Noticias televisivas, periódicos, programas de radio y hasta redes sociales. La mayoría de las plataformas comunicativas giran, desde el pasado miércoles 23 de septiembre, en torno a un asunto que ha sobrecogido a la sociedad española e incluso ha cruzado fronteras: la crisis de la vivienda. Desde el momento en el que se ejecutó, a pesar de la oposición pública, el pasado miércoles el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años que llevaba viviendo en el mismo piso del barrio de El Retiro de Madrid más de siete décadas, la opinión pública ha estallado.
Manifestaciones por toda España, concentraciones y hasta una acampada que conquista la Puerta del Sol de Madrid desde el pasado sábado 26 de septiembre se han convertido en un símbolo de la lucha social con un objetivo claro: la modificación de la situación en cuanto al acceso a la vivienda en España, que se posiciona desde hace meses como el asunto que más preocupa a la población con un porcentaje del 43%, tal y como apunta la última encuesta del CIS.
Todo este movimiento motiva a hacerse una pregunta: ¿cómo está la situación en Salamanca capital y en su provincia? En este sentido, el territorio charro ha aumentado, según apunta la empresa Idealista, un 9,1% el precio del alquiler en relación con el pasado año 2025. Además, según el Censo de Población y Viviendas del INE, de las 63.990 viviendas principales de la capital, el 15,8% estaba en régimen de alquiler en el pasado año 2021.
La realidad salmantina: alquileres temporales en fraude y “pisos troceados”
Al analizar las dinámicas del mercado en la ciudad y en la provincia, la Asamblea de Inquilinas de Salamanca desmonta el argumento institucional sobre la falta de oferta. “En una provincia profundamente despoblada los precios del alquiler y de la compra no dejan de subir; por tanto, el problema no es la falta de oferta, sino el uso que se le da a esa vivienda”, argumentan.
Entre las irregularidades más frecuentes detectadas en la zona destacan dos fenómenos preocupantes. Por un lado, el alquiler temporal en fraude de ley, “con contratos de 11 meses que se renuevan consecutivamente durante años para aplicar subidas de renta arbitrarias”. Y, por otro, se encuentra la práctica de “trocear” pisos eliminando salones o zonas comunes para alquilar hasta cuatro o cinco habitaciones por separado: “De este modo, al volverse inasumible el coste de una vivienda completa, se fuerza a los inquilinos a pagar por estancias individuales, maximizando el beneficio del arrendador”.



