En los pueblos de Salamanca, donde las noticias corren rápido, pero los problemas a veces se callan, el cáncer sigue siendo una palabra que se pronuncia en voz baja. No es solo una enfermedad, es un cambio brusco que altera la vida diaria y obliga a reorganizar rutinas, citas médicas y apoyos en un entorno donde a veces cuesta hablar de lo que se siente.
Frente a esta situación, tan habitual en muchos pueblos de Salamanca, la Asociación Española Contra el Cáncer y la Guardia Civil han comenzado a trabajar juntas. Ambas coinciden en que todavía hay personas que sufren la enfermedad a solas, bien porque no se atreven a hablar, porque desconocen los recursos disponibles o porque creen que pedir ayuda puede ser un problema para quienes les rodean.
Por eso, y por primera vez de forma coordinada, ambas entidades han iniciado un trabajo conjunto para romper ese silencio y acercar acompañamiento donde más falta hace. La psicóloga Sara Batanero, responsable de las sesiones formativas, lo resume en una idea sencilla pero contundente: “El diagnóstico es una ruptura con la vida de cualquier persona, y en los pueblos esa ruptura muchas veces se vive en soledad”. Sus talleres buscan precisamente lo contrario, abrir espacio a la palabra, a la empatía y a la comprensión.
La Guardia Civil, que conoce cada rincón de la provincia y mantiene contacto diario con cientos de vecinos, se convierte ahora en un puente esencial, el enlace entre la AECC y quienes, por motivos económicos, geográficos o emocionales, no siempre pueden llegar a tiempo a pedir ayuda. La formación que ha recibido la Guardia Civil el pasado 14 de noviembre y el 1 de diciembre es el primer paso para transformar esa presencia cotidiana en una herramienta de apoyo real.
Así empieza una iniciativa que pretende garantizar apoyo a cualquier persona con cáncer, también en las zonas más pequeñas de la provincia.
Sara Batanero, psicóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer en Salamanca, ha sido la encargada de impartir la formación a la Guardia Civil y a sus familias, y su punto de partida siempre es el mismo y es ponerse en el lugar de quien recibe un diagnóstico que cambia la vida de un día para otro.





