La semana pasada el Congreso de los Diputados ultimaba un informe donde se solicitaba al Ministerio de Sanidad la aprobación, y por tanto legalización, del cannabis como uso medicinal, dejando también abiertas las puertas a su posible dispensación en farmacias comunitarias. Desde ese momento son muchas las dudas que han invadido a los españoles, y salmantinos, ya que nuestro país lleva muchos años a la cola de países como Portugal, Italia, Grecia, Reino Unido, Alemania, Finlandia, Israel, Canadá, Estados Unidos, Uruguay, Colombia, Argentina o Australia entre otros, donde el cannabis como uso medicinal es legal.
La situación en España es diferente, ya que según adelantaba el medio Infosalus, su venta para tratar problemas de salud llevaría prohibida desde el año 1961. No obstante, lo que sí está permitido en nuestro país es el acceso a fármacos con contenido en extractos de cannabinoides, como explica el jefe de la Unidad del Dolor del Hospital Clínico de Valladolid y Hospital Universitario Río Hortega, Enrique Ortega Ladrón de Cegama, a este medio.
Primeramente es importante resaltar que en la Proposición de Ley integral del cannabis del 8 de octubre de 2021 incorporada en el Boletín Oficial de las Cortes Generales, se desgrana que el cannabis “es una planta herbácea que convive con el ser humano desde hace milenios, pudiéndose hablar, incluso de un cultivo domesticado desde hace doce mil años”, formando parte del “paisaje rural de España hasta bien entrado el siglo XX, llegando a ser un cultivo de gran importancia económica y cultural en zonas como la cuenca mediterránea, Andalucía o el archipiélago canario”.
Finalmente, en dicha Proposición se hace hincapié en que “el cannabis es, con mucha diferencia, la sustancia más consumida de nuestro país” donde “hasta un 37,5% de la población en España ha consumido cannabis en algún momento de su vida, lo que supone un conjunto de 18 millones de personas”. Al mismo tiempo se destaca que de las 176.165 plantas incautadas en 2013, en 2019 asciendieron a 1.538.996.
SITUACIÓN DEL CANNABIS MEDICINAL EN CASTILLA Y LEÓN
Pese a que la venta de cannabis en España para tratar problemas de salud ha estado prohibida hasta hora, la puerta que abre el Gobierno respecto a su posible uso y dispensación en farmacias no es algo realmente nuevo: “El cannabis ya lo llevamos usando muchos años, existe una formulación que es el Sativex que se lleva usando en pacientes con dolor crónico desde hace bastantes años, mientras que desde hace poco ha habido otra formulación el Epidiolex (ambos contienen cannabidiol), que hasta ahora no la hemos usado pero que sí nos planteamos usar”, revela el jefe de la Unidad del Dolor, Enrique Ortega.
Asimismo, Ortega recalca que “la ventaja de estos productos es que sabemos exactamente su composición, que sabemos que han pasado ensayos para otras indicaciones de dolor crónico y que hay un mayor conocimiento en seguridad”. Mientras que insiste que respecto al “autocultivo o el uso de sustancias fumadas de dudosa composición, las entidades profesionales europeas y españolas que formamos parte de la Unidad del Dolor no estamos de acuerdo en ese uso, porque los fármacos se deben usar siempre de forma controlada y con una composición conocida”.

¿Cuántas personas podrían beneficiarse de la legalización del cannabis como uso medicinal en Castilla y León?
En este sentido, el doctor Ortega asegura que en el ámbito sanitario actualmente hay un cierto desconocimiento sobre el aval que el Congreso ha hecho respecto a la regulación del cannabis como uso medicinal, principal motivo por el que todavía se carece de información. No obstante, aclara que “nosotros en Castilla y León sí llevamos años prescribiendo Sativex sin problemas, lo recetamos poco porque es un fármaco de última línea, es solo en los pacientes en los que no ha funcionado la primera y segunda línea farmacéutica.
Cuando lo usamos en dolor al paciente hay que informarle que el fármaco no tiene indicación y tiene que firmar un consentimiento informado, y ese uso lo tiene que aprobar la dirección del hospital, pero en principio con una indicación bien hecha nunca hay problemas para la prescripción”, sentencia.
A nivel nacional, el periódico El País afirmaba a principios de junio que “se calcula que en España podrían beneficiarse de su regulación más de 200.000 personas”.
PROBLEMAS QUE PODRÍA DESENCADENAR EL CANNABIS Y SUS EFECTOS SECUNDARIOS
P.: ¿Podría su regulación dar lugar a problemas sociales o al aumento de adicciones?
R.: En este sentido el doctor Ortega defiende que “lo que se debe legalizar son sustancias controladas con composición conocida y que se traten como medicamento. Ninguna sociedad profesional defiende el uso de cannabis fumado o inhalado, ya que eso tendría otra finalidad y no es un fármaco. Entonces si se hace de forma controlada y con una prescripción cuidadosa no debería de haber problema de salud del tipo de adicción”.
P.: ¿Cuáles son los efectos secundarios del uso del cannabis en pacientes?
R.: El cannabis, según mi experiencia personal, tiene bastantes efectos nocivos, por lo que es una de las principales causas de abandono del tratamiento. En muchos pacientes se produce un deterioro cognitivo, problemas de atención, pérdida de memoria, síntomas gastrointestinales, vómitos, somnolencia, mareos, diarreas, accidentes si el paciente conduce, episodios sicóticos agudos…
Los resultados del tratamiento según la literatura actual muestran que la línea del dolor (una reacción del dolor del 30%) es bastante eficaz en función del paciente.
