Primeros días del mes de septiembre en Salamanca, aprieta el calor como en pleno mes de julio. La Glorieta se está poniendo coqueta para volver a abrir las puertas de su templo al arte del toreo y también a la afición que recorre cientos e incluso miles de kilómetros para ver a sus ídolos.
Los niños y los adolescentes vuelven a mirar con respeto y con admiración a los toreros como sucedía en la época de Juan Belmonte o Joselito ‘El Gallo’. Morante de la Puebla en la actualidad está siendo clave.
Era el 3 de septiembre y estábamos sentados frente a la plaza de toros. Varios aficionados se acercan a pedir autógrafos y fotos a Ismael Martín que se confiesa, en su entrevista más personal, ante La Glorieta. La mira y dice: “Me da felicidad”.
El torero de Zúrich es el único matador banderillero de Salamanca, que aprendió de forma autodidacta. La afición charra fue la primera en ver sus pasos cuando tenía solo 11 años y fue motivado por sus profesores de la Escuela a poner un par con dos estaquilladores. Desde entonces no ha parado de poner en práctica esta suerte que ya lo identifica en los carteles y que lo pronostica como el próximo banderillero de "oro".
Ismael Martín es un joven de 23 años, aficionado a caminar y a jugar golf, en su tiempo libre. Le gusta estar delante de la cara del toro, su sitio de confort, donde se siente pleno y sale su verdadera personalidad.
Como profesional es muy crítico y no le gusta que le “bailen el agua”.
Por sus paisanos, que lo llevan arropando desde sus inicios, da siempre el 200 por 100. Por eso, si todo sale según lo previsto, este 20 de septiembre de 2026 sorprenderá con suertes del toreo antiguo, que hasta ahora no ha puesto en práctica en ninguna otra plaza. Todo, en señal de agradecimiento al cariño de una afición que, para él, se lo merece todo.
PREGUNTA. Lo primero de todo, ¿qué siente Ismael Martín en estos momentos; lo que está viviendo supera lo que un día soñó de niño?
RESPUESTA. La verdad es que sí e incluso más. En muchas ocasiones no me imaginaba torear, por ejemplo, en Madrid después de todo lo que he pasado hasta llegar a este punto. Muchas veces te sientes como en una nube, aunque el toro rápido te hace bajar otra vez y te pone los pies en la tierra, pero es bonito sentirse alguna vez que otra en una nube, sobre todo es satisfactorio en momentos en los que a lo mejor uno no se encuentra tan bien personalmente.
P. El sueño de estar acartelado en La Glorieta ya está cumplido. Se presentó como novillero y en los tres años que lleva de alternativa se ha visto anunciado en todas las ferias.
R. Sí, en Salamanca desde que empecé siempre ha habido un binomio perfecto con Ismael Martín y es de agradecer. La afición de Salamanca me ha tratado con un cariño especial todos los años que he pisado el ruedo, aunque también es verdad que vengo a entregarme con esta plaza al 200 por 100. Siempre que salgo de aquí no me dejo nada; me voy vacío al hotel y eso es lo que de verdad me llena: ver cómo la gente se entrega con mi toreo.
P. En la entrevista de hace un año me decía que tenía varias espinitas clavadas. Una era que el público no viera que estaba puesto por casualidad en ferias como esta. El año pasado recogió cuatro galardones por su triunfal paso por La Glorieta. Estar de vuelta ya no es casualidad.
R. Este año ya gracias a Dios no. Es como recoger el triunfo o recogerlo cosechado. Es muy satisfactorio también porque, al fin y al cabo, recoger lo que uno labra a base de triunfos es bonito. Nadie me ha regalado nada en esto gracias a Dios y lo agradezco, porque creo que es más gratificante para mí. Verme anunciado en un cartel con Morante y Julio Norte es muy bonito. Para mí es un cartel perfecto para Salamanca porque a Morante la afición de aquí le tiene un gran cariño y Julio viene arreando muy fuerte. Es un cartel que la afición no debe perderse.
Tengo unas pocas cosas guardadas en la retaguardia que aún no he hecho en ninguna plaza, y quiero hacer por primera vez en Salamanca.
P. Salamanca e Ismael Martín ya van de la mano. Está construyendo una historia muy bonita en esta plaza y con esta afición, pero ahora, ¿qué queda por descubrir?
