A simple vista, parece un guardia civil más. Atiende a un ciudadano, regula el tráfico tras un accidente o participa en un dispositivo de seguridad en cualquier punto de la provincia de Salamanca. Su trabajo transcurre con la discreción que caracteriza al Instituto Armado. Sin embargo, pocos imaginan que años atrás formó parte de una de las unidades más exigentes y selectivas de la Guardia Civil, donde cada intervención implicaba un elevado nivel de riesgo.
Detrás de algunos de los uniformes que hoy prestan servicio en Salamanca hay trayectorias profesionales forjadas en el Grupo de Acción Rápida (GAR), una unidad cuya historia está estrechamente ligada a la lucha contra el terrorismo y que, con el paso de los años, ha evolucionado para hacer frente a algunas de las amenazas más complejas para la seguridad.
Uno de esos guardias civiles de Salamanca tras haber pertenecido al GAR, resume así la importancia de aquel trabajo: «Con las operaciones preventivas salvamos infinidad de vidas en las tres provincias vascas y en Navarra».
El GAR, una unidad creada para combatir a ETA
El Grupo de Acción Rápida (GAR) es una unidad táctica de la Guardia Civil especializada en operaciones de alto riesgo. Aunque en la actualidad desarrolla misiones relacionadas con la lucha contra el crimen organizado, el narcotráfico, el terrorismo internacional o la cooperación policial, su origen se remonta a uno de los periodos más difíciles de la historia reciente de España.
La unidad nació en abril de 1978 bajo la denominación de Grupo Antiterrorista Rural. Su misión era combatir la actividad de la organización terrorista ETA, especialmente en el ámbito rural, donde la banda encontraba apoyo logístico, escondites y vías de movilidad.
Con el paso de los años, el GAR amplió sus capacidades hasta convertirse en una referencia dentro de la Guardia Civil. Sus efectivos han participado en misiones internacionales y programas de formación para fuerzas policiales de distintos países, además de intervenir en operaciones contra el terrorismo, el crimen organizado y el narcotráfico.
El guardia civil destinado actualmente en Salamanca recuerda aquellos años como los más intensos de su carrera.
«Fue la época más dura. Éramos una unidad autónoma preparada para combatir a ETA en los sitios más resbaladizos y complicados. Teníamos que conocer el terreno rural igual que ellos o mejor», explica.
Según datos de la Guardia Civil, el GAR participó en operaciones que contribuyeron a la desarticulación de más de cuarenta comandos de ETA durante los años de mayor actividad de la organización terrorista.
«Realizamos numerosas operaciones que permitieron desarticular más de cuarenta comandos. Muchas de ellas eran preventivas y evitaron atentados antes de que pudieran cometerse», recuerda el agente.
Un proceso de selección al alcance de muy pocos
Ingresar en el GAR exige superar el Curso de Adiestramientos Especiales, considerado uno de los procesos de selección más exigentes de la Guardia Civil.
Durante varios meses, los aspirantes son sometidos a una intensa preparación física, táctica y psicológica. El curso incluye supervivencia, tiro, navegación, operaciones especiales, técnicas de intervención y formación en paracaidismo, entre otras capacidades operativas.
Además de la condición física, se evalúan aspectos como la resistencia al estrés, la capacidad de decisión, el autocontrol y el trabajo en equipo.
La exigencia queda reflejada en las cifras: habitualmente solo un 25 % de quienes comienzan el curso consiguen obtener el apto. El resto abandona o no supera las distintas pruebas.

El vínculo con Salamanca
Aunque la base del GAR se encuentra en Logroño, algunos de sus antiguos integrantes prestan actualmente servicio en la provincia de Salamanca.
Tras años participando en operaciones de alta intensidad, muchos optan por regresar a destinos más próximos a sus familias o iniciar una nueva etapa profesional sin abandonar la Guardia Civil.
Su experiencia supone un importante valor añadido para las unidades en las que trabajan. Acostumbrados a actuar bajo presión, coordinar equipos y tomar decisiones en cuestión de segundos, trasladan ese conocimiento a intervenciones cotidianas y dispositivos de seguridad.
«El GAR te enseña a mantener la calma y a tomar decisiones con rapidez. Todo eso sigue acompañándonos hoy en Salamanca.»
Una vocación puesta a prueba
Muchos de quienes lograron ingresar en el GAR comparten una misma motivación: la vocación de servicio.
Sin embargo, el acceso a la unidad exige mucho más que una excelente preparación física. También requiere fortaleza mental, capacidad de sacrificio y una gran estabilidad emocional.
Quienes superan el curso recuerdan especialmente los momentos en los que el cansancio parecía insuperable y la presión psicológica obligaba a sacar fuerzas de donde parecía no haberlas. En esas circunstancias, el compañerismo deja de ser un valor teórico para convertirse en una herramienta imprescindible. Las operaciones también dejan huella.
«Vivíamos con la presión de saber que un pequeño error podía tener consecuencias muy graves, pero también con la convicción de que nuestro trabajo era necesario. Esos años nos cambiaron la vida», afirma el agente.
El lado humano detrás del uniforme
Hablar del GAR no significa únicamente hablar de operaciones especiales. También supone hablar de sacrificio personal.
Los largos periodos lejos de la familia, la exigencia permanente del entrenamiento, las lesiones y el desgaste psicológico forman parte del coste que muchos de sus integrantes asumieron durante su carrera.
Gestionar el estrés, mantener la calma bajo presión y tomar decisiones acertadas en situaciones límite son capacidades que se entrenan con la misma intensidad que la preparación física.
Lo que el GAR deja para siempre
Abandonar el GAR no significa dejar atrás todo lo aprendido. Quienes han formado parte de esta unidad coinciden en que la experiencia transforma profundamente la manera de trabajar y de afrontar cualquier intervención.
La disciplina se convierte en un hábito. La serenidad sustituye a la improvisación en los momentos de mayor tensión. El liderazgo deja de entenderse como una cuestión de autoridad para basarse en el ejemplo, mientras que el trabajo en equipo pasa a ser la base de cualquier actuación.
Pero también permanece la humildad. En una unidad donde el éxito siempre pertenece al grupo, el protagonismo individual queda en un segundo plano.
Una historia que continúa en Salamanca
Hoy muchos de aquellos guardias civiles patrullan distintos puntos de la provincia de Salamanca.
Para la mayoría de los ciudadanos son simplemente agentes que cumplen con su trabajo diario. Sin embargo, tras algunos de esos uniformes hay profesionales que superaron uno de los procesos de selección más exigentes de la Guardia Civil y participaron en algunas de las operaciones más complejas desarrolladas por el cuerpo.
Su pasado rara vez trasciende públicamente. Sin embargo, la experiencia adquirida durante aquellos años sigue presente en su forma de trabajar y de afrontar cada servicio. Hoy la ponen al servicio de los ciudadanos desde un destino mucho más discreto: las carreteras y los pueblos de Salamanca.




