Con la llegada del verano aumenta el tiempo que pasamos al aire libre y, con ello, la exposición a la radiación solar. Aunque el sol aporta beneficios, una exposición excesiva o inadecuada puede provocar quemaduras, manchas, envejecimiento prematuro y aumentar el riesgo de cáncer de piel.
Los farmacéuticos salmantinos recuerdan que una buena fotoprotección debe adaptarse a cada persona y a cada situación.
La primera medida es evitar las exposiciones prolongadas y las horas centrales del día, especialmente entre las 12:00 y las 16:00 horas. También conviene buscar la sombra y utilizar ropa protectora, gorra o sombrero y gafas de sol homologadas.
El fotoprotector debe ser de amplio espectro y adecuado al tipo de piel, la edad y la actividad que se vaya a realizar. Es importante aplicarlo en cantidad suficiente, renovarlo cada dos horas y repetir la aplicación después del baño, de una sudoración intensa o de secarse con la toalla. También debe utilizarse en días nublados.
Cada entorno requiere una protección diferente.
En la playa y la piscina, el reflejo de la radiación solar sobre el agua y la arena incrementa la exposición. Por ello, se recomienda utilizar fotoprotectores resistentes al agua y reaplicarlos después de cada baño.
En la montaña, la radiación aumenta con la altitud. Se aconseja utilizar un factor de protección elevado y prestar especial atención a nariz, orejas y labios.
Durante la práctica deportiva, el sudor y el roce pueden reducir la eficacia del fotoprotector.
En la ciudad, su uso diario ayuda a prevenir las manchas y el fotoenvejecimiento. Quienes trabajan al aire libre deben reforzar, además, la protección mediante ropa, gorra y descansos a la sombra.
Especial atención a niños, mayores y personas medicadas.
Los menores de seis meses no deben exponerse directamente al sol. En los niños mayores deben utilizarse productos adecuados a su edad y priorizarse las medidas físicas de protección.
Las personas mayores, las embarazadas, quienes presentan tendencia a las manchas o alopecia y quienes toman determinados medicamentos pueden necesitar precauciones específicas.
Algunos antibióticos, antiinflamatorios, diuréticos, antihipertensivos o tratamientos para el acné, entre otros, pueden aumentar la sensibilidad de la piel al sol.
No deben suspenderse los tratamientos, pero sí consultar con el farmacéutico para conocer las medidas de protección más adecuadas.

Revisar el fotoprotector.
Antes de utilizarlo, conviene comprobar su periodo de validez tras la apertura. No debe dejarse al sol ni dentro del coche, ya que las altas temperaturas pueden alterar el producto. Además, las cremas autobronceadoras aportan color, pero no protegen frente a la radiación solar.
Ante la aparición o evolución de lunares, manchas o lesiones sospechosas, debe consultarse con el médico o dermatólogo.
Desde el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Salamanca se recuerda que la farmacia comunitaria es un punto sanitario cercano para resolver dudas y personalizar la fotoprotección de forma eficaz y segura.
Este verano, disfruta, descansa y cuida tu salud.
Tus farmacéuticos, siempre cerca de ti.



