Maximiliano Vicioso Lorenz, el que fuera alcalde de Tejares, fue asesinado el 2 de agosto de 1936. Es una de las tantas víctimas que dejó la Guerra Civil Española y otra de las muchas cuyos restos aún no se han encontrado. La Asociación Salamanca Memoria y Justicia, junto a un equipo de voluntarios formado por los arqueólogos Chema Collados y Arsenio Dacosta y por un equipo de becarios de la Universidad de Salamanca, se ha propuesto dar con esos restos en la carretera que une Aldeatejada con Vecinos tras la petición de los familiares de Maximiliano.
Fue a Micaela, bisnieta de Maximiliano y residente en Argentina, a la que se le ocurrió la idea de ponerse en contacto con la Asociación Salamanca Memoria y Justicia: “En 2018 viajé a Madrid y un día, mientras recorría la Puerta del Sol, me encontré con la manifestación del 14 de abril y me llamó mucho la atención. Aunque reconociera las banderas republicanas, no sabía qué significaba ese día. Cuando volví a mi país me puse a investigar sobre mi bisabuelo y di con sus datos en la página de la asociación, por lo que le mandé un email. Cuando me respondió, se lo conté a mi madre y a mi abuela”.
“Fue una sorpresa para mí”, sostiene Rosana, madre de Micaela, que añade: “Yo había intentado buscar información muchos años atrás y no había obtenido ninguna. También fue una emoción bastante grande contárselo a mi padre, que tenía cuatro años cuando fusilaron a mi abuelo”. Luisa Vicente, presidenta de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia, fue la encargada de facilitarle esa información y acercar la figura de Maximiliano a su familia: “Era una persona muy querida, porque tenía trato con mucha gente, más allá de que fuera el alcalde. También había trabajado como maestro técnico molinero y tuvo una tienda de ultramarinos en Tejares. Fue muy fuerte saber que se le recordaba y reconocía, porque cuando mi padre fue en 2004 le dijeron que las cajas que guardaban toda la información estaban bastante deterioradas y no se podía recuperar”.
Historia de Maximiliano y su familia

Hoy en día, y tal y como recoge la base de datos de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia, se sabe que Maxilimiano Vicioso Lorenz fue acusado de ordenar llevar armas a Tejares antes de ser fusilado. "No era verdad, fue una justificación", defiende Luisa. Su cadáver fue encontrado en estado de putrefacción, con varias heridas producidas por arma de fuego, en la carretera que va de Salamanca a Vecinos.
A partir de ese 2 de agosto de 1936, la vida de su familia no volvió a ser la misma. "Tratamos de seguir adelante, pero nos perseguían bastante e intentamos salir de Tejares para estar más tranquilos", recuerda emocionado Manuel Vicioso, de 90 años de edad e hijo de Maximiliano. Huyeron a Pamplona antes de volver de nuevo a Salamanca: "Nos encontramos con que nos habían ocupado la casa, la recuperamos y volvimos a abrir el ultramarinos, pero seguimos siendo perseguidos".
Su nuevo destino fue Argentina. "Mi abuela Obdulia tenía un hermano allí y le escribimos para poder ir. Pero, antes de trasladarnos, enviamos nuestro dinero a través del Banco de Crédito de España. Cuando llegamos, nos encontramos con que todo el dinero que habíamos mandado había sido malgastado y no teníamos nada, solo las pertenencias que llevábamos", continúa diciendo Manuel, que actualmente vive en La Línea de la Concepción.
Más de 70 años después, Manuel, Micaela, Rosana y el resto de la familia buscan cerrar un capítulo de sus vidas con la exhumación de Maximiliano. De encontrar sus restos, tienen muy claro qué sepultura darle: "Nos gustaría que estuviera en Salamanca, en el memorial, donde están todos, porque creo que es el mejor lugar. Más allá de que amaba su tierra, Tejares", mantiene Rosana, que, junto a su hija, tiene programado un viaje a España para dar el adiós que se merece al antiguo alcalde y asistir al homenaje organizado en el antiguo Ayuntamiento de Tejares. Allí se colocará una placa con su nombre y el de los concejales que fueron apresados a modo de represión.
Cómo se realiza una exhumación

