<blockquote>El papa León XIV ha reivindicado este lunes el legado intelectual y moral de la Escuela de Salamanca durante su intervención ante las Cortes Generales, en una sesión conjunta del Congreso de los Diputados y el Senado que ha pasado a la historia por ser la primera vez que un pontífice se dirige al Parlamento español.

En uno de los pasajes más destacados de su discurso, el Papa recordó el papel desempeñado por los pensadores salmantinos del siglo XVI, especialmente por fray Francisco de Vitoria, al desarrollar una reflexión ética y jurídica que situó la dignidad de la persona humana por encima de la fuerza y de los intereses particulares.
León XIV ser refirió así al momento histórico en el que España se abrió al mundo tras el descubrimiento de América y destacó cómo, desde las aulas de Salamanca, surgió una corriente de pensamiento que cuestionó la “legitimidad del poder cuando este se aparta de los principios morales”. Según afirmó, aquellos maestros introdujeron en la historia “la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder”.
El sumo pontífice subrayó la importancia de la idea del totus orbis, desarrollada por la Escuela de Salamanca, que concebía la humanidad como una comunidad universal unida por vínculos jurídicos y morales, destacando que las reflexiones de Francisco de Vitoria y otros teólogos y juristas contribuyeron a sentar las bases del derecho internacional moderno y de una concepción de los derechos humanos que sigue vigente en la actualidad.
“Todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes”, señaló León XIV, quien apeló a los representantes políticos a situar la dignidad humana, la justicia y el bien común en el centro de la vida pública.
El Papa también reconoció que ni la sociedad ni la propia Iglesia estuvieron siempre a la altura de aquellas intuiciones morales nacidas en Salamanca. Sin embargo, defendió que el legado de la Escuela de Salamanca continúa ofreciendo respuestas válidas para los desafíos contemporáneos, desde la gobernanza global hasta la protección de los derechos fundamentales.
La mención a Salamanca va ligado al mensaje general que León XIV ha querido transmitir en su visita a España, centrada en el diálogo, la responsabilidad política y la búsqueda del bien común.
Una reivindicación, la de la Escuela de Salamanca, que el papa situó como uno de los grandes aportes españoles al pensamiento universal y como un referente para afrontar los retos éticos y políticos del siglo XXI.
Intervención del papa León XIV sobre Salamanca:
Al hablar hoy de la persona humana, esta memoria conduce naturalmente a Salamanca y al pensamiento que allí maduró. La presencia simbólica en esta sala de los Reyes Isabel y Fernando remite a aquel momento en que España quedó situada ante responsabilidades históricas de alcance universal; pocos años después, Salamanca habría de asumir, con singular lucidez, la reflexión moral y jurídica que ese escenario reclamaba. En aquella sede universitaria, hace quinientos años, cuando se abrían mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos, algunos maestros comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente. Introdujeron así en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder. Hay que reconocer que la sociedad y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana.
Sin embargo, aquel interrogante abrió un horizonte intelectual y moral que desbordó su propio momento histórico. La intuición del totus orbis, de una comunidad humana más amplia que cualquier poder particular, permitía afirmar la existencia de vínculos jurídicos y morales entre los pueblos. Desde España, la reflexión de la Escuela de Salamanca —y de manera particular fray Francisco de Vitoria, junto con otros dominicos y jesuitas— contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes. Ese anhelo sigue hablando también hoy: que la dignidad, la justicia y el bien común sean la medida de las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional.
Esta es una de las grandes herencias de España. Haber unido la acción histórica con la lucidez de la razón moral. Aquella contribución nacida a orillas del Tormes, trascendió las aulas y las bibliotecas y llegó a formar parte de una conciencia más amplia, compartida por la comunidad internacional que sigue preguntándose cómo construir la paz sobre el reconocimiento de la persona y no sobre la imposición de la fuerza. Ese legado vive también en estas Cortes, cada vez que el legislador se pregunta cómo hacer que lo posible sea justo, lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede, legitimamente, vulnerar.




