España dedicó en 2016 el 1,22% del PIB en I+D, según datos del Eurostat, un dato muy alejado del 2,04% que dedica la media de la Unión Europea. La comparativa diez años atrás también deja a relucir las vergüenzas de España, siendo el único país de la comunidad que reduce el gasto en ese periodo, ya que desde 2006 a 2016 ha bajado en un 3%, al contrario que en el resto de la UE, donde en esos años el presupuesto aumentó en un 15%.
Según indica el informe ‘Comprometidos con la Investigación del Cáncer’ de 2018 el gasto en I+D en España “es bajo, muy lejano de los objetivos de Europa 2020”. España dedica 286 euros por habitante al año en I+D, un dato alejadísimo de otros países que gastan más y crecen, frente al estancamiento español, como es el caso de Alemania (1.124 euros/habitante), Francia (750) o Italia (356).
Esta notable diferencia entre el gasto español en I+D y el de otros líderes mundiales, “Limita la capacidad del ecosistema de contribuir al reto del cáncer, global y localmente, y de competir internacionalmente en la atracción de talento y de flujos de inversión”, tal y como reza el informe. Entre las consecuencias de esta baja inversión también se incluyen la ralentización del tiempo necesario para que los resultados de la investigación y la innovación lleguen al paciente.
Pérdida de talento investigador
La financiación no es el único problema al que se enfrenta la investigación de cáncer: España adolece, frente a otros líderes europeos de un menos número de investigadores por habitante en el conjunto de los sectores. Además, según se aprecia, según el informe ‘Comprometidos con la Investigación del Cáncer’, en el último periodo se aprecia el impacto de la crisis en la pérdida de talento en el ecosistema público de I+D, a la contra que los países referencia, que han incrementado el número de investigadores.
La reducción de la financiación, así como las trabas en la contratación han impactado principalmente a los jóvenes, dificultando su acceso, condiciones, estabilización y progreso profesional dentro de la carrera investigadora. Entre estas tendencias también se observa el incremento de la edad media de los investigadores principales, que ha pasado de 46 a 49 años.
Todos estos factores suponen una amenaza para la investigación del cáncer en España, ya que se pone en peligro la innovación y el desarrollo de nuevas líneas de investigación, así como la formación para el liderazgo científico y la presencia en redes internacionales emergentes.
Problemas en propiedad intelectual y ensayos clínicos
El informe también menciona la actividad de protección de la propiedad intelectual, cuyo volumen se mantuvo modesto del 2000 al 2008. En 2011 esta actividad cayó de manera notable y no parece recuperarse, afectando directamente al número de innovaciones resultado de la investigación que pueden llegar a los pacientes. Asimismo, trata el estancamiento del número de nuevos ensayos clínicos, que tras un fuerte crecimiento, desde 2013 se ha mantenido igual.
Así, consideran preocupante el progresivo estancamiento de varios indicadores del sistema, tanto en términos de actividad como de impacto, teniendo en cuenta los tiempos necesarios para llevar a cabo un proyecto de investigación. Aseguran que se debe considerar con la debida atención estas señales de debilidad de ecosistema, ya que llevan “casi una década en situación precaria”.




