La climatología extrema se ha convertido silenciosamente en el mayor enemigo de los monumentos. En todas las ciudades de España se busca una solución para tratar de frenar el avance del deterioro que estos fenómenos duplican en sus estructuras.

En el caso de la Piedra Villamayor, materia prima por excelencia de la construcción de muchos de los edificios de Salamanca, su porosidad característica hace que procesos como las temporadas de lluvia constante de los meses anteriores al verano, se conviertan en un verdadero reto para la conservación.
Para tratar de controlar el avance del deterioro inevitable causado por el tiempo, pero también por esos efectos de la climatología adversa, el enemigo número uno de los monumentos de la ciudad, la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León ha instalado en la Plaza Mayor y en las catedrales varios fisurómetros, unos dispositivos que ayudan a medir el avance de las grietas.
Sin embargo, no se trata de simples dispositivos convencionales, sino que son fisurómetros avanzados conectados a internet que ayudan a monitorear de forma automatizada el estado de los monumentos.
De esta forma, en vez de usar los dispositivos manuales más básicos, con los que se debe apuntar cada cierto tiempo la medida que tiene la fisura, la Junta de Castilla y León ha optado por este tipo de dispositivo que no solo mide el posible avance o aparición de esas grietas, sino que también controla la humedad del monumento.
En el caso de la Plaza Mayor, existen cuatro sensores colocados en diferentes puntos de los soportales del ágora salmantina. Estos están conectados, a su vez, con un dispositivo receptor de datos situado en la planta baja de la Casa Consistorial, quien recapitula de manera automática el estado del monumento y notifica posibles cambios.
Por lo tanto, y a diferencia de los testigos de plástico tradicionales que exigen visitas técnicas constantes, los sensores miden los movimientos milimétricos de una grieta en tiempo real y envía esos datos a la nube a través de redes inalámbricas.
Los instalados por Patrimonio, además, pueden medir si hay desplazamiento vertical, si el monumento sufra un desprendimiento o un hundimiento en profundidad. A mayores, miden de forma simultánea la temperatura y la humedad, ayudando a los técnicos a conocer si la aparición de grietas o su ampliación, se debe a dilataciones térmicas o a otro agente externo.

Por último, estos dispositivos además controlan posibles catástrofes, puesto que detectan si una grieta se abre bruscamente, según el umbral máximo configurado, enviando en caso de superar ese umbral un SMS o un correo avisando de la necesidad de una evacuación o de un apuntalamiento.



