Cuando la convivencia intergeneracional se convierte en medicina: "Gracias a esta iniciativa tengo un hogar de verdad”
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Cuando la convivencia intergeneracional se convierte en medicina: "Gracias a esta iniciativa tengo un hogar de verdad”
Gracias al Programa de Alojamientos Compartidos de la Universidad de Salamanca, personas como Lucía y Amelia conviven en un día a día lleno de empatía, aprendizaje mutuo y generosidad
Cuando la convivencia intergeneracional se convierte en medicina: "Gracias a esta iniciativa tengo un hogar de verdad”- Ayuntamiento de Salamanca
“Me pareció un proyecto muy bonito. Quería un ambiente tranquilo donde poder estudiar y, al mismo tiempo, aportar mi granito de arena acompañando a una persona mayor en su día a día”. Tras estas emotivas declaraciones se encuentra Lucía, una estudiante colombiana de 23 años que, mientras buscaba opciones de alojamiento con el objetivo de emprender una nueva etapa en la capital del Tormes, dio con el Programa de Alojamientos Compartidos de la Universidad de Salamanca hace dos años.
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Gracias a esta iniciativa, esta joven llegó a la vivienda de Amelia, una mujer de 83 años que hace tres se encontraba en una situación en la que la falta de compañía le hacía mella: “Me sentía sola, y la soledad no es buena compañera. La casa se me quedaba muy grande y muy vacía porque mis hijos viven fuera y mi marido falleció hace cuatro años”. En cambio, fue gracias a una amiga que conoció el papel que la Universidad de Salamanca lleva décadas empeñando a favor de la convivencia intergeneracional.
Como fruto principal de esta trayectoria se encuentra el citado Programa de Alojamientos Compartidos de la Universidad de Salamanca, nacido en el año 1997 e integrado en el Programa Intergeneracional del Servicio de Asuntos Sociales (SAS) con un objetivo: “Promover el envejecimiento activo y mejorar de la calidad de vida de las personas mayores y del alumnado universitario facilitando las relaciones intergeneracionales en el marco de una convivencia solidaria”. Así lo resume Carmen Bermejo, coordinadora del Programa Intergeneracional del SAS de la USAL.
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Según detalla Bermejo, esta solidaria propuesta surgió hace 29 años fruto de la colaboración entre la Universidad de Salamanca a través del Servicio de Asuntos Sociales en convenio con la Junta de Castilla y León y los ayuntamientos de Ávila, Salamanca y Zamora. Por lo tanto, este es un proyecto que no solo se encuentra en Salamanca: “Se desarrolla también en el resto de provincias de nuestra comunidad autónoma de la mano de las universidades públicas y los ayuntamientos correspondientes”.
Así, el funcionamiento detallado de esta iniciativa puede consultarse de manera presencial en la segunda y tercera planta en el Patio de Escuelas, a través del correo electrónico intergeneracional@usal.es o el teléfono 923 294637. En concreto, el proyecto consiste en el hecho de que una persona mayor acoge en su casa a un estudiante de la Universidad de Salamanca que necesita trasladarse por estudios, ofreciéndole alojamiento a cambio de compañía, ayuda y el apoyo que acuerden previamente.
Según Bermejo, este proyecto le cambia la perspectiva a ambos participantes: “A los jóvenes les aporta madurez, tolerancia y un referente vital; mientras que a las personas mayores les inyecta vitalidad, ilusión y la satisfacción de seguir siendo útiles y escuchados”.
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Cartel del programa de Alojamientos Compartidos - Junta de Castilla y León“Es una oportunidad para aprender a ser más generoso”
Un ejemplo de este tipo de alojamientos es el hogar que, tras dos años de convivencia, han construido Lucía y Amelia. Al ahondar en esta historia, surge una pregunta: ¿cómo es el día a día en un piso en el que viven una persona joven y una persona mayor juntas?
Según explica la mujer de 83 años, aunque cada una cuenta con un horario distinto, no faltan los ratos, los momentos y las experiencias en común: “Solemos comer y cenar juntas y nos contamos cómo ha ido el día o hablamos de cualquier cosa. Si coincide, también vemos un rato la televisión o tomamos un café después de comer”, cuenta orgullosa. En esta intervención, la joven tiene un detalle que añadir: “Nos encanta ver juntas los programas de ‘Pasapalabra’ y ‘Masterchef’”.
En cambio, además de los momentos de convivencia dentro de casa, tampoco se quedan atrás las tardes en las que salen juntas a la calle: “Hay algunos días en los que vamos a la compra y tenemos previsto ir de tiendas porque Lucía tiene que comprarse ropa de abrigo”.
“Es una oportunidad para aprender a ser más generoso”. De esta manera, la joven asegura que, gracias a estos momentos de convivencia intergeneracional, el aprendizaje mutuo es un aspecto esencial en su día a día: “Yo le ayudo con el móvil y ella me enseña a cocinar. Me encanta escuchar historias de cómo era Salamanca o la vida antes. Le ayudo con la tecnología, le explico cosas del día a día y nos reímos muchísimo”.
“Gracias a esta iniciativa tengo un hogar de verdad”
“Convivir con iguales a veces te encierra en tu propia burbuja”. Con esta declaración, esta joven de 23 años argumenta su respuesta ante un ideario general que relaciona la viva estudiantil en Salamanca con la juventud, la alegría y el ambiente festivo: “Vivir con una persona mayor te conecta con la realidad, te enseña a empatizar y te aporta una complicidad que no cambiaría por nada”.
A esto, según explica, se suma la inquietud por vivir en un país distinto al lugar donde nació. En este sentido, gracias al Programa de Alojamientos Compartidos de la Universidad de Salamanca, Lucía ha conseguido encontrar una segunda casa a miles de kilómetros de su ciudad natal: “Tengo un hogar de verdad, no un piso donde cada uno va a su bola. Sé que, cuando llegue a casa, va a haber alguien que se va a preocupar por cómo me ha ido el día o el examen”, declara, haciendo hincapié en que en este piso “el ambiente de estudio es inmejorable”.
Dejando a un lado los beneficios propios, la joven no quiere dejar de mencionar que, tal y como demuestra su experiencia, “las personas mayores que acogen en sus casas a una persona joven muchas veces tienen el espíritu y la mente más vivos y abiertos que los propios jóvenes”. Por su parte, para Amelia todo han sido ventajas desde que Lucía vive con ella. Cuando se le pregunta por estos beneficios, destaca la seguridad que le aporta a su día a día: “Convivir con Lucía me da la tranquilidad de saber que no estoy sola si algún día me pasa algo”, explica la mujer.
Por supuesto, no se olvida de lo que para ella es el punto fuerte de este proyecto: la compañía. “Hace tres años, la casa se me hacía muy grande y me sentía sola, ahora las cosas han cambiado. Por ello, debo darle las gracias a la Universidad de Salamanca”. De esta manera, Amelia deja claros los giros que su vida ha dado gracias a la institución salmantina, que no deja de luchar por que este tipo de proyectos sigan aportando vitalidad, aprendizaje y convivencia.