Una persona se desploma en plena calle, pierde el conocimiento y deja de respirar con normalidad. A su alrededor, varias personas se acercan, pero la duda sobre cómo actuar puede retrasar una intervención decisiva. El miedo a hacer daño es uno de los principales obstáculos ante una parada cardiorrespiratoria, una emergencia en la que cada minuto cuenta.
Así lo advierte Javier González Robledo, médico intensivista y miembro de la Comisión de Urgencias y Emergencias del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, con motivo del Día Mundial de la Reanimación Cardiopulmonar (RCP), que se celebra este viernes, 16 de octubre. El especialista insiste en la necesidad de extender la formación en primeros auxilios para que la ciudadanía pueda reconocer estas situaciones y responder sin perder tiempo.
“El primer error de todo es el miedo a hacer más daño”, señala. Sin embargo, ante una posible parada cardíaca, la rapidez de actuación resulta fundamental, ya que las posibilidades de supervivencia disminuyen aproximadamente un 10% por cada minuto de retraso en la atención.
Reconocer la emergencia y comenzar las maniobras
El primer paso es comprobar si la persona responde y respira con normalidad. Si está inconsciente, hay que pedir ayuda y, ante la sospecha de una parada cardiorrespiratoria, avisar al 112.
Cuando hay varias personas presentes, repartir las tareas permite ganar tiempo: una puede atender a la víctima, otra llamar a los servicios de emergencia y una tercera buscar un desfibrilador externo automatizado (DEA), si hay uno disponible.
“Con que alguien esté inconsciente, si no tiene conocimientos sanitarios, ya debería directamente pedir ayuda”, explica González Robledo.
Si la persona no respira con normalidad, hay que iniciar la reanimación cardiopulmonar siguiendo las indicaciones del servicio de emergencias. En adultos, las compresiones deben realizarse en el centro del pecho, a un ritmo de entre 100 y 120 por minuto y con una profundidad de cinco a seis centímetros.
Quienes sepan realizar ventilaciones de rescate pueden alternar 30 compresiones con dos ventilaciones. Si no tienen formación o no se sienten capaces de hacerlas, deben comenzar las compresiones torácicas y mantenerlas siguiendo las instrucciones del 112.
“Si no te sientes preparado para realizar ventilaciones, puedes hacer únicamente masaje cardíaco a un ritmo de 100-120 compresiones por minuto”, indica el especialista.
El objetivo es mantener la circulación de sangre hacia el cerebro y los órganos vitales hasta la llegada de los profesionales sanitarios.
El desfibrilador, una herramienta accesible
La utilización de un desfibrilador externo automatizado puede aumentar las posibilidades de supervivencia cuando está indicado y se emplea junto con las maniobras de reanimación. Estos dispositivos están presentes en instalaciones deportivas, centros comerciales y otros espacios públicos.
Su uso está diseñado para que pueda realizarlo cualquier ciudadano, sin necesidad de ser profesional sanitario. El aparato analiza el ritmo cardíaco y ofrece instrucciones por voz sobre los pasos que deben seguirse.
“Casi todos tienen tres pasos: uno, encendido; dos, escuchar; y tres, dar la descarga si el desfibrilador te lo dice”, resume González Robledo.
Si el dispositivo indica que es necesaria una descarga, hay que seguir sus instrucciones y comprobar que nadie está tocando a la víctima durante el proceso. Mientras tanto, las maniobras de reanimación deben continuar según las indicaciones del aparato y del servicio de emergencias.
El especialista subraya que comenzar la atención antes de la llegada de la ambulancia puede resultar determinante para la evolución del paciente.
Más de la mitad de las paradas se producen en casa
Las paradas cardíacas extrahospitalarias no ocurren únicamente en la calle. De hecho, la mayoría de los episodios registrados en España se producen en el domicilio, lo que convierte a familiares y personas cercanas en una pieza clave de la primera respuesta.
Según los datos de 2022 del Registro Español de Parada Cardíaca Extrahospitalaria (OHSCAR), elaborado a partir de la actividad de 18 servicios de emergencias, se contabilizaron 9.499 intentos de reanimación, equivalentes a 24,2 casos por cada 100.000 habitantes al año.
El 60,3% de las paradas tuvo lugar en el domicilio, frente al 28,8% registrado en la calle o en espacios públicos. Además, solo el 39% de las víctimas recibió maniobras de reanimación por parte de un testigo antes de la llegada de la ambulancia, frente al 59% registrado en Europa.
La supervivencia al alta hospitalaria se situó en el 11,5%, mientras que el 9,8% de los afectados sobrevivió sin secuelas neurológicas.
La formación desde los colegios, una prioridad
Para González Robledo, extender la enseñanza de la RCP y los primeros auxilios desde edades tempranas es una de las medidas fundamentales para mejorar la atención ante estas emergencias. Conocer las maniobras básicas permite actuar con mayor seguridad y reduce las dudas que pueden surgir en un momento de tensión.
Una técnica incorrecta, como colocar mal las manos o realizar compresiones demasiado lentas o superficiales, puede reducir su eficacia. Por eso, el especialista defiende la importancia de aprender a reconocer una parada cardíaca y practicar cómo responder ante ella.
El mensaje es claro y es pedir ayuda, iniciar las compresiones cuando la persona no responde y no respira con normalidad y seguir las indicaciones del 112. La reanimación no depende exclusivamente de los profesionales sanitarios, sino también de quienes presencian la emergencia.



