La llegada del otoño coincide con una de las etapas más fascinantes dentro del mundo animal: la gran migración de aves. Este acontecimiento se asemeja a una magna ceremonia donde principalmente los humedales y las dehesas del campo charro se convierten en un refugio estelar para las más de doscientas especies que aterrizan repartidas por la provincia de Salamanca.
En este viaje, miles de aves recorren cientos de kilómetros desde países del norte y centro de Europa, atravesando la “piel de toro” con destino África. Otras en cambio se quedan aquí para pasar el invierno porque hay mayor disponibilidad de alimento, mientras en otros casos están solo de paso porque se reproducen en sus lugares de origen, pero utilizan, por ejemplo, su estancia en Salamanca como área de descanso o de búsqueda de alimentación.
Que Salamanca sea elegida como un lugar de asentamiento para reproducirse o simplemente como lugar de parada es una buena noticia, “un buen indicador de que la salud del ecosistema está bien”, subraya Sonia Castellano de Arriba, educadora ambiental y técnica de campo de la Fundación Tormes-EB.
En la migración hay diferentes aves muy identificativas: las estivales que son las que se reproducen en la Península Ibérica; las invernantes y las que están de paso.

Dentro de esta clasificación, Sonia (que también es una gran amante de las aves, especializada en este ámbito desde hace cinco años) especifica que entre las estivales se encuentran especies que son sencillas de reconocer en los entornos urbanos como las golondrinas, vencejos, aviones, las cigüeñas o el cernícalo primilla.
Entre las aves invernantes, unas de las más características son las grullas, una especie proveniente de países de Europa del norte, que es muy de costumbres, y que cada año suele regresar a los mismos lugares donde se asienta para pasar el invierno. En el mes de octubre es cuando llegan a Salamanca para distribuirse principalmente por las dehesas atraídas por las bellotas de las encinas, primordiales en su alimentación. Otras de las especies que más vemos en invierno aquí, también muy identificable, según explica Sonia, es el milano real, al hay que distinguir del milano negro que es el que viaja desde África para pasar aquí el verano.
El papamoscas cerrojillo es una de las aves que tienen su migración postnupcial ahora hacia África y estas semanas está protagonizando su paso más fuerte, siendo fácil de ver en Salamanca capital, en el parque de los Jesuitas.

Entre los lugares idóneos para disfrutar de esta migración, Sonia apunta a Almenara, donde se encuentra el Centro de iniciativas ambientales Fundación Tormes E.B., así como el Azud de Riolobos al que describe como “uno de los enclaves de Salamanca para el paso migratorio y la invernada de las aves limícolas”, que son aquellas que viajan desde el norte y centro de Europa hacia sus cuarteles de invierno en el norte de África o en la Península.
Las dehesas salmantinas son también lugares muy buenos que funcionan como grandes refugios invernales; y dentro de la ciudad, algunos de los “oasis” que señala Sonia son el parque de los Jesuitas o Huerta Otea. También la ribera del río Tormes descrita como “una zona muy buena de paso de la oropéndola que viene de África en la época de primavera-verano para criar aquí o el ruiseñor”.
Aprovechando este gran viaje, cuyo Día Mundial recae en el 10 de octubre, este año bajo el lema "Cada ave cuenta: ¡tus observaciones importan!", es importante destacar el papel que juega la ciudadanía para la conservación de las aves que migran.
“Siempre tendemos en recaer el peso más grande en las administraciones, pero la ciudadanía puede cumplir una parte muy importante, realizando cosas tan sencillas en la época de cría como no molestar a las aves porque es un momento muy complicado para ellos al tener un gasto de energía muy importante. También reducir la contaminación todo lo que podamos, porque los residuos que nosotros desechamos, las aves las cogen para construir sus nidos. Por ejemplo, es muy habitual ver bolsas de plásticos en los nidos que aumenta su temperatura y también expone a los polluelos a que ingieran el plástico y mueran por asfixia”, afirma.

Por ello, educar a la población en este aspecto es importante. Desde la Fundación Tormes impulsan diferentes acciones para la protección y/o conservación de las aves migratorias: “Trabajamos en la recuperación de áreas degradadas para que se conviertan en hábitats para estas aves migratorias. En Almenara en una zona que era una gravera se hizo una restauración y ahora está convertida en un bosque de ribera y en un humedal que es zona de paso y reproducción de muchas aves. También insistimos mucho en el tema de la educación ambiental porque es importante que cada persona sepa interpretar la naturaleza. En este aspecto trabajamos con adultos, adolescentes, y escolares con los que hacemos talleres de aves para que sepan la importancia de una migración como esta, donde es increíble como pájaros tan pequeños que pesan apenas unos gramos vuelan 6.000 kilómetros para desplazarse de un lugar del mundo a otro y lo bien que se ubican. Animamos a que la gente salga a dar un paseo y anote las aves a las que ha escuchado porque eso nos sirve para muchos estudios”.
Desde la Fundación también realizan seguimientos de las aves a través de los censos para entender mejor la migración, donde aprovechan para el anillamiento. “Anillar a las aves es muy interesante porque obtenemos muchos datos. En Almenara nos gustaría hacer anillamientos, que consiste en asignar un código que funciona como nuestro DNI, que se vuelca en una base de datos y después se puede leer desde otros países. Es increíble cuando capturas a un ave que ha sido anillado en otro país y está realizando la ruta migratoria”.

Además de los talleres, en Salamanca también hay paseos abiertos a todo el mundo por la ribera del Tormes donde se puede escuchar cantos de diferentes aves migratorias que se complementan con una exposición itinerante sobre nidos y residuos que ahora va a ir recorriendo diferentes pueblos de la provincia de Salamanca; ahora está en Béjar y próximamente llegará a Ledesma.
De cara al futuro al que se enfrentan las aves migratorias, el ser humano juega un papel clave, donde Sonia recalca que uno de los principales problemas es la fragmentación de espacios naturales: “Cuanto más fragmentados estén los hábitats menos espacio tendrán estas aves, que necesitan humedales para hacer el viaje, y más baja es la tasa de supervivencia”. A esto se suma el cambio climático, las colisiones con los tendidos eléctricos o las ventanas, la contaminación lumínica o los pesticidas.



