Desde el pasado lunes 10 de agosto, existe un gran sentimiento de preocupación a nivel internacional debido al terremoto ocurrido en la zona noroeste de Colombia, que ha dejado un total de 295 fallecidos, 3.935 heridos y unos 320 desaparecidos según un nuevo balance publicado este sábado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Esta tragedia, causada por un temblor de magnitud 7,4 en la escala Richter, ha mantenido en vilo a las 1.163 personas colombianas que, según datos del Instituto Nacional de Estadística registrados en el año 2022, están asentadas en Salamanca.
Al ahondar entre este millar de vecinos salmantinos nacidos en Colombia, aparece el nombre de Héctor Saavedra, vicepresidente del Círculo Hispanoamericano de la ciudad y habitante de Salamanca desde hace más de dos décadas. Actualmente, cuatro son los integrantes de la unidad familiar que viven en la capital del Tormes: “Migré a esta ciudad después de que mi suegra y mi mujer lo hicieran; y, finalmente, nuestra hija nació allí hace ya 11 años”, explica Saavedra, propietario de un restaurante de comida colombiana en el barrio de Garrido.
“Era imposible moverse por el temblor de la tierra”
A pesar de estar su vivienda habitual en la capital del Tormes, el pasado 10 de agosto, Héctor y su familia se encontraban de visita en el municipio colombiano de Zarzal, ubicado en el Valle del Cauca. Desde este lugar, localizado a solo nueve kilómetros del epicentro del seísmo, relata la angustia vivida en el instante en el que se percibió el primer temblor, registrado pasadas las 7:30 horas: “Ese momento fue muy tenso. Yo estaba ya despierto y desperté de inmediato a mis familiares, que aún dormían”, recuerda el ‘salmantino’.

Saveedra asegura que, minutos después de la primera manifestación del terremoto, empezaron a ser conscientes de que se complicaba la capacidad de movimiento: “Nos quedamos dentro de la vivienda hasta que pasó el terremoto, pero fue muy frustrante porque era imposible moverse por el temblor de la tierra”. Más adelante, una vez pasado el primer seísmo, Héctor no dudó en ir a busca al resto de sus familiares que no estaban viviendo con él: “Fue necesario desplazarme hasta los domicilios en coche, ya que la luz y las líneas telefónicas se cortaron de inmediato”.
“Los ancianos aseguran que nunca han visto nada igual”
Tras haber podido revisar el estado de sus allegados, Héctor da gracias porque todos sus familiares cercanos se encuentran en buen estado de salud. En cambio, lamenta daños en varias de las viviendas: “En concreto, en el domicilio de mi madre parte del techo está a punto de derrumbarse, por lo que corre el riesgo de caerse sobre la vivienda contigua a la misma”.
Más allá de los detalles propios, el ciudadano de la capital del Tormes asegura, lleno de dolor, que la totalidad del municipio de Zarzal “se encuentra muy afectado” tras el terremoto acontecido: “Los ancianos aseguran que nunca han vivido nada igual”.

A nivel nacional, dichas consecuencias aumentan la sensación de desasosiego: “Poco a poco nos vamos enterando de lo que ha ocurrido en otros lugares de nuestra Colombia y estamos cada vez más desconsolados”. “En primer lugar, nos acordamos de las personas fallecidas y de las que, ayudando a otros, también han perdido la vida”, relata con dolor Saavedra, sin olvidar a “los que se han quedado en la calle tras ver cómo su vivienda se ha convertido en escombros”.
Ante la adversidad, la sociedad se mantiene unida: “Cualquier tipo de ayuda es fundamental”
Atendiendo a las palabras de Héctor Saavedra, este descontrol está causando a su vez necesidades urgentes entre la población colombiana por la escasez de recursos básicos como alimentos, materiales de uso médico, artículos de higiene personal, agua corriente o suministro eléctrico.
Esta preocupante situación contrasta radicalmente con la positividad que transmite la actitud servicial de la ciudadanía, que se está volcando en revertir la situación: “Cada uno está intentando colaborar en lo que puede y con lo que tiene, sin importar rasgos como el estatus social o la edad”. Además de la solidaridad ciudadana, Saavedra confirma que el trabajo de los bomberos y demás entidades públicas “está siendo esencial”.
En este sentido, Saavedra pone de ejemplo el trabajo que el pueblo está llevando a cabo para poder contar con cierta cantidad de agua, “la principal fuente de todas las necesidades básicas”: “Algunos vecinos nos estamos encargando de distribuir, con la ayuda de nuestros coches, el agua ubicada en los pozos para así hacerla llegar a las viviendas”.

Finalmente, este habitante de Salamanca hace también hincapié en la necesidad de colaboración por parte de instituciones o ciudadanos de otros países, alegando que “cualquier tipo de ayuda tanto personal como económica es fundamental”. En relación con este asunto, el Ayuntamiento de su ciudad residencial no se ha quedado atrás, enviando, tal y como confirmó el pasado jueves 13 de agosto, la cantidad de 10.000 euros para así suplir parte de las importantes necesidades atravesadas por el pueblo colombiano.



