Al pensar en la tradición, la cultura y los orígenes salmantinos, es muy probable que el pensamiento recree una imagen que, desde hace siglos, se ha convertido en uno de los símbolos más reconocidos de la ciudad de oro: el traje charro. Cada año, centenares de personas y agrupaciones de la capital y la provincia del Tormes continúan la tradición haciendo gala de la indumentaria más típica de Salamanca.
Estos trajes, enmarcados con sus tradicionales bordados y su reluciente joyería, han sido protagonistas un año más durante uno de los eventos más importantes de las Fiestas de Salamanca: la Ofrenda Floral en honor a Santa María de la Vega, que desde las 19:00 horas de este jueves ha robado las miradas de los salmantinos y turistas dispuestos a lo largo del recorrido.
Organizada por el Ayuntamiento de Salamanca en colaboración la Asociación del Traje Charro y con la Asociación de floristas de Salamanca, el evento ha arrancado a las 19:00 horas de la Iglesia del Arrabal para recorrer varias calles emblemáticas de la ciudad y finalizar en el atrio de la Catedral.
De esta manera, la XXXVII edición de la Ofrenda Floral se ha convertido un año más en el punto de encuentro de numerosas agrupaciones y asociaciones de la ciudad y de la provincia. Uno de estos grupos es la Asociación Flor de Salamanca, entre cuyos miembros se encuentra Carmen Ramos, “una institución de la tradición charra”.
Sus manos llevan décadas cosiendo y creando trajes charros que después visten numerosas personas. Este 2026, once son los miembros que han lucido sus creaciones durante la Ofrenda Floral en honor a Santa María de la Vega.
“Voy a cumplir un sueño hoy”
En cambio, horas antes del comienzo de la esperada ofrenda, en una vivienda ubicada cerca del campo de San Francisco, varias mujeres se preparan para vivir una experiencia que definen como “única”. Entre ellas, se encuentra Brígida García, una vecina de Carbajosa de la Sagrada de unos 50 años. Una vez su cuerpo viste el tradicional traje salmantino, en sus ojos puede percibirse la emoción de las primeras veces.
Con los ojos vidriosos y con una sonrisa de oreja a oreja, cuenta que, tras haber visto esta tradición durante años, este 2026 se le ha presentado la posibilidad de ser vestida por Carmen Ramos: “Aun siendo de la provincia, siempre que puedo vengo a ver la Ofrenda Floral. Es algo que siempre me ha llamado muchísimo la atención. Entonces, al ver año tras año cómo pasan, siempre he pensado ‘algún día quisiera ir yo’. Y este año voy a ir.”
Y es que, a pesar de haber estado siempre ligada a esta tradición, Brígida debuta como participante en la Ofrenda Floral y, por consecuente, experimenta por primera vez la sensación de vestir el arraiga y la cultura de su tierra. “En mi juventud dancé bailes charros en numerosas ocasiones. Y, esta vez, mi amiga Yolanda, que lleva toda la vida saliendo a la Ofrenda, me ha invitado a acompañarla”. “Es la ilusión de toda mi vida. Voy a cumplir un sueño hoy”, confiesa la salmantina minutos previos a la salida.
Además, Brígida ha tenido la oportunidad de unir esta vocación con su profesión: “Yo soy peluquera en Carbajosa de la Sagrada, por lo que ahora he podido peinar a cuatro de las mujeres que procesionan con nosotros en la Ofrenda Floral”.
“Cuando me visto me siento charra hasta la médula”
Otra de las personas que combinan su profesión con esta tradición es Yolanda San Román, florista y jardinera en Carbajosa de la Sagrada. Con 32 años a sus espaldas participando en la Ofrenda Floral, es también la encargada de elaborar los ramos que sus compañeros de agrupación llevan a la Virgen de la Vega. “La primera vez que me vestí tenía 26 años, ahora tengo 58”.
Cuando se le pregunta por la importancia que tiene para ella vestirse de charra, lo tiene claro: “Yo cuando me he visto me siento charra hasta la médula. Es como que me enraízo. Yo me siento muy de aquí, pero cuando me he visto más. Es muy especial”. En este sentido, añade que, después de haber viajado a otros países, también ha comenzado a valorar más la tradición: “Valoras muchísimo el traje, la belleza que tiene, el trabajo que tiene, todo lo que significa y lo que implica”.
Con estas palabras, Yolanda demuestra la vocación y el arraigo que siente por esta tradición, algo que también les ha inculcado a sus hijos. Una de ellas es Isabel, una chica de unos 20 años que, tras haber estado un año de Erasmus en la ciudad italiana de Sienna, ha vuelto a España con su sentimiento de arraigo a su tierra mucho más potenciado: “Cuando te vas a otro país, de repente la ciudad de donde eres tiene mucha más importancia en tu identidad. Allí son muy fieles a sus tradiciones y eso me ha inspirado a seguir con la tradición. No puede ser que sean solo las personas mayores quienes se vista, debemos seguir con la tradición”.
Las manos que bordan la tradición: "Carmen es una institución del traje charro"
La vivienda donde se preparan estas once personas pertenece a Carmen Ramos, a quien Yolanda define como “una institución del traje charro”. “Lleva toda la vida bordando y cosiendo trajes, incluso cuando trabajaba. Entonces, cada año viste a varias personas y esta vez somos once”, explica Yolanda.
“Ha compatibilizado siempre el trabajo con la costura y el bordado, creando así verdaderas maravillas, tesoros que cuando te los pones sientes todo ese trabajo y esa tradición”. Tal y como añade, Carmen Ramos viste desde que eran pequeños a sus tres hijos y, ahora, a sus nietos: “Es una saga”. Yolanda, según confiesa, se siente muy agradecida de poder formar parte de esta tradición: “Yo tengo relación con la familia de Carmen desde hace muchísimos años. Tuve la suerte de que empecé a vestirme y luego hemos mantenido ya la tradición”.
Por último, destaca la necesidad de valorar realmente el proceso que conlleva esta tradición: “Carmen no vestiría a cualquiera, únicamente a las personas que realmente valoramos esto y le damos la importancia que realmente tiene. El proceso de vestimenta es una ceremonia”, concluye.



