El próximo 12 de agosto, miles de personas saldrán a la calle para contemplar el eclipse que oscurecerá el cielo de Salamanca. Durante unos minutos, la Luna cubrirá aproximadamente el 99,5% del sol y la ciudad vivirá uno de los fenómenos astronómicos más esperados de las últimas décadas. El instante de máxima ocultación llegará a las 20:29 horas y el eclipse concluirá a las 21:15 horas, cuando la luna abandone por completo el disco solar.
Mientras muchos cuentan los días para levantar la vista al cielo, Antonio no puede evitar acordarse de otro eclipse. Han pasado 27 años, pero todavía convive con las consecuencias de aquel 11 de agosto de 1999. Tenía solo 17 años cuando decidió mirar el sol siguiendo los consejos que se daban entonces. Lo que parecía una experiencia inolvidable terminó dejándole una lesión permanente en la retina.

Antonio asegura que nunca imaginó que pudiera ocurrirle algo así. Como tantos otros jóvenes de la época, utilizó los métodos que se consideraban adecuados "lo miré con una máscara de soldadura y también reflejado en un cubo de agua. Era lo que nos decían entonces y pensábamos que era seguro."
Durante la observación no sintió ninguna molestia. Tampoco notó dolor al terminar el eclipse. Todo parecía haber transcurrido con normalidad hasta que llegó a casa “le dije a mi madre que veía un punto. Pensábamos que era una tontería y que desaparecería."
Sin embargo, al día siguiente la mancha seguía exactamente en el mismo lugar. Tal y como explica “fuimos al oftalmólogo. El primero no me explicó mucho, pero el segundo fue quien me dijo que tenía una retinopatía solar. Me explicó que era como una quemadura en la retina provocada por mirar el eclipse."
Una pequeña cicatriz que sigue ahí
Los médicos le recetaron corticoides y le transmitieron cierta esperanza “me dijeron que seguramente cicatrizaría sola."
El tiempo pasó y la lesión mejoró parcialmente, pero nunca desapareció. Detalla que "lo que me quedó fue un escotoma central permanente. Es una pequeña cicatriz que hace que vea un punto en el centro de la visión."

A día de hoy todavía puede comprobarlo con un gesto muy sencillo. Antonio especifica que “si cierro el ojo izquierdo y miro solo con el derecho, ese punto sigue ahí. Si quiero leer una letra o fijarme en un detalle, tengo que mover un poco la vista porque justo en el centro no lo veo bien."
Y, desde entonces, se protege con frecuencia de la claridad, ya que la luz le resulta especialmente molesta. Como el mismo explica: “Siempre voy con gafas de sol porque me molesta bastante la claridad”.
Del mismo modo, cada año continúa acudiendo al oftalmólogo y según indica “siempre me dicen lo mismo: está igual. No va a ir a más, pero tampoco va a desaparecer."
El mayor miedo llegó con el diagnóstico
Más allá de la lesión, Antonio recuerda la incertidumbre de aquellos días. Tenía toda la vida por delante y el diagnóstico le hizo pensar que sus planes podían cambiar.
Según indica "yo estaba a punto de empezar COU y recuerdo que un médico me dijo que, si quería estudiar Medicina, quizá ya no podría porque mi visión no iba a ser la misma."
Aquel comentario le dejó marcado declara que "lo peor fue no saber qué iba a pasar. Con 17 años piensas que una cosa así puede cambiarte el futuro."
Con el tiempo aprendió a convivir con la lesión, aunque reconoce que nunca deja de estar presente "al final te acostumbras. Haces una vida normal, pero el punto sigue ahí todos los días."
"Nunca noté que me estuviera haciendo daño"
Uno de los aspectos que más le sorprenden cuando recuerda lo ocurrido es que jamás sintió dolor manifiesta que "no me quemó, no me escoció, no noté absolutamente nada. Simplemente apareció ese punto cuando llegué a casa."
Esa ausencia de síntomas inmediatos es precisamente uno de los mayores peligros de la retinopatía solar. La retina no tiene terminaciones nerviosas que alerten de una quemadura, por lo que el daño puede producirse sin que la persona sea consciente. Horas después comienzan a aparecer los primeros síntomas como visión borrosa, deformación de las imágenes, alteración en los colores o manchas oscuras permanentes en el centro del campo visual.
Una advertencia para quienes miren al cielo el 12 de agosto
Desde aquel día, Antonio reconoce que vive los eclipses de una manera muy distinta “ahora no me fío. Después de lo que me pasó, prefiero no correr ningún riesgo."
También admite que, si pudiera volver atrás, haría las cosas de otra forma.
Por eso cree que es importante insistir una y otra vez en los riesgos incidiendo en que “hay que explicar lo que puede pasar de verdad. Mucha gente piensa que mirar unos segundos no tiene importancia, pero sí la tiene."
Su consejo es tan sencillo como rotundo "les diría que no hagan lo mismo que hice yo. Una lesión en la retina puede acompañarte toda la vida."
Cómo observar el eclipse de forma segura
Los especialistas recuerdan que el eclipse del 12 de agosto deberá observarse exclusivamente con gafas homologadas con certificación ISO 12312-2, ya que son las únicas que bloquean la radiación ultravioleta e infrarroja capaz de dañar la retina.
Las gafas de sol convencionales, las radiografías, los cristales ahumados, los CD, los disquetes, el reflejo en el agua o los filtros de soldadura inferiores al tono 14 no son seguros y pueden provocar lesiones irreversibles.
En Salamanca, además, será necesario utilizar protección durante toda la observación. Aunque el Sol quedará oculto casi por completo, la ciudad permanecerá fuera de la franja de totalidad y seguirá emitiendo radiación suficiente para producir una retinopatía solar.




