El universo de Amador Hernández es de madera, tintes, talla y forja. Su mundo está lleno de creatividad y trabajo diario en una afición que se ha convertido en un modo de vida. En su taller, este vecino del pequeño pueblo de Casas del Conde, frutero de profesión, pasa horas y horas dando forma a la madera, cepillando cada tablón, tallando a mano cada dibujo y cada surco, creando nuevas figuras aunque parezca imposible que pueda seguir haciendo cosas diferentes cuando uno ve su prolífica obra.

Su casa es literalmente un gran museo de todo lo que sus manos han creado a lo largo de toda su vida. Nada más entrar uno no puede dejar de mirar el techo. La planta baja de su vivienda está llena de cucharas y utensilios de cocina que cuelgan del techo y de numerosas estanterías colocadas en cada hueco. No hay un sitio libre y asegura que tiene más de 10.000 cucharas, todas hechas por él. Pero no son solo cucharas, también hay palas de madera, rodillos de marcar pan o galletas, mazos, espátulas… algunas de ellas son tan originales en el mango o la decoración que daría pena utilizarlas para algo tan común como cocinar. Todas ellas están hechas con diversos tipos de madera, dependiendo de lo que Amador consigue en cada momento y, aunque parece increíble, no las vende. “No, no están a la venta, las hago para mí, nunca me he planteado venderlas”, afirma. Y así lleva años ya que desde pequeño se interesó por el arte. Asegura que cada día dedica todo su tiempo libre a su trabajo en el taller, sin faltar uno.
Hace algún tiempo dejó de hacer cucharas y se interesó más por otro tipo de piezas decorativas. Su casa está llena de piezas como cabeceros de cama llenos de grabados al estilo del bordado serrano de su tierra. También destacan las numerosas cajas de madera que guarda y para las que apenas ya le queda hueco. Todas ellas labradas con gran maestría y de diversos tamaños que decoran las paredes de las habitaciones. Pero es que esto no es todo, ya que el mismo ha construido cada uno de los muebles de su vivienda. Mesas, sillas, estanterías, armarios, muebles de salón, lámparas, … todo está hecho por él, incluso las tallas de santos que decoran buena parte de las paredes.

También merece especial atención uno de sus últimos proyectos que le permite transformar troncos en obras de arte labradas. Para ello “aprovecho la forma que tienen los troncos y los voy decorando”, por eso cada uno es único y diferente a los demás. Amador talla figuras geométricas, figuras típicas del bordado e incluso caras. De hecho, tiene numerosas tallas religiosas que después colorea con tintes para madera.
Aunque Amador no vende sus piezas a veces acepta algún encargo. De hecho, son suyas unas tallas que están situadas en la ruta senderista de El Bosque de los Espejos. A la pregunta de si se ha planteado abrir algún día un museo Amador se encoje de hombros, aunque reconoce que le gustaría que todo lo que ha salido de sus manos tuviera un lugar donde poder ser disfrutado. De momento, el abre su casa a todo el que quiera ver todo el arte que crean sus manos maestras y artesanas, esas que plasman el saber y el estilo de toda la Sierra de Francia en una talla de madera.





