Mientras para la mayoría de las familias la llamada ‘vuelta al cole’ protagoniza las últimas semanas del mes de agosto, para los hogares con hijos con Necesidades Educativas Especiales (NEE) el inicio del curso comienza mucho antes. Según apuntan profesionales, para estos niños y adolescentes un cambio brusco de rutina no es una simple molestia, sino un reto que puede provocar cuadros de ansiedad, desregulación emocional o trastornos del sueño si no se gestiona de forma progresiva. Por ello, la preparación de la transición hasta septiembre es clave.

Una entidad especialista en estos casos es la Asociación Ariadna Salamanca, que, con la ayuda de su Centro Concertado de Educación Especial ‘La Cañada’, trabajan con alumnos con Trastorno del Espectro del Autismo. Tal y como explican desde la entidad, su modelo educativo está basado en los principios de normalización, inclusión y participación, siendo su objetivo fundamental ofrecer a los alumnos, además de la atención y los recursos especializados que necesitan, oportunidades de interacción e intercambios sociales y comunicativos.
En este sentido, según los datos recopilados por CSIF para el curso 2025/2026, la comunidad de Castilla y León cuenta con 12 centros públicos de Educación Especial y 19 aulas sustitutivas o específicas en centros ordinarios. Este sistema atiende a un total de 1.043 alumnos con necesidades educativas especiales: 877 matriculados en centros específicos y 166 en aulas sustitutivas. Por provincias, Salamanca se coloca en el sexto puesto de la lista con 92 alumnos.
En el caso de la provincia del Tormes, la preparación de la vuelta al cole se hace más fácil con programas como el de ‘Respiro Escolar’ de la Junta de Castilla y León, que permite que centros de Educación Especial abran sus puertas en periodos no lectivos y estivales, permitiendo la conciliación laboral de las familias salmantinas e impulsando la continuidad de las rutinas. Por su parte, la citada Asociación Ariadna cuenta también con este servicio.
La anticipación: la clave para frenar la ansiedad
En términos generales, evitar que la vuelta a las aulas genere ansiedad en menores neurodivergentes recae, según afirman profesionales como la plataforma digital ‘Busca y Encuentra’, en abordar este regreso de forma progresiva a través de la anticipación.
En este sentido, las familias suelen intentar no esperar al primer día de clase para recuperar los hábitos escolares, ajustando paulatinamente semanas antes las horas de sueño, las comidas y el tiempo de pantallas. Para hacer este proceso más predecible, resulta muy útil también apoyarse en cuentas atrás visuales o calendarios que permitan al alumno comprender con claridad cuánto falta para el inicio del curso.
A la hora de preparar el entorno, también se describe como útil el hacer partícipe al menor de los preparativos, como la compra del material, y explicarle con días de antelación qué personas, aulas o rutinas se mantendrán y cuáles van a cambiar.
“Hemos pasado de la anticipación por pictogramas a la anticipación verbal”
Esta preparación la conocen de primera mano Juan y Zara, padres de José y Manuel, dos mellizos de 12 años con autismo. Según como relatan, su historia dio un vuelco cuando los niños tenían un año y medio de edad y comenzaron a notar signos de hiperactividad y dificultades para interactuar. Tras un viaje a Uruguay y recibir el diagnóstico de TEA, la pareja se sintió “totalmente perdida”.
Fue entonces, al regresar a Salamanca, cuando Juan y Zara contactaron con la Asociación Ariadna y su Centro Concertado de Educación Especial (CCEE) La Cañada. “La respuesta fue como un rayo de luz para nosotros. Nos volvimos y desde entonces aquí estamos. Nos ayudaron en todo desde el minuto uno”, relatan los padres. Tal y como explican, gracias a la ayuda de profesionales de atención temprana de la asociación y a la asistente personal Alicia Abril Sauca, del Centro Educativo Convergente, empezaron a “trabajar metas básicas como lograr que se sentasen a comer, salir a la calle o retirar el pañal”.
En relación con la vuelta al cole, esto también ha requerido una adaptación paulatina. “Cuando eran pequeñitos necesitaban anticipación con fotos reales del colegio, de sus profesores y de la mochila. Aun así, sufrían ansiedad y les costaba mucho dormir”, explican los progenitores, dejando claro así el reto que puede llegar a ser para muchos niños y niñas enfrentarse a cambios bruscos de rutina.
Con los años, la preparación ha evolucionado: “Ahora acuden en verano al programa de Respiro Escolar de La Cañada. El día antes de empezar el curso lectivo metemos el babi en la mochila para que asocien que ya se quedan a comer. Hemos pasado de la anticipación por pictogramas a la verbal”, concluyen Juan y Zara, explicando así los logros conseguidos gracias a la anticipación y la preparación.
“Para nosotros es muy importante que puedan estar en un colegio de educación especial”
El itinerario de José y Manuel pone sobre la mesa, tal y como reclaman, la necesidad de contar con apoyos suficientes en la escuela ordinaria y el papel crucial de los centros de educación especial.
Los mellizos comenzaron la etapa infantil en un colegio público donde, según explican sus padres, la falta de la figura del asistente personal complicó la adaptación: “Fue muy complicado incluir a los niños en aquel colegio, con tantos alumnos por aula y sin una atención personal para ellos. Hay muchos niños que necesitarían un asistente personal y es algo que urge reforzar en la educación pública”.




