El dolor abdominal, la fatiga, la diarrea, la disminución del apetito, la presencia de sangre en las heces y la pérdida de peso involuntaria son algunos de los síntomas de la enfermedad intestinal inflamatoria. Una dolencia que cada vez afecta más a la población y que, por el momento, se desconoce la causa exacta de la misma.
Este viernes, 19 de mayo, se ha celebrado el Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal. En este sentido, para profundizar más en el tema, el doctor José Fernando Muñoz Núñez, especialista en el Hospital de Salamanca, ha detallado algunos aspectos más sobre esta afección.
¿Qué es la enfermedad inflamatoria intestinal?
La EII agrupa a una serie de trastornos de causas sólo parcialmente conocidas que tienen en común una respuesta inmune exagerada e insuficientemente controlada que produce inflamación y lesiones en el intestino. Incluye a la enfermedad de Crohn, a la colitis ulcerosa y a la colitis inclasificable que es cuando no hay características suficientes para etiquetarla de una u otra.
La enfermedad de Crohn puede afectar a cualquier tramo del aparato digestivo, aunque su localización más frecuente es el ileon terminal y el colon. En el caso de la colitis ulcerosa solo se afecta el colon en el tracto digestivo y con una extensión variable. En todas ellas se pueden asociar además manifestaciones extraintestinales como articulares, cutáneas, etc.
¿Cuáles son las causas? ¿Cuáles son sus síntomas?
Como hemos comentado las causas no se conocen por completo. Se acepta que en personas genéticamente predispuestas interaccionan factores ambientales (como el tabaco, por ejemplo) que acaban condicionando una respuesta inmune exagerada.
Los síntomas principales dependen de la enfermedad concreta. En el caso de la colitis ulcerosa al afectar al colon exclusivamente los síntomas van a ser: sangre en la deposición (más del 90% de los pacientes) junto con diarrea y dolor abdominal (50%) junto con urgencia que quizá es uno de los síntomas más limitantes.
En la enfermedad de Crohn la sintomatología es mucho más heterogénea y depende de la zona afectada y del comportamiento de la misma, pudiendo cambiar con el tiempo. Los síntomas que predominan son la diarrea (80%), el dolor abdominal, la pérdida de peso y la febrícula o fiebre.
Factores de riesgo ¿a qué franja de edad puede afectar y cuál es el perfil de gente que puede tener la enfermedad?
El inicio de los síntomas suele comenzar en personas jóvenes, entre los 15 y los 40 años, aunque también se puede diagnosticar en personas de más edad. La incidencia entre sexos es similar. No hay un perfil definido de paciente.
¿Cuándo se debe consultar al especialista?
Quiero destacar la importancia de la Atención Primaria en el diagnóstico precoz y establecimiento de la sospecha diagnóstica. En un porcentaje mucho menor el paciente será derivado desde el servicio de urgencias.
Habitualmente ante los síntomas comentados se solicitará una prueba en heces que nos confirmará la existencia de inflamación del intestino y a partir de aquí se completará el proceso diagnóstico. El problema es que hay una entidad muy frecuente que puede dar síntomas parecidos (no sangre en heces) que es el síndrome de intestino irritable y puede ser el motivo del retraso en el diagnóstico, sobre todo en la enfermedad de Crohn.
Actualmente se tarda en diagnosticar esta enfermedad una media de tres meses, por eso es especialmente importante la sospecha diagnóstica y el empleo de esta prueba en heces. En la colitis ulcerosa el retraso es mucho menor porque la presencia de sangre hace que se consulte mucho antes por parte del paciente y se acelere el proceso diagnóstico.
¿Cuáles son las pruebas que se realizan para diagnosticar la enfermedad?
Habitualmente la exploración más empleada tras una analítica de sangre y heces es la colonoscopia. En el caso de la colitis ulcerosa puede ser suficiente con esta exploración, sin embargo, en la enfermedad de Crohn generalmente se complementa con una prueba de imagen como resonancia o ecografía.
En algunos casos, pueden ser necesarias más exploraciones como una cápsula endoscópica si la zona afectada no es accesible o bien las exploraciones anteriores no son suficientes.
¿Cuáles son las complicaciones que se puedan dar?
