Una mano tendida hizo que Abel y Marcelo terminaran en Salamanca. Una ciudad en la que buscan una oportunidad y un futuro que no veían en sus países de origen. Aseguran que Salamanca les ha dado una buena acogida y que se sienten “a gusto”.
Abel empezó su periplo en España hace 16 años. En Cuba no vivía mal, era seleccionador nacional de Judo. “Vinimos a España en una preparatoria y nos quedamos ocho”, asegura mientras recuerda que “quería cambiar de vida, independizarme del comunismo”. Una decisión que cambió su vida radicalmente porque “no lo hice fácil yo”. De hecho, durante varios años vivió en la calle, lo que le ha pasado factura. “He estado en Madrid, Sevilla, Valencia, … todo ese tiempo fue andando en la mala vida, perdido total” y añade “viví en la calle porque yo quería, porque el camino que cogí no era bueno”. Su caso salió incluso en periódicos nacionales.
Para el Salamanca ha sido su oportunidad de tener una vida mejor. “Venir a Salamanca fue un milagro de Dios, después de tantos años estando en la calle, drogándome y siendo una escoria dio la casualidad de que un policía en Madrid me quiso ayudar. El conocía a Manolo (Manuel Muiños) y me dio la opción de venir con él si quería recuperarme. Acepté y Manolo me recibió rápido. Eso fue hace dos años y dos meses”.
Una decisión que ha cambiado su vida. “Ahora soy un ser humano, soy una persona hecha y derecha y eso no se paga”. En estos momentos de su nueva vida está haciendo cursos y tramitando la documentación que le falta para poder buscar un trabajo y empezar de cero, pero con ilusión. “Yo nací de nuevo, soyo un niño que ha vuelto a nacer”, concluye.

Marcelo lleva menos tiempo que Abel en España. El llegó en plena pandemia “por una cuestión de asilo político” y hace dos años vive en Salamanca. Ya tiene la residencia y su siguiente reto es encontrar un trabajo. Desde aquí ayuda a sus padres, que viven en Ecuador. Marcelo habla con nostalgia de su familia, pero tiene claro que necesita quedarse en España. Asegura sentirse bien en nuestro país. “Hay gente buena y mala, como en todos lados, yo he tenido la oportunidad de encontrarme con las personas adecuadas desde que llegué a Salamanca o en Madrid igual”. En Madrid recibió ayuda en la iglesia de La Almudena, donde estuvo durante el Covid y asegura que en la capital si sintió discriminación de algunas personas aunque “también hubo mucha gente que me dijo una mano”. Su llegada a Salamanca le ha dado tranquilidad, aquí asegura no haber sentido “rechazo” y espera poder labrarse aquí un futuro.




