Salamanca está reconocida mundialmente por su arquitectura y urbanismo (Ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 1988). Pero en los próximos meses, también podrá pasar a ser valorada por su cultura, concretamente por los bailes charros o ‘charradas’.
El Ministerio de Cultura y Deporte, a través de la Dirección General de Bellas Artes, comenzó el pasado mes de noviembre (e hizo efectiva en el Boletín Oficial del Estado del pasado 12 de diciembre) la resolución del expediente por la que se incoa expediente de declaración de la Danza Española como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Este trámite, que están realizando junto a las Comunidades Autónomas, es el primer paso para que en los próximos años la danza española sea reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, título que otorga la UNESCO pero que es más complicado de obtener.
Para ello, se ha de justificar que la danza española (entre la que se encuentran los bailes charros) es una manifestación representativa de la cultura nacional. Para ello, en el BOE se recoge que la danza “configura nuestra identidad colectiva como pueblo, por su carga identitaria y capacidad de evocación y emoción”.
De hecho, detallan que como danza española entienden “un género artístico de baile que se ha ido configurando en el territorio español a partir de diferentes aportes provenientes de los bailes populares, los bailes escénicos y el flamenco (que ya es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”) y que, además, “posee una dimensión cultural como experiencia colectiva, expresándose a través de diversas prácticas de enseñanza formal e informal”, ya sea en academias, colegios o fiestas populares, entre otros.
Igualmente, desde el Ministerio de Cultura destacan que “España es, posiblemente, uno de los lugares del mundo en el que el baile y la danza han arraigado más profundamente, destacando su originalidad y diversidad, con un gran repertorio de bailes y danzas rituales, tanto de sentido profano como religioso” y que se da a lo largo de toda la geografía nacional, remitiendo “a un pasado de rica hibridación cultural, muchas de las veces transmitido de forma oral hasta el siglo XIX”.
Su gran riqueza y tipología y el estar viva justifican, para la Dirección General de Bellas Artes, “su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial y la puesta en práctica de estrategias que fomenten su conocimiento y valorización por parte de la ciudadanía española a través de su investigación, documentación, promoción, difusión, transmisión, para contribuir a su perpetuación”.
Así, recuerdan que, hasta la fecha, se han reconocido en España, a través de las figuras de protección jurídica previstas en las diferentes normativas sobre Patrimonio Cultural, la importancia desde el punto de vista cultural que presentan expresiones relacionadas con la danza. Así, contamos con un buen número de danzas y bailes declarados como Bienes de Interés Cultural de carácter Inmaterial, (o asimilables) a lo largo de la geografía española.
Y que ya la propia UNESCO incluyó en 2010 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, algo que se confía que ocurra en el futuro con las danzas españolas y, por ende, con los bailes charros.
Los bailes charros, dentro de los bailes folclóricos, consolidados “en todo su esplendor” en el siglo XIX
Varios son los tipos de bailes que recoge el BOE para que estos sean Patrimonio Cultural Inmaterial. Desde los bailes flamencos hasta los boleros, pasando por la danza estilada o los bailes folclóricos e incluyendo también como elementos a salvaguardar su indumentaria y la percepción e implicación social.
Precisamente entre los bailes folclóricos es donde se incluye a los bailes charros o ‘charradas’, que la Dirección General de Artes definen como un baile salmantino en compás musical de 5/4 “cuya particularidad es que el cuerpo y la cabeza se mantienen firmes, teniendo toda la gracia en el trenzado que hacen con los pies (borneos)”.
No es el único baile que destaca de Castilla y León, ya que incluye, entre otras muchas, las jotas, las seguidillas, los rondones o el Baile Al Agudo, además del Rengue. Si nos extrapolamos a todo el territorio nacional, podremos encontrar los bailes extremeños (destacando que del Norte de Cáceres se encuentran muy relacionados con el Sur de Salamanca, en lo que serían los bailes serranos, una variante de los bailes charros), las muñeiras gallegas, las muixerangas valencianas, las sardanas catalanas o los bailes canarios.
Dimensión internacional con giras por todo el mundo
Por último, el BOE refleja que, desde el siglo XIX, se ha producido una progresiva internacionalización de la Danza Española, y en la actualidad, cuenta con una proyección internacional que se realiza, fundamentalmente, a través de las giras del Ballet Nacional de España, de las diferentes compañías de danza, y del turismo.
Esta proyección tiene lugar, principalmente, en los antiguos territorios de Ultramar españoles, si bien tanto en Europa (a través de la inmigración de la década de los 60) como en Asia (sobre todo el flamenco en Japón) tienen una gran trayectoria.