R. Prácticamente todo; siempre me gusta dejar algo guardado. Aunque doy el 200 por 100 en la plaza, en el invierno intento evolucionar para seguir sacando cosas nuevas, y este año tengo unas pocas de ellas guardadas en la retaguardia que aún no he hecho en ninguna plaza y que quiero hacer por primera vez en Salamanca. Habrá variedad con el capote, cosas nuevas con las banderillas… Intentaré que sea una tarde muy especial y ojalá que me salgan las cosas o que medio me embistan los toros para que pueda realizar todo esto que tengo guardado.

P. Delante del toro Ismael Martín parece imparable. Ni el tormentón de hace un año le arrebata ya el triunfo...
R. El año pasado la tarde iba fenomenal, aunque es verdad que no fue la mejor para el cartel en sí porque hizo muchísimo aire, sobre todo en dos toros, en los del maestro Morante de la Puebla. Luego en mi segundo toro empezó a llover y en el de Marco, en el último, cayó el diluvio universal. Solo quiero agradecer al aficionado simplemente, porque aguantar lo que aguantó en esa tarde fue de tener una afición terrible y por eso pudimos salir a hombros Marco y yo.
Me siento seguro delante de la cara del toro porque me veo fuerte físicamente.
P. Se nota que disfruta muchísimo delante de un toro bravo. Se le ve feliz, sonriente, sin malos gestos y eso llega arriba al tendido. ¿Es de los que piensa que creer en uno mismo es ya una partida ganada?
R. Sí, totalmente. Creer en uno mismo, sentirse seguro, es llevar más de la mitad del trabajo hecho. Yo me preparo mucho físicamente porque me da esa seguridad que luego en la plaza se ve. Me siento seguro delante de la cara del toro precisamente porque me veo fuerte físicamente, preparado, y esa seguridad es la que intento transmitir en la plaza. Intento también buscar esa frescura, estar alegre delante de la cara del toro, ya que no tengo ese sufrimiento de que lo estoy pasando mal. Hay toros con los que lo pasas mejor o peor, depende de cómo salga, pero diariamente no sufro delante de la cara del toro. Me gusta estar delante porque es donde realmente sale mi personalidad. Fuera de la plaza puedo ser una persona alegre, humilde, sencilla, pero donde me siento verdaderamente yo es ante este animal.

P. A los toreros se les juzga mucho por cómo son en el ruedo, lo que expresan, cómo se comportan etc.: ¿Cómo gestiona lo que vive ahí cuando el público es tan duro?
R. A mí ahora, gracias a Dios, me están juzgando, pero no muy duro y eso me alegra porque en el ruedo están pasando cosas buenas y muy bonitas. Al fin y al cabo, el sentirte tú más torero o menos también lo lleva uno dentro, muchas veces toca un poquito engañarse a uno mismo y volver a la realidad. Hay toros que no embisten y tienes que hacerlos embestir. Yo llevo una racha que no me embisten mucho y moralmente también te vienes un poquito porque necesitas una motivación. En mi caso intento buscarla en el entrenamiento, ya que en la plaza no salen las cosas como uno quiere. Está habiendo triunfos, pero no siento que estén saliendo como yo quiero, entonces intento buscar eso en el entrenamiento día tras día y esperar con ansia que llegue el toro que embista para aprovecharlo y que no sea un triunfo más, sino que de verdad me sienta realizado con lo que estoy haciendo en la plaza.
Caminar es una de mis grandes aficiones y sobre todo hacerlo con mi cuadrilla.
P. A Ismael Martín, el torero, la gente ya lo está conociendo, pero ¿cómo es el hombre que hay detrás? ¿Qué le apasiona cuando no está el de los rizos de por medio?
R. Intento hacer de todo. No parar me encanta, el no estar en casa, más aún. Ahora me he aficionado muchísimo al golf, intento jugar al frontón también y pasear. Caminar es una de mis grandes aficiones y sobre todo hacerlo con mi cuadrilla, con mi banderillero Isidoro o con Ángel Rivas, que, aunque ya no está ahora en mi cuadrilla, siempre lo tengo como un gran amigo y es un pedazo de profesional. Intento pasear muchísimo y hablar de toros, que al fin y al cabo es lo que nos une y lo que día a día vivimos.
P. El golf es un punto en común que tienen muchos toreros: ¿Les hace desarrollar alguna táctica para estar delante de la cara del animal?
