Raquel Romo ha cumplido el sueño de esa niña que daba botes en la pista de baloncesto de La Milagrosa. La salmantina se ha convertido en la primera entrenadora de Avenida y lo ha hecho gracias a un actitud positiva, mucho trabajo y mucha responsabilidad en cada una de sus tareas.
Sigue la ilusión intacta de aquella niña que daba botes al balón en el patio de La Milagrosa. “Es así. De ahí nace todo. Desde pequeñita que empecé a jugar y disfrutaba en el patio del colegio jugando. De ahí nace todo. Sigo con la misma ilusión. Cada vez que veo baloncesto, dirigiendo o entrenando, en mi cabeza está esa ilusión. Y se refleja con la sonrisa que tengo en la cara”.
Eso demuestra que los sueños se cumplen. El problema es que muchos no tienen paciencia en el camino. “Totalmente. Los sueños se cumplen, pero tienes todo un camino por recorrer, en el cuál no puedes frustrarte por algo que no sabes si va a ocurrir o no. Lo que tienes que hacer es ir disfrutando, ir trabajando y estar tranquila. Si llega, perfecto; si no llega, no será un fracaso. Simplemente es que ese sueño no se ha alcanzado. La clave es cómo te lo pones en la cabeza”.
Lleva con mucha naturalidad ser la entrenadora de Avenida. “No lo siento como otra cosa, lo tomo con naturalidad. Al final, es entrenar. Llevo muchos años como ayudante de muchos primeros entrenadores que me han dado mucha cancha y me han dejado muchos momentos de pista, de scouting, de dirección de partido. El paso de ser ayudante a entrenador conlleva otro tipo de gestiones y de trato con las jugadoras. Pero al final eres entrenador de baloncesto y creo que es natural asumir ese paso”.
¿Cómo fueron sus primeros pasos en el mundo del baloncesto? “Empecé jugando en el cole y de ahí paso a formar parte de lo que era Halcón Viajes. Estuve un par de años en junior, después seguí jugando un par de años más en Primera Nacional. Y más tarde empiezo a compaginar entrenar colegios y la escuela de Avenida o de Halcón Viajes. Voy pasando por todas las categorías de formación, con selecciones de Castilla y León y de España y en los últimos trece años formo parte del cuerpo técnico del primer equipo como ayudante. Luego compagino un trabajo externo con entrenar. Al baloncesto lo veo como eso que siempre va conmigo. Entonces he compaginado las dos cosas durante un tiempo. Pedí una excedencia de dos años para poder dedicarme como ayudante en baloncesto y ahora asumo este puesto y de nuevo pido una excedencia”.
Siempre ha estado echando una mano donde se le necesitaba. “Sí. Me considero una persona de club. Y persona de club para mí es que, si hace falta entrenar al cadete, voy a entrenar al cadete. Si hay que hacer trabajo individual con una jugadora porque el equipo ha viajado fuera y yo no he viajado, pues hago trabajo individual. Me considero una importante de este club y con ganas de trabajar”.
Es muy importante dar el máximo en el rol en el que te incluyan, aunque sea secundario. “Es así. Una vez que asumes ese compromiso de estar en el club, tienes que asumir el rol que tienes. Y es la clave del éxito no tuyo, del éxito del equipo. Que cada uno entienda su rol y de lo mejor de sí en ese rol. Sin mirar nada más, ni compararte con nada. Si brillas en tu rol y das tu cien por cien, el equipo se beneficia”.
Siempre ha estado al servicio de la Federación Española de baloncesto y ha pasado por casi todas las selecciones inferiores hasta llegar como ayudante a la absoluta. “Soy muy afortunada por estar en la Federación. Somos muchos entrenadores y es muy difícil llegar a categorías de formación y a la absoluta. Hay mucha calidad. Para mí es un lujo y me siento muy agradecida. Disfruto cada vez que voy y saco lo mejor de cada experiencia”.
