Valentía, humanidad, sacrificio, valores y esfuerzo con las personas más vulnerables. Esos han sido solo algunos de los motivos que ha esgrimido el alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo, para reconocer la labor de Manuel Muiños y justificar la entrega del título de Hijo Adoptivo de Salamanca. Un acto que ha contado con la presencia de numerosas personalidades, representantes de la política, la empresa, asociaciones, ongs y, por supuesto, de los municipios donde Manuel Muiños ha sido párroco a lo largo de sus 27 años como sacerdote. Tampoco ha faltado su familia de Proyecto Hombre. Terapeutas, patronos de la fundación Alcándara, que hace de soporte a la ONG, y colaboradores de la entidad salmantina a los que Muiños ha querido agradecer por “confiar en un sueño que se ha hecho realidad”.
El alcalde de la capital ha querido en su discurso agradecer la labor del homenajeado asegurando que “hablar de Manuel Muiños es hablar de Proyecto Hombre y de mucho más: solidaridad, generosidad, esfuerzo, humildad y escucha”. Una labor que pasa por “tender una mano a hombres y mujeres que anhelan una nueva vida en la sociedad”, algo que “es una obligación moral de toda comunidad, una responsabilidad que a menudo se nos hace cuesta arriba. Y que es todavía más valiosa cuando hay personas que se oponen a ella y la rechazan”. El alcalde ha destacado que “a pesar de todas las dificultades” el homenajeado “no desfallece cuando afronta diariamente la lucha por la inserción de los más desfavorecidos, a veces esta pelea cansa, es lo que tiene emplearse a fondo, y cuesta seguir, pero se pone más corazón y se continúa en la brega”.
Por su parte, un emocionado Manuel Muiños, ha insistido en su discurso en el agradecimiento a una ciudad que ha hecho suya a lo largo de los 34 años que lleva viviendo en Salamanca, desde que llegó a estudiar en el Seminario. En su recuerdo, todos los municipios donde a lo largo de estos años ha sido sacerdote y sus gentes, de todos los que han apostado y apoyando lo que hace más de veinte años fue un sueño, abrir en Salamanca un centro que pudiera ayudar a quienes sufrían las consecuencias de las adiciones, y que ahora es una realidad que cada año ayuda a cientos de personas y sus familias.
Muiños aseguró que: “Me siento muy afortunado por todo lo que Salamanca y sus gentes me han regalado y me regalan cada día” y porque “he sabido descubrir, valorar y disfrutar el encanto de este rinconcito de cielo en la tierra, que se hace presente en esta Castilla nuestra, y se llama Salamanca”. Además, concluyó su discurso jurando “amor, entrega y lealtad por toda la eternidad” a “esta ciudad y sus gentes”.