R. Todo lo contrario. Es cierto que si lo haces pensando en el toro sirve para coger cintura porque necesitas mucha flexibilidad para girar, para dar un golpe del drive, por ejemplo, que es un palo que se usa en el golf. Necesitas mucha cintura para jugar y también coger ritmo en los movimientos que es lo que hace que la bola salga más fuerte. Pensándolo así, lo trasladas un poco al toro. Sobre todo, lo que veo es que te hace estar tan sumamente concentrado que te olvidas de todo. Te separas del toro también y desconectas, que al fin y al cabo es lo que muchas veces necesitamos los toreros: desconectar de estar todo el día pensando en este animal.
P. Cuando uno empieza en esta profesión hay muchas ilusiones, pero también se cruzan, como es lógico, muchos miedos, sobre todo cuando las cosas no están saliendo como uno quiere. ¿Cómo convive Ismael Martín con el miedo en sus diferentes versiones?
R. Intento estar muy entretenido para no darle muchas vueltas a la cabeza. Como te decía antes estar entrenando día tras día, sentirme fuerte físicamente; esa seguridad te hace olvidarte un poco del miedo. Psicológicamente el miedo lo dejo un poco apartado, sigue estando en la cabeza, lógicamente, pero lo dejo un poquito apartado. Intento ir por instinto. Mismamente cuando voy a la plaza, lo que hago es puramente instinto: tengo todo entrenado, pero no voy con una faena mecanizada desde casa.
La única cornada que tengo es sin caballos y fue entrando a matar y no me ha dejado secuelas porque si no, no hubiera matado ni un toro en mi vida.
P. La mayoría de los miedos son sobre todo mentales, que a veces vienen arrastrados por los físicos (percances, cicatrices etc.): ¿Tiene alguno que le haya costado superar?
R. Gracias a Dios no. La única cornada que tengo es sin caballos y fue entrando a matar y no me ha dejado secuelas porque si no, no hubiera matado ni un toro en mi vida [risas]. Otra cosa de las que me está pasando ahora que digo de entrar a matar es que este año estoy siendo un poquito menos regular con la espada. Ahora he vuelto a conseguir otra vez entrar en esa sintonía que era yo con la espada y volver al sitio que tenía cogido. No sé muy bien, a lo mejor por buscar más el detalle y rebuscarme en mí, he movido cosas este año que no tenía que haber movido, pero ahora estoy contento porque he vuelto a encontrarme con la espada y estoy feliz.

P. Saber reconocer el fallo es primordial, sobre todo porque sirve para ganar pureza a la hora de expresar.
R. Sí, sobre todo a no engañarse uno mismo. A mí me cuesta mucho que la gente me dé coba. No me gusta. De hecho, a mi alrededor se lo digo. Uno sabe perfectamente en el ruedo, nada más terminar, cómo ha estado, si bien o mal. Por eso, ser sincero con uno mismo hace, lo que tú decías, que en la plaza seas todavía más sincero y más puro.
P. ¿Cómo está siendo la temporada 2026 y qué faenas le están aportando más?
R. Este año me han marcado varias. Madrid es la que más. Ser 'Torero revelación' en San Isidro y lograr que Madrid se entregue contigo es de las cosas más bonitas que he vivido en el toreo a día de hoy, incluyendo las dos tardes que llevo en Salamanca de matador de toros. Es de las cosas que no se me olvidarán en la vida, aunque es una pena haber pinchado ese toro, pero creo que el triunfo me ha servido lo mismo cortando la oreja que no. Es una de las faenas que me quedaré en el recuerdo siempre.
Luego ha habido faenas como la de Mimizan, que pude cuajar uno de los toros de mi vida de la ganadería francesa de Pagès-Maihan. Pude torearlo a placer, abandonarme y esta temporada me quedo con esa faena. Con reses de San Sebastián, en la plaza francesa de Châteaurenard, también me salió un toro que pude disfrutarlo mucho porque además también llevaba una rachilla en julio, que no me encontraba con los toros y tampoco me estaban ayudando mucho. De repente, llegó ese toro que me ayudó un montón; pude cortarle tres orejas a la corrida y salir triunfador de esa tarde. En Zamora le corté tres orejas a una corrida de Castillejo de Huebra, que fue extraordinaria, y otra de la misma ganadería en Arenas de San Pedro. Fue un toro especial porque con la mano izquierda ha podido ser de los que mejor he toreado, vertical, recto y con el trazo largo, que es lo que busco, hondar cada día más en la pureza del toreo y que salga lo que entrenas.