Son diferentes en función de la enfermedad. En el caso de la colitis ulcerosa la principal es la aparición de un brote grave que requiere ingreso, tratamiento intensivo y que en ocasiones es preciso recurrir a la cirugía. En ese contexto pueden aparecer complicaciones graves como hemorragia importante, megacolon tóxico que es una dilatación importante del colon que puede terminar en una perforación. No obstante, estas complicaciones no son frecuentes y los tratamientos disponibles en la actualidad consiguen el control de la enfermedad en una gran mayoría de los pacientes.
En la enfermedad de Crohn también pueden aparecer las complicaciones anteriores si es el colon el segmento afectado. Si es el intestino delgado donde se encuentra la enfermedad la complicación más frecuente es la obstrucción intestinal. Muchos menos frecuentemente pueden aparecer abscesos o fístulas bien intraabdominales o en la región perianal.
En ambas enfermedades el cáncer de colon está algo aumentado, especialmente cuando la inflamación se mantiene en el tiempo, bien por la falta de controles médicos o porque el tratamiento no es suficientemente eficaz, que afortunadamente no es lo habitual.
¿Qué tratamientos se usan?¿Cómo se controla?
Afortunadamente cada vez hay más tratamientos eficaces con lo que cada vez es menor el número de pacientes en que no se consigue controlar la enfermedad. La cirugía es una opción es estos casos, aunque en la enfermedad de Crohn hay cada vez más datos que una intervención precoz puede conseguir intervalos sin síntomas largos y sin necesidad de medicación.
No obstante, lo habitual es emplear tratamientos médicos que incluyen corticoides (cada vez se limita más su empleo), inmunosupresores, biológicos (anti-TNF, anti IL12/23 o anti- integrinas) o inmunosupresores selectivos como los inhibidores JAK. Lo más importante es la elección del tratamiento más adecuado para cada paciente, instaurándolo lo antes posible porque los resultados son mejores en las etapas precoces de la enfermedad.
¿Cómo se puede prevenir?
Sobre esto, conocemos los factores que se asocian con el desarrollo de la enfermedad, pero hasta hace poco desconocíamos hasta qué punto corrigiéndolos podríamos prevenirla.
Un estudio reciente prospectivo indica que podrían prevenirse hasta un 60% de los casos de enfermedad de Crohn y un 40% de colitis ulcerosa con una adecuada modificación de esos factores de riesgo conocidos e incluyen un peso corporal adecuado, ingesta de frutas y vegetales, abstención de fumar o de emplear antinflamatorios, mayor actividad física o un menor consumo de carnes rojas.
En Salamanca, ¿a cuanta gente afecta?
Es difícil de precisar porque no todos los pacientes acuden a la medicina pública. Por las cifras de incidencia las personas afectadas estarían en torno a las 2.500. En el hospital tenemos registrados a unos 1.400 pacientes.
¿Cuántos casos se detectan al año en el Hospital de Salamanca?
Las cifras de incidencia en el estudio epidemiológico que se realizó en el año 2017 son muy parecidas a las de otras provincias del entorno y la incidencia se sitúa en 16 casos por 100.000 habitantes y año. En concreto en ese año se diagnosticaron 67 pacientes.
¿Cuáles suelen ser los miedos de los pacientes al ser diagnosticados? y ¿las dudas?
Las preocupaciones de los pacientes más habituales son el cáncer, la posibilidad de estoma, los efectos adversos de los fármacos, el miedo a no tener una buena calidad de vida, las limitaciones en el trabajo y ocio, la vida sexual, fertilidad, etc. Lo importante es investigar en cada paciente cuales son y adoptar un manejo consensuado y adaptado a las mismas.
Por último, su recomendación como médico
A los pacientes pues un mensaje de esperanza, puesto que cada vez se tiene más presente a la enfermedad, las alternativas terapéuticas son más amplias y el abordaje es cada vez más multidisciplinar, teniendo en cuenta no solo la actividad de la enfermedad sino otros factores igualmente importantes como la calidad de vida, la repercusión social, manifestaciones extradigestivas, etc.
A la sociedad, conocimiento de la enfermedad y apoyo con iniciativas que favorezcan la normalización de la enfermedad tanto a nivel social como laboral.




