Mientras muchos adolescentes pasan las tardes delante de una pantalla, Ari prefiere sentarse en silencio junto a una charca, camuflada entre la vegetación, observando cómo las aves vuelven poco a poco a la normalidad tras detectar su presencia. Tiene solo 15 años, vive en Vitigudino y la fotografía de naturaleza se ha convertido en mucho más que una afición. Es una manera de aprender y, en cierta forma, también de encontrarse a sí misma.
Su historia detrás de la cámara comenzó en un momento difícil de su vida. Durante su etapa escolar sufrió a diario situaciones de acoso que afectaron profundamente a su bienestar emocional. Estas experiencias la llevaron a atravesar una época complicada marcada por la ansiedad y el estrés.
"Me sentía muy mal, muy estresada y muy agobiada en el instituto", recuerda. La situación llegó a tal punto que sufrió un desmayo en casa poco antes de ir a clase. Tras acudir al médico y posteriormente al psicólogo, comenzó un proceso que, sin saberlo entonces, acabaría acercándola aún más a la naturaleza.
La afición ya estaba presente desde mucho antes. Sin embargo, el gran cambio llegó cuando tuvo su primer telescopio "a partir de ahí dejé de limitarme a observar. Empecé a fotografiar también las especies que veía", explica.
Pero si hay una figura que aparece una y otra vez cuando habla de sus comienzos, esa es la de su abuelo Manolo. Ari reconoce que gran parte de su amor por el campo y por los animales nace de las experiencias vividas junto a él y a su familia.

Sus abuelos fueron ganaderos y ella creció viendo de cerca una forma de vida estrechamente ligada al medio natural. Aunque ahora su interés se centra especialmente en las aves, aquella conexión con el campo fue fundamental para desarrollar una sensibilidad especial hacia la naturaleza.
"Siempre he estado conectada de alguna forma con ella", explica. "Mis abuelos me enseñaron a valorar el entorno que tenemos alrededor y mi madre siempre nos ha llevado de excursión por estos entornos naturales".
Gracias a su familia y al apoyo de algunos profesores que han valorado su trabajo y su esfuerzo, Ari ha podido seguir desarrollando una pasión que hoy ya empieza a ser reconocida fuera de su entorno más cercano.

¿Cómo empezó su andadura en la fotografía?
Con el paso del tiempo, la fotografía dejó de ser únicamente una forma de capturar imágenes bonitas. Empezó a convertirse en una herramienta para aprender. "Cada vez tenía más curiosidad. Quería saber por qué una especie era así, por qué se comportaba de determinada manera o por qué tenía ese plumaje", cuenta.
Recuerda perfectamente el momento en el que descubrió que quería seguir dedicándose a ello. Fue observando un somormujo lavanco a través del telescopio “me gustó tantísimo que hice la primera foto y pensé: tengo que seguir haciendo esto".
Desde entonces ha pasado incontables horas estudiando especies, consultando guías de campo y observando comportamientos animales. Sin embargo, asegura que la mejor forma de aprender sigue siendo la observación directa.

"Cuando una especie se te repite muchas veces, acabas aprendiendo todo sobre ella. Fotografías una ave y te quedas con su nombre, sus características y su comportamiento".
Quizá una de las cosas que más llama la atención de Ari es su forma de entender la fotografía. Mientras muchos fotógrafos salen al campo buscando una imagen concreta, ella parece más interesada en comprender lo que sucede delante de la cámara “a diferencia de otros fotógrafos, a mí me interesa mucho saber por qué hacen las cosas. No solo quiero la foto. Quiero entender el comportamiento de la especie".
Esa curiosidad constante es la que la lleva a pasar horas observando aves en silencio. Porque el silencio, precisamente, es una de las normas fundamentales de su trabajo.
"No puedes estar hablando o gritando lo bonitas que son porque se van. Hay que guardar silencio. Más que por la fotografía, por respeto" indica la joven.
¿Cómo es la técnica que usa para fotografiar?
Para conseguir sus imágenes utiliza una técnica sencilla pero muy eficaz. Emplea un telescopio adaptado al teléfono móvil mediante un soporte especial que le permite aprovechar los aumentos del aparato para fotografiar desde largas distancias.
Según explica, esa herramienta tiene una ventaja fundamental y es que evita molestar a los animales. "Con una cámara muchas veces tienes que acercarte demasiado para obtener una buena fotografía. El telescopio me permite estar lejos y respetar mucho más a las aves" indica Ari.
Las imágenes se guardan directamente en el teléfono móvil y posteriormente las procesa en el ordenador utilizando programas como Photoshop y Lightroom.