La exhumación de Maximiliano no es la primera que se realiza en la provincia, donde hay más de cincuenta fosas comunes. Chema Collados es la segunda en la que participa: “Inicié la de Pelabravo, de la que salieron catorce personas”. La experiencia de Luisa Vicente es aún mayor: “Hemos estado en una finca de la Duquesa de Alba que está en Castillejo de Martín Viejo, donde encontramos los restos de tres personas que fueron imposibles de identificar. Después estuvimos en Continos y en Pedro Toro. En esta última no conseguimos sacar a nadie, pero los restos estaban allí, porque tenemos testimonios de los vecinos del pueblo que está a 2 kilómetros. Escucharon cómo se los llevaron y una persona vio cómo los disparaban y enterraban, mientras que otra dejó hecho un plano. Los restos fueron sacados de allí y tirados o lo que fuera, pero ya no están”.
Los testimonios de los vecinos de un pueblo donde ha habido actos represivos son precisamente parte de la investigación previa a una exhumación. También sirven de referencia documentos varios, como las actas de defunción. Una vez localizado el lugar y tras pedir los permisos pertinentes a la Junta de Castilla y León, al Ayuntamiento y a los dueños de las fincas, se realizan trabajos manuales por cuadrantes o por cuadrículas. “Vamos bajando muy lentamente con pico, pala u otros elementos. Si no da resultado, es entonces cuando interviene la excavadora de forma muy lenta, quitando tierra de 10 en 10 centímetros”, reconoce el arqueólogo salmantino. El motivo por el que las tareas comienzan manualmente no es otro que el de intentar “resguardar los restos perfectamente. Con la máquina hay posibilidades de que algunos se destruyan”.
Encontrados esos restos, ¿cuál es el siguiente paso? “Llamamos a la Guardia Civil, que levanta un acta de lo que se encuentra. Después, viene la forense y toma también todos los datos, pregunta, analiza, levanta el acta y lo presenta en el juzgado”, declara Luisa. Los familiares son los encargados de darle una sepultura digna a las víctimas, además de ser los que reclaman o piden en un inicio que se realice la exhumación. “Priorizamos a los que se implican en el tema, porque tenemos fosas localizadas con la autorización del dueño de la finca, pero no sabemos de quiénes son. Y qué hacemos con esos restos, ¿los vamos acumulando? Llegará un momento que tengamos que hacerlo, pero de momento la asociación da lo que da”, defiende la presidente de la misma.
¿Remover el pasado o cerrar heridas?

Pese a que han pasado más de 80 años del final de la Guerra Civil Española y más de 45 años de la muerte del dictador Francisco Franco, en España continúa habiendo cierta división en torno a las exhumaciones. Algunos creen que implican remover el pasado de forma innecesaria, mientras que otros las defienden como algo “lógico”. De esta última opinión son Chema Collados, Luisa Vicente y Rosana: "Es cerrar un capítulo".
“Si tras la exhumación, sacáramos a la luz quiénes son los responsables del asesinato, entendería que dijeran que estamos removiendo el pasado, pero lo único que pretendemos es recuperar los restos de una persona a petición de sus familiares para que descansen en un lugar digno”, mantiene la presidenta de la Asociación Salamanca Memoria y Justicia. “No es abrir heridas, sino cerrarlas. Desde luego que nadie puede entender que un señor de 90 años no tenga derecho a que su padre esté en un cementerio”, añade Collados.
Sobre el debate de si hay más prioridad por las víctimas del bando republicano que por las del franquismo, el arqueólogo también tiene clara su postura: “Los 40 años de dictadura han hecho que todas las víctimas pertenecientes al bando nacional hayan sido reconocidas y homenajeadas aunque no se hayan encontrado sus restos en algunos casos”. Luisa ejemplifica la otra cara de la moneda a través de su historia familiar: “Yo soy sobrina y nieta de republicanos represaliados y hasta que no colocamos sus placas en el memorial del cementerio de Salamanca, sus nombres no figuraban en ningún lado. Tampoco sabíamos qué había pasado con ellos”.
La Ley de Memoria Democrática busca precisamente impulsar las exhumaciones y reconocer a las víctimas de la dictadura, pero aunque recoge “cosas muy positivas y muy buenas”, a juicio de Luisa Vicente, “es imprescindible que sea el Estado y no el Gobierno, que puede cambiar, el que asuma todo, porque eran españoles al igual que los demás. Si hemos sido capaces de ir a Rusia -y no me parece mal- a exhumar a la División Azul y traer sus restos, ¿no tienen los mismos derechos los republicanos?”.