P. Menciona a Castillejo de Huebra, ¿es su ganadería talismán?
R. Este año Castillejo de Huebra, sin duda. Las dos corridas de toros que he toreado suyas me han embestido tres toros muy bien y le he podido cortar las orejas, que para mí también es fundamental el puntuar día tras día. Sobre todo, me he podido sentir realizado, que es lo que hablábamos antes, y sentirme torero porque he podido cuajar dos faenas, sobre todo al segundo toro de Zamora y al segundo de Arenas de San Pedro, que fueron toros extraordinarios.
El empresario Tito Fernández lo está haciendo perfecto. Está haciendo corridas de toros serias, que es lo que necesita el país del Perú: seriedad en el festejo.
P. Esta temporada ha vuelto a América, ¿qué lugares ha visitado este año y con qué vivencias nuevas regresa?
R. Este año he estado en Perú y en Ecuador a principio de año y como siempre estoy eternamente agradecido al país del Perú porque me abrió las puertas apenas sin conocerme y creo que he podido llegar casi a torear una veintena de corridas de toros, entre el año pasado y este.
Perú me sirve para no estar parado, para seguir pensando en el toro y para seguir matando corridas de toros. Aunque allí el toro sea algo distinto al de aquí, porque el tema de las alturas en las provincias de Perú hace que el toro dure menos y las faenas sean más cortas, me sirve para trasladárselo a las faenas de España, para no alargar mucho, para no ser pesado y transmitir lo poco que tengan los toros en faenas cortas, pero muy intensas.
El toro de allí por desgracia es más pequeño porque se dan muchísimas corridas y no hay toros suficientes en el país para abastecer todos los festejos. Y por ese mismo sistema hay que reducir el tamaño del toro. Hay en sitios que crece más el tamaño del toro como en Chota y en Lima, que es una plaza de primera, lógicamente, pero también el empresario Tito Fernández que lo está haciendo perfecto. Está llevando prácticamente toros de España y está haciendo corridas de toros serias, que es lo que necesita el país del Perú: seriedad en el festejo.

P. Por lo que me cuenta y el sistema que allí hay implantado, ¿sería bueno que algunas empresas de España copien un poco?
R. Sí, a lo mejor al empresario Tito Fernández. En muchas de las cosas sería bueno intentar copiarlo porque él lo que busca es que el aficionado disfrute, que tenga lo mejor. Se preocupa muchísimo por el toro, también por llevar un sentido en los carteles. Es un loco, un aficionado terrible. Él también se pone delante, entonces también sabe cómo más o menos sale esto. Es lo bonito que, en sus propias carnes, también sepan cómo se vive desde dentro.
El maestro Morante de la Puebla es un pedazo de persona y de figura del toreo. Ha hecho lo que ha querido con Salamanca.
P. Regresando a su presencia en Salamanca. Se rumorea que Morante ha querido que sea uno de sus compañeros de cartel, ¿qué hay de cierto?
R. Hay mucho de cierto. El maestro Morante de la Puebla es un pedazo de persona, pero sobre todo es un pedazo de maestro y de figura del toreo. Todo lo grande que es como torero, lo es también como persona. Fíjate cómo es de grande, que al final ha hecho lo que ha querido con Salamanca. Ha hecho un cartel, creo, que él lo que buscaba era torear con los dos toreros jóvenes de aquí de la tierra y enfrentarnos también un poquito entre nosotros, que es lo bonito, que la afición de Salamanca se divida, igual que el año pasado con Marco y que haya esa rivalidad entre nosotros.
Con el maestro creo que nadie compite porque él está en otra liga totalmente distinta a nosotros, pero es un lujo, tanto para Julio como para mí, estar acartelado a su lado. Aun siendo un torero de época, estaremos eternamente agradecidos porque, aunque Salamanca sea nuestra tierra, también nos cuesta entrar en ella y gracias a una figura del toreo como Morante, estamos anunciados aquí.