¿Qué ha ido absorbiendo de cada primer entrenador que ha tenido? “Muchísimas cosas. Pero no voy a desvelar secretos (ríe). Ha sido una formación continua desde que estoy ayudando desde el primer equipo y también en las selecciones. He estado con muy buenos entrenadores y de todos me llevo cosas. Algunas las veo de la misma manera y otras las veo de otro y eso me hace pensar en “yo lo haría de esta manera”. Pero de todos me han dado para pensar en cómo quiero que sea mi baloncesto”.
Ahora le toca volar como primera entrenadora. ¿Qué cambia? “Lo primero que cambia es la forma en la que piensas en el equipo. Cuando eres ayudante, estás pensando en lo mejor para el equipo. Pero ahora también piensas en lo demás. No solo en el trabajo con esta jugadora, sino en qué es lo mejor para el equipo en esta semana, en este viaje… engloba más funciones. Tengo gente alrededor que me lo pone muy fácil. Esa primera andadura está resultándome muy cómoda”.

Hay algo que nunca se ve en el parqué, que son las situaciones personales de los deportistas. Y eso afecta mucho a su juego. Eso también hay que manejarlo en el día a día. “Totalmente. Por eso hay que conocer la gente que trabaja contigo. Lo acabas de decir, somos personas. Un día puedes llegar y que tu sonrisa esté torcida. Para eso es importante la comunicación y confiar los unos en los otros y entender que quizá hoy no es mi día, pero sí del que tengo al lado. Y entonces hay que dejarle claro que no es su día, pero que vamos a estar para apoyarle y también para darle su tiempo y que vuelva más fuerte. Eso creo que es algo que hacemos con cada uno de las personas del equipo”.
Es un “nuevo comienzo” de Avenida, pero también una nueva oportunidad. “Sí. De hecho, cuando hablo con Pablo para decirle que voy a llevar al equipo y que quiero que esté conmigo, me dice: “Es una oportunidad muy buena”. Es cierto que cambiamos el chip y que cambian ciertas condiciones del equipo como el presupuesto. ¿Pero qué identidad queremos tener? Queremos ser ese club que da guerra, ese club humilde y que va a una. Eso teníamos claro que no tenía que cambiar. Y ahora hay que mostrarlo y que no sean palabras”.
La afición ha respondido al momento complicado y está muy receptiva. La Marea Azul viene con la intención de reinventarse. “Estamos muy agradecidos de la respuesta del público y de eso que acabas de decir, que viene la gente con esa ilusión. Tenemos jugadoras que en un primer momento son más desconocidas, pero estamos viendo esa conexión del equipo y la grada. Queremos que siga creciendo y queremos darle momentos chulos de disfrutar. Ha habido momentos espectaculares en casa”.
Me ha llamado la atención que clasificatoriamente no os habéis puesto un objetivo, pero el objetivo real en deporte es intentar ser mejor cada día. “Exacto. El objetivo es ese. Pero el resultado marca mucho en el deporte. Si somos cabezas de ponernos como objetivo el mejorar cada día un poquito más, aunque sea un 1% de cada jugadora, el equipo ya está mejorando un 10% cada día. Ese tiene que ser nuestro objetivo. Y estoy segura de que si cada día lo hacemos así, competiremos mejor cada día”.
En Salamanca nos cuesta mucho dar la oportunidad a personas formadas de nuestra propia provincia, ¿por qué cuesta tanto confiar en los nuestros? “No sé si es una cuestión de los salmantinos. Las oportunidades llegan en los momentos que surgen. Hay que estar en el sitio adecuado y en el momento adecuado. Es un poco eso. Hay que formarse, tener paciencia y cuando llegue la oportunidad, tienes que estar preparado. A lo mejor hace X años, no tengo el sentimiento de estar preparada para hacerlo”.
¿Cuál es el sueño que te queda por cumplir? “Tengo muchos sueños. Al final, para mí, no tengo una lista de deseos. Voy bastante día a día y voy haciendo lo que me gusta. Como lo disfruto, no tengo una lista. Voy a tener uno fácil: que el próximo domingo tengamos un partido que lo disfrutemos todos juntos”.



