocer el circuito.
Aun así, consiguió meterse en la final. Y allí llegó la sorpresa. Sasha terminó segundo del mundo.
"El Mundial fue el más especial", reconocen sus padres. Su objetivo inicial era intentar entrar entre los ocho mejores. El podio ya parecía un sueño.
Pero el pequeño piloto salmantino fue superando rondas hasta plantarse en la final y conseguir una medalla que su familia todavía recuerda con incredulidad.
Además, durante la temporada también se proclamó subcampeón de Europa y se colocó líder de la Copa de Europa, confirmando que lo ocurrido en el Mundial no fue casualidad.
Su sueño: los Juegos Olímpicos
Sasha tiene claro lo que quiere. Cuando le preguntan por su gran objetivo en el BMX, no duda: "Llegar a las Olimpiadas".
Todavía queda muchísimo camino por recorrer, pero sus padres prefieren ir paso a paso. Ahora toca terminar la temporada, seguir entrenando y preparar los próximos compromisos.
El niño detrás del campeón
Fuera de la pista, Sasha es otra cosa. Sus padres lo describen como un niño alegre, dinámico, cariñoso, noble y muy fiel a sus amigos. Tiene energía de sobra y, aunque es competitivo, aseguran que nunca ha perdido la humildad pese a los resultados que está consiguiendo.
A él no parece preocuparle demasiado todo eso de ser subcampeón del mundo.
Cuando se le pregunta qué le gusta hacer cuando no está entrenando, responde como cualquier niño de su edad: jugar, estar con sus amigos, montar en bicicleta o echar un rato con la peonza.
Y cuando se le pregunta qué recuerdo quiere conservar cuando sea mayor, tampoco habla de trofeos ni de rankings. Tiene una respuesta muy sencilla y es: "Cuando quedé segundo en el mundo".