P. ¿Cómo es su relación con el maestro Morante? ¿Ha tenido la oportunidad de hablar con él?
R. La verdad es que no y siempre lo he intentado. Sé que él tiene muchas fechas y sabemos que él necesita su espacio también. No quiero ser una molestia, ni un estorbo, pero siempre que he coincidido con él como el año pasado o tengo la oportunidad de hacerle llegar un mensaje a través de su apoderado o de su veedor, intento transmitirle todo el agradecimiento por todo lo que ha hecho, por cómo me ha apoyado y me ha ayudado aquí en Salamanca. Desde el primer año que toreé de matador de toros fue él quien apoyó la opción de que entrara en ese cartel, por el jaleo que hubo con Juan Ortega, y fue él el que hizo fuerza para que Ismael Martín estuviera en la feria. El año pasado para que cogiera la sustitución del maestro Manzanares fue él también el que apoyó la causa. Y que este año quiera también estar anunciado conmigo y con mi compañero Julio Norte, me hace estar en una nube, pero de agradecimiento.
P. Es una suerte, sin duda, estar anunciado con Morante e Ismael Martín lo ha hecho ya en varias ocasiones: ¿Qué se siente cuándo uno tiene encima la mirada de uno de los grandes maestros del toreo?
R. Al principio presión, pero te diré que aquí entra también el maestro Fandi. Cuando le conté que estaba anunciado con Morante, porque él me quería en el cartel, enseguida me dijo: “Que no te amedrante, que no te coma la partida, que sabemos que es un figurón del toreo, pero tú vete a tu guerra, a tu lucha, a tu lío, que al fin y al cabo es lo que hace crecer a un torero, que cada uno vaya por su camino y no competir con el de al lado”. Y lo cierto es que hay que competir, pero no con Morante [risas].
En este caso, yo competiré en esa corrida con Julio Norte, que es el que está en la misma situación que yo, en buscarnos día tras día una fecha y que de esa salga otra. Lo bonito también es la competencia y es lo que me dijo el maestro El Fandi: “Tú disfruta de estar acartelado al lado suyo, que como persona es maravilloso, pero disfruta la tarde que él te va a apoyar. Te va a tratar con un cariño terrible”. Y, es cierto porque el año pasado lo demostró. De hecho, pude brindarle el primer toro a Morante y sentir ese cariño, las palabras de agradecimiento, que me dijo: “Muchas gracias por el brindis y no me des las gracias que el motivo de que estés aquí te lo has ganado tú”. Que me diga eso una figura del toreo es de agradecer porque, al fin y al cabo, aunque él esté en su mundo, creo que se entera de todo. Nos tiene controlados a todos y que un torero como Morante de la Puebla te tenga así, es un lujo.
Ahora mismo hay toreros jóvenes en Salamanca que están arreando muy fuerte para que la afición esté con cada cual.
P. Julio Norte es otro torero de la tierra, que tiene apenas un mes de alternativa, pero viene pisando muy fuerte. Los dos tienen en común esas inmensas ganas de dejar huella en el toreo. Todavía es pronto para hablar de una rivalidad como la de Julio Robles o El Capea, pero ¿puede que cada vez estemos más cerca?
R. Pensando en el aficionado, ojalá, pero es muy difícil llegar a esos niveles de esas figuras del toreo como en aquella época de Julio Robles y el maestro Capea. Es muy difícil, ojalá que pase y que haya esa rivalidad, porque ahora mismo hay toreros jóvenes en Salamanca que están arreando muy fuerte, como Marco Pérez, Julio Norte, Manuel Diosleguarde o yo, que me incluyo entre ellos. Hay una hornada ahora mismo que es para que la afición esté con cada cual. Da igual con quién de ellos vayan porque lo bonito es que entre nosotros haya esa competencia, esa rivalidad y que el aficionado también tenga esas discusiones. A mí me encanta que no me quiera ver todo el mundo, pero que tenga partidarios, que Julio igual, y que los míos no lo quieran ver a él. Lo verdaderamente bonito es juntarnos entre nosotros y en la plaza conseguir poner de acuerdo a todos.