La calidad del sueño mejora mucho en pacientes con dolor crónico, ya que se deteriora con bastante frecuencia. Sin embargo, no son tan buenas las mejoras a nivel físico del paciente o respecto al aislamiento social donde no se producen cambios.
P.:El cannabis no es curativo, pero ¿qué beneficios tiene exactamente?
R.: Los cannabinoides actúan sobre unos receptores que se generan en el cuerpo para una sustancia que segregamos los seres vivos que son los endocannabinoides. Esos receptores están por todo el cuerpo y al estar muy diseminados hace que el rango de acciones del cannabis sea muy amplio, es decir, puede producir muchos efectos y van a variar mucho en función del individuo dependiendo del sistema nervioso central, sobre el sistema nervioso periférico, en la neumología, pueden ser antiinflamatorios, en el comportamiento, el ánimo, la ansiedad, la alimentación…
CÓMO SERÍA SU TRATAMIENTO, PROCESO DE ADMINISTRACIÓN, REGISTRO Y DISPENSACIÓN EN FARMACIAS
P.: ¿A qué pacientes iría dirigido el tratamiento?
R.: Las poblaciones en las que se analizan estos fármacos son muy heterogéneas, lo cual dificulta mucho el sacar conclusiones porque se necesitarían grandes volúmenes de pacientes muy homogéneos que te permitan hacer afirmaciones de rango científico.
El problema que tenemos es que si hablamos del cannabis como hierba tiene cientos de compuestos que interaccionan entre sí, no todos son terapéuticos y eso dificulta mucho el poder sacar conclusiones, por eso se han comercializado en España estos extractos que permiten sacar conclusiones más exactas al estar hablando de dos moléculas (cannabidiol y Tetrahidrocannabinol). Otros fármacos como son los antiinflamatorios no se pueden usar durante mucho tiempo.
En este momento hay muy poca investigación para nuevas moléculas analgésicas, siendo para dolores muy reducidos, por eso hay más presión en muchos países y hace que se hayan sorteado normas establecidas para una introducción de medicamentos apareciendo los cannabinoides.

P.: ¿Cómo sería el proceso de administración del cannabis?
R.: En principio, las recomendaciones de las entidades profesionales respecto al cannabis es introducirlo como tercera línea de tratamiento farmacológico.
La primera línea, si estamos hablando de dolor neuropático, serían los antidepresivos y antiepilépticos que son los fármacos que usamos de primera línea (no todos porque no todos tienen efectos analgésicos). La segunda línea serían los opiáceos y la tercera línea los cannabinoides, pero no nos debemos olvidar de que también existen otras técnicas no farmacológicas que han demostrado mucha eficacia como el dolor neuropático, las radiofrecuencias, las técnicas de neuroestimulación o técnicas psicológicas.
Entonces, es importante tener claro que estamos hablando de que el cannabis como uso medicinal es un fármaco que entra muy atrás en la línea terapéutica, es decir, que no entraría como primera indicación.
P.: ¿Qué sanitario estaría autorizado para recetar el cannabis?
R.: En principio debe ser un médico especializado para la patología para lo que lo indica, es decir, si estamos hablando de epilepsia lo debe recetar un neurólogo que esté habituado a tratar esta patología. Si estamos hablando de dolor crónico en el que hay que usar una tercera línea, tiene que ser alguien que este habituado a trabajar con pacientes con dolor crónico, por lo que no puede ser cualquier médico.
P.: En cuánto a la venta en farmacias, ¿en qué farmacias se dispensaría y quién estaría autorizado para la compra?
R.: En un primer momento, se dispensaría en farmacias hospitalarias, y habría que tener en cuenta que aunque se use de forma terapéutica sigue teniendo consideración de sustancia de estupefaciente, por lo que se exige una dispensación controlada, y es el Gobierno quien finalmente debe decidir si se dispensa en las farmacias hospitalarias unicamente o en las farmacias de la comunidad. Pero con independencia de ello tiene que ir soportado con una receta firmada por un médico, y evidentemente no puede ser una sustancia de estupefaciente si estamos hablando del uso terapéutico.
Normalmente se debe acreditar para quién va, pero a veces el paciente está incapacitado y no puede ir a comprarlo porque no son autónomos. En ese caso tendrá que haber una identificación de la persona que lo retira.
P.:La subcomisión ha aconsejado la puesta en marcha de un registro centralizado de los pacientes a los que se le dispense cannabis a partir de los registros de cada Servicio Autonómico de Salud, ¿cómo se procedería a llevar a cabo este registro?
R.: Que se abra un registro es algo que nos parece muy interesante y fundamental para poder documentar los pacientes, la eficacia del tratamiento, los efectos adversos, en qué patologías funcionan etc.
Es una buena propuesta porque el que se abran grandes estudios junto a los estudios de ensayo clínico tradicional, ya que estos últimos no se adaptan especialmente bien al tema de los cannabinoides, porque casi siempre son productos que tienen más de una molécula y los ensayos clínicos casi siempre están diseñados para trabajar con una sola molécula por vez en poblaciones más homogéneas. Además, son enormemente caros y por ello no se han podido adaptar a las introducciones de lo cannabinoides como fármacos.
Entonces esta propuesta de grandes grupos de pacientes con un seguimiento estricto a lo largo del tiempo nos permitiría analizar la eficacia en las dosis a las que hay que ajustarlo, y los efectos adversos que puede producir esta sustancia.
Si el Ministerio de Sanidad y la Comisión Nacional de Farmacias son capaces de hacerlo, sería una buena noticia que puede aportar mucho.