Curiosamente, asegura que dedica mucho más tiempo a conseguir la fotografía que a editarla "puedo estar una o dos horas esperando para hacer una imagen. Luego editarla es relativamente rápido".
La paciencia es una de las virtudes imprescindibles para cualquier fotógrafo de naturaleza, y ella lo sabe bien. Sus jornadas suelen comenzar en lugares que conoce perfectamente, especialmente una charca de su pueblo a la que guarda un cariño especial "creo que ese lugar marcó el inicio de mi camino como fotógrafa".
Cuando llega al lugar se coloca un traje de camuflaje que, según bromea, la convierte prácticamente en un arbusto. Después solo queda esperar.
Cuenta que los somormujos lavancos suelen alejarse cuando la ven llegar, pero que después de unos minutos regresan poco a poco a sus nidos y continúan con su actividad habitual, según declara Ari "al final se acostumbran a que estoy allí quieta y vuelven. Algunas veces se acercan muchísimo".
Aunque prepara sus salidas, reconoce que prefiere dejar margen a la improvisación "nunca sabes lo que te vas a encontrar. Puedes salir buscando una especie concreta y acabar fotografiando otra completamente distinta".
Entre todas las aves que ha observado, hay una que le ha resultado especialmente complicada y es el abejaruco europeo ya que incide en que “no paran quietos. Han sido de los más difíciles de fotografiar".
La vida en Vitigudino punto a favor para sus fotografías
Vivir en Vitigudino también juega a su favor. La proximidad de espacios naturales como la dehesa o los Arribes le permite disfrutar de una gran variedad de ecosistemas y especies "tenemos una mezcla de hábitats increíble. Eso facilita mucho las cosas para alguien que quiere observar fauna".
Del mismo modo, cuando habla de sus fotografías, rara vez lo hace pensando en premios o reconocimiento. Su objetivo principal es otro. Quiere transmitir.
Quiere que las personas comprendan el valor de aquello que tienen cerca y muchas veces pasan por alto "cuando observas la naturaleza te das cuenta de lo privilegiados que somos. Tenemos un mundo increíble al lado y no siempre lo valoramos como deberíamos".

Por eso considera que la fotografía puede ser una herramienta educativa muy poderosa, especialmente entre los más jóvenes por esto declara que "con los adultos a veces es más complicado, pero si a los niños les enseñas desde pequeños que esto es bonito y merece respeto, creo que una fotografía puede ayudar mucho".
Esa filosofía también la aplica a quienes quieren iniciarse en este mundo. El principal consejo de Ari es sencillo y contundente "nunca hay que poner la fotografía por delante del bienestar del animal".
Mirando al futuro, Ari tiene claro que quiere estudiar Biología. Todavía no sabe exactamente cuál será su destino profesional, aunque reconoce que le atrae especialmente la enseñanza.
"Seguramente acabaré siendo profesora, aunque también me gustaría seguir vinculada a la fotografía, participar en proyectos de conservación o incluso trabajar algún día en documentales".
Mientras tanto, continúa compartiendo sus imágenes en redes sociales, donde su trabajo ha comenzado a ganar visibilidad en los últimos meses sobre todo en su Instagram. Sin embargo, insiste en que los seguidores no son lo importante.
"Lo que realmente quiero es que la gente vea las fotos, que disfrute con ellas y que aprenda algo", finaliza la joven.