P. En la plaza, rivalidad. Fuera de ella, ¿cómo es la relación con su compañero Julio Norte?
R. Coincidí con él en la Escuela y la verdad que me llevo genial fuera de la plaza con él. En el campo siempre que hemos coincidido, me parece un chaval encantador, un compañero que siempre está con una sonrisa en la boca y creo que en ciertos aspectos tenemos mucho en común. Ninguno buscamos ir a hacer daño fuera de la plaza, ni mucho menos, sino todo lo contrario, intentar llevarnos bien y disfrutar cuando coincidimos. La última vez que estuvimos en el campo, en lo de Angelito Casasola, con el maestro El Fandi, él y yo nos lo pasamos genial. Somos tres personajes peculiares y estaba allí también, Paco Tapia, tu padre, a caballo picando, y fue algo único [risas]. Fue una tarde que disfrutamos un montón.
P. Además de ser uno de los nombres que trasmite más frescura en los carteles de la feria, es el único banderillero… Esa conexión se palpa.
R. Sí, conmigo Salamanca siempre se ha volcado. Soy muy exigente y sé que a lo mejor no ha llegado ese tercio de banderillas rotundo. Sé que ha habido algún par que no ha estado arriba al 100 % y aun así la gente me ha apoyado muchísimo. Ese cariño es también lo que intento devolverle a Salamanca con esa entrega que hablábamos al principio. No recuerdo a ningún torero banderillero que haya salido de Salamanca, que haya nacido aquí en Salamanca. Y creo que a la afición salmantina también le gustan los toreros banderilleros. Siempre que he salido a poner banderillas (que creo que no he fallado ningún día aquí en Salamanca); desde el minuto uno, con apenas 11 años, que me hicieron poner banderillas mis profesores con dos estaquilladores, no he dejado de poner banderillas y la gente conmigo se ha volcado en ese tercio. Intento dar esa espectacularidad sin olvidarme de la pureza.
P. En su tierra es el único matador banderillero y el más variado que hay ahora mismo con el capote: ¿Está en proceso o tiene en mente la creación de un pase propio o una suerte para el tercio de banderillas que lleve su firma?
R. De momento no, pero sí tengo pensado de aquí a un futuro seguir inventando, dependiendo del momento en el que me encuentre. Lo que sí quiero que se vea es que he aumentado mi tauromaquia en hacer nuevos quites que ya están creados, pero que apenas se hacen. Eso es también lo que me gusta mucho, ser diferente al resto y hacer cosas que no hace nadie o muy poca gente, por eso ese guiño a la tauromaquia antigua. Es difícil llegar al alcance de las tres figuras del toreo que ha habido en Salamanca, pero me gusta beber de esa tauromaquia, fijarme mucho en cada uno de ellos, y trasladarlo a mi personalidad como torero.

P. ¿Ha empezado a notar ya esa madurez, esos primeros cambios desde que ascendió al escalafón superior?
R. Sí, ya cada vez voy intentando torear más asentado, reducir la velocidad del animal, sentirme cada vez más en cada muletazo y creo que poquito a poco también voy cogiendo más oficio con el toro, que también me hacía falta, sobre todo para ciertas corridas de toros, entre otros encastes que a lo mejor no son tan fáciles de lidiar. Este año una de las corridas que más me ha servido para coger oficio, para aprender, y no he triunfado en ella, ha sido en Azpeitia, una de Ana Romero. Todavía no tengo esa experiencia para enfrentarme a esos encastes, pero sí quiero que me apunten a esas corridas de vez en cuando para ir cogiendo ese oficio del que hablamos.
P. ¿Tiene clara ya su máxima en el toreo o es más de vivir el presente y de disfrutar el hoy por lo que pueda pasar mañana?
R. Soy más de vivir el presente y vivir el día a día. Tanto en el toreo como en la vida creo que es más bonito no preocuparte tanto por el futuro, por lo que vaya a pasar… Al final es lo que decía Fandiño: “el pasado, pasado está. Con el presente es con lo que se labra al futuro”. Esa es mi mentalidad y espero que así se vea reflejada también en la plaza. No me quiero dejar nada tarde tras tarde y me da igual lo que tenga al día siguiente. Tampoco importa la plaza a la que vaya porque me voy a entregar al máximo en cada una de ellas.
P. Los toreros son héroes, eso no se discute, pero en los últimos años, sobre todo con el ‘boom’ morantista, se ha pasado de la nada al todo. Ahora los jóvenes están volviendo a considerar a los toreros ídolos como en épocas pasadas. Eso a veces da una sensación abrumadora cuando llegan a la plaza y sobre todo en las Puertas Grandes, que se han convertido en una verdadera locura: ¿Cómo viven esto; les priva del disfrute?
