Trabajar con las manos, desapegado de las máquinas y la nueva tecnología es un oficio que la juventud divisa cada vez como algo más lejano. De hecho, en los tiempos que atravesamos cuesta encontrar artesanos, mientras que los pocos que hay están siendo “maltratados”. Son así, una especie en peligro de extinción que se niega justamente a eso, a extinguirse, a desaparecer, a quedar en el olvido…
Ayuda y ayudas es lo que necesitan y lo que están buscando para poder seguir manteniendo vivo un legado que en algunos casos se remonta cinco generaciones atrás. Visibilidad y publicidad, dos cualidades forzosas que estos luchadores, los artesanos, tienen que hallar contra todo pronóstico.
Cualidades que por fortuna han encontrado en Salamanca durante esta pasada feria. El Colegio Mayor de Santiago el Zebedeo, más conocido como Colegio o Palacio del Arzobispo Fonseca ha sido el escenario elegido para acoger y lucir multitud de obras artesanales durante el fin de semana del 16 de septiembre. Lugar de reunión de una treintena de artesanos procedentes de todos los rincones de Castilla y León, y por supuesto de la provincia charra.
Desde Mozárbez, Matilla de los Caños del Río, Herguijuela de la Sierra y Santibáñez de Béjar se presentaron en el casco urbano un tapicero, joyero, juguetero y balancero con quien este medio estuvo charlando para conocer a parte de su trabajo, cómo es su lucha y sobre todo cómo es su reconocimiento en la era de las nuevas tecnologías.
A tan solo 12 km de la capital, en Mozárbez, se refugia el taller de Francisco Sevillano, uno de los pocos tapiceros que sobreviven en la provincia. El principal motivo de su presencia en este mercado artesano ha sido, según reconoce, “darme publicidad y colaborar para que el medio rural mejore porque nos tienen abandonados”.
El mismo Francisco es quien pese a admitir que “al mercado ha venido y ha comprado mucha gente”, asegura que “la artesanía ha perdido bastante atractivo porque casi no hay seguidores ya que en los talleres ya no hay aprendices”. Insistiendo, al mismo tiempo que “habría que impartir cursos para que estas profesiones por lo menos no se perdieran”.

Respecto a la convivencia entre las nuevas tecnologías y el mundo artesanal, Sevillano muestra desapego e incomprensión: “Estoy en contra de las grandes superficies y sobre todo de las nuevas tecnologías porque son una de las razones por la que se están perdiendo los oficios artesanales”. Además, aclara que “no entiendo si somos artesanos porqué debemos tener tarjeta para cobrar a la gente. Si somos artesanos habrá que pagar en dinero”.
Desde Matilla de los Caños, con 18 años de trabajo a sus espaldas, la Platería Cordón admite que “estar en este mercado es muy importante a nivel de publicidad porque además es una feria que se ha publicitado mucho en los medios de comunicación. Está teniendo muy buen acogimiento por parte del público”.

Una oportunidad que desde Cordón aseguran que “sí ha merecido la pena”. Destacando que la artesanía “es algo que cada vez se valora menos, pero donde sí hay gente interesada que compra y que saben diferenciar lo que es artesanía y lo que es comprar en la capital y llevarlo al pueblo”.
En la misma sintonía se mostraban desde la juguetería Maguetes, cuyo taller se encuentra en Herguijuela de la Sierra, reconociendo que “todo lo que hacemos son piezas exclusivas, talladas a mano y con un color diferente. Es muy difícil que haya dos iguales”. Desde el puesto de juguetes reconocen que la artesanía “ha ganado interés desde la pandemia, aún así a la gente le cuesta comprar. En nuestro caso mucha gente que pasa dice que los niños ya tienen muchos juguetes, y lo suyo es que no cojan tanto plástico y nos compren a nosotros más”.

Asimismo, Maguetes garantiza que “nuestro trabajo es de supervivientes”, señalando que “nos ha costado la marcha desde el paso de la pandemia, por eso la presencia en este tipo de mercados es importante, aunque nosotros solemos estar en ferias más grandes”. Al mismo tiempo indican que “la única pega que tenemos es que nos cobran bastante dinero por ir a ferias grandes, desembolsando incluso 1.000 euros. Son cifras muy altas. Además, tenemos que pertenecer a una organización que es la artesanal de Castilla y León y solo nos pagan esas. Si salimos lo tenemos que poner de nuestro bolsillo”.
Finalmente es Manuel Jaén, el único romanero que ya queda activo en España, reconocido como maestro artesano por parte de la Junta de Castilla y León, quien ahora lleva las riendas de una fragua asentada en Santibáñez de Béjar que pertenecía a su tatarabuelo: “No suelo participar en ninguna feria, pero si he participado en algún mercado de artesanía aquí en pueblos de la provincia o en Salamanca capital. Por ejemplo, en mayo estuvimos en el Museo del Comercio e hicimos una exposición sobre el bordado serrano y cómo diferentes artesanos lo implementábamos en nuestros productos.
En mi caso hice grabaciones sobre el metal con la fresadora de diferentes motivos del bordado popular serrano, y luego hubo a finales de junio un mercadillo en la plazuela del Museo del Comercio y lo visitó bastante gente”.

Ello ratifica la repercusión que tienen estos mercados y sus importantes beneficios para la artesanía: “Pese a los tiempos que corre, se ha tomado mayor conciencia y se buscan trabajos exclusivos, bien hechos, y trabajos tradicionales, porque somos los únicos y ya los últimos poseedores de este conocimiento, entonces eso se aprecia”. Sentenciando que “aunque la artesanía esté en riesgo, para eso estamos los que quedamos, para dar batalla”.
Y, en apoyo a esa batalla es Adrecag, la asociación para el desarrollo rural y económico de las comarcas del Campo Charro, Alba de Tormes y Guijuelo quien vio la luz en 2019 para iniciarse y sumarse a esta lucha de supervivencia del mundo rural y artesanal: “Decidimos potenciar la artesanía en el mundo rural porque es una materia poco conocida y poco trabajada”, confiesa María Rosa Martín, gerente del grupo de acción local Adrecag.
Un proyecto que nació con el fin de ayudar pero que ha tenido que estar parado obligatoriamente por la pandemia: “Tuvimos muchas complicaciones y un gran retraso. Nos ha costado mucho esfuerzo de tiempo y trabajo sobre todo de campo porque hemos llevado a cabo una labor de visita a todos los territorios, que nos ha permitido descubrir a muchos artesanos que han querido participar”.

Adrecag está presente, además de en Salamanca, en Valladolid, León y Zamora: “Hemos seleccionado a cinco artesanos por cada grupo. En total han venido 29 artesanos a Salamanca con aplicación de nuevas tecnologías, grupos de formación... Todo ello finalizado con un seminario y una feria en el Palacio de Fonseca.”.
Respecto al acogimiento del mercado artesanal durante la Feria Virgen de la Vega 2022, María Rosa reconoce que “la gente ha respondido muy bien y en un sitio que no podía ser mejor. Celebramos un seminario donde los artesanos han podido contar su situación real en el mundo actual, y con ello vamos a elaborar un documento de conclusiones con lo que los artesanos solicitan y reivindican para que nosotros podamos pedir a las autoridades y beneficiarles a ellos”.
Finalmente, expresa que “es la primera vez que se hace en la artesanía este proyecto vinculando el mundo rural y el urbano. Aunque tengamos espacios diferentes depende uno de otro, y algunos exportan hasta en New York.
Aquí en Salamanca ha sido un éxito porque se ha traído lo bueno del mundo rural para darlo a conocer en el mundo urbano”.