R. Para mí no. Es lo bonito del toreo, sentir ese cariño, esa afición arropándote cuando llegas al patio de cuadrillas. Aquí en Salamanca, el año pasado cuando llegó Morante toda la gente se volcó con nosotros, nos avasallaban. A mí me encanta atender a la gente, me parece que al fin y al cabo me debo a ellos porque son los que pagan una entrada por ir a verme y qué menos que tener un ratito para esa afición. En las puertas grandes igual, el año pasado en Salamanca fue una locura. Creo que ha sido la Puerta Grande que más he sufrido, pero que más he disfrutado a la vez: te tiraban por todos lados, no sabías ni cómo agarrarte a la persona que te llevaba a hombros. Es bonito que esa pasión del aficionado también se vea reflejada, siempre tratando con respeto al torero que va saliendo a hombros. Salamanca, en este caso, tiene ese respeto y me encanta que tenga esa pasión.
Cuando Iván Fandiño me tocó la mano le dije a mi madre: "Mamá no me voy a volver a lavar la mano".
P. En América, ¿las acogidas por parte de la afición llegan a ser tan abrumadoras como aquí?
R. Sí, sobre todo como hablábamos antes del ‘boom’ de gente joven de aquí en España. Me parece que está habiendo un relevo generacional en el toreo por parte de los aficionados tremendo. A mí me encanta ver todas las plazas llenas con gente de mi edad. En América es impresionante cuando llegas, todos los niños pequeños de entre 6 a 15 años vienen, te miran con una educación, un respeto como admirándote, como que eres algo fuera de lo normal...
Yo de pequeño veía así a los toreros. Tengo una anécdota muy graciosa aquí precisamente, en el lado de la Puerta Grande de La Glorieta. Salía Iván Fandiño, que en paz descanse, y yo de pequeño era un forofo suyo antes de querer entrar en la Escuela. Me tocó la mano y le dije a mi madre cuando me bajaron de los hombros: “Mamá no me voy a volver a lavar la mano”[risas]. Pues con esa admiración, con ese cariño, te miran allí también y es algo impresionante la afición que tienen allí en Perú. A cualquier sitio que vayas te encuentras una plaza con 15.000 o 20.000 personas llena hasta la bandera y esperando a un torero, que a lo mejor llevan dos o tres horas sentadas ahí en la plaza para ver una corrida de toros. Es increíble.

P. Lo que me cuenta es al final una motivación más para los jóvenes toreros que están empezando.
R. Sí, al final eso te motiva a seguir trabajando día tras día, a seguir ilusionándote por el toreo. Ver que se está recuperando esa pasión en el aficionado, esas ganas de ver a un torero, de seguirlo… es muy gratificante. Yo lo estoy viendo en mí, cada vez me va siguiendo más gente y lo agradezco mucho. Estoy eternamente agradecido a toda esa gente que me sigue plaza tras plaza; puedo hablar por ciertas personas que tengo a mi alrededor que no se pierden una, van a Albacete, a Salamanca, van a Francia y se piensan incluso ir a Perú. Es impresionante lo que puede llegar a hacer la pasión por seguir a un torero. Siempre estaré eternamente agradecido a esos locos aficionados que siguen a un torero que está empezando.
P. Ismael, estamos frente a la plaza de toros, a pocos días de su actuación: ¿Qué pensamientos, qué sensaciones hay? La mira, y ¿qué le transmite?
R. Felicidad. Cuando la veo me hace regresar a cuando era niño y venía a entrenar con mi compañero Pablo Jaramillo aquí a la plaza de toros de la Glorieta, que en aquel entonces estaba también el maestro Javier Castaño y Damián entrenando aquí. Me acuerdo cuando éramos niños, ir detrás de la plaza a esperar una entrada con todos los trastos cargados hasta que terminaba el sorteo, que se podía hacer eterno hasta que salían los empresarios a dárnosla para poder ver esa misma corrida de toros por la tarde.
Lo pienso ahora que me lo dices y La Glorieta a mí me da felicidad. La gente me da felicidad en Salamanca y estoy deseando que llegue ya el día 20 para agradecérselo y devolverles todas esas muestras de cariño, pero sobre todo toreando con todo lo que tenga, con mi entrega y con mi pasión hacia esta afición que se lo merece todo.



