La presión social sobre los ideales estéticos y el aspecto físico hace que, diariamente, sean muchas las personas que se replanten sus hábitos alimenticios. Desde rechazar ciertos productos, simplemente por el hecho de no encajarles en su nueva dieta, a dedicar varias horas al día a planificar sus comidas. Sin embargo, ¿sabemos dónde está el límite?
María Teresa Mories Álvarez, jefa de servicio de Endocrinología y Nutrición del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, nos resuelve algunas cuestiones sobre la ortorexia, uno de los trastornos de la alimentación más desconocidos actualmente.
- ¿En qué consiste la ortorexia?
Es un trastorno psicológico, descrito por primera vez en 1997, que se caracteriza por una obsesión patológica por “comer sano”: alimentos integrales, orgánicos, ecológicos, sin aditivos o conservantes. Lo que de inicio puede parecer una actitud “sana”, se convierte en una obsesión que lleva al paciente a dedicar gran parte de su tiempo a analizar el origen, la forma de cultivo, el procesamiento, la elaboración, etc, de todo lo que come. La calidad de la alimentación se convierte en un objetivo prioritario en la vida de esa persona y en una pieza clave en su autoestima.
Hoy en día la ortorexia no está oficialmente incluida dentro de los trastornos de la conducta alimentaria, aunque comparte muchas de sus características y con frecuencia se asocia a un trastorno alimentario típico como es la anorexia nerviosa.
- ¿Quiénes pueden sufrirla?
La ortorexia es un trastorno emergente en los países desarrollados y, aunque los datos epidemiológicos son dispares, el riesgo de padecerla sería mayor en algunos grupos de población como atletas o deportistas en general, y estarían más predispuestas aquellas personas con una personalidad muy estricta, muy autoexigentes, y con un poder adquisitivo alto.
"Suele repercutir de forma negativa en las relaciones sociales y personales, en la actividad laboral y, en general, en la salud mental"
- ¿Cuáles son sus síntomas?
Dedicar buena parte del tiempo, incluso varias horas al día, a la planificación, adquisición y elaboración de los alimentos que se van a comer; experimentar sentimientos de culpabilidad y de malestar si no se cumple con las normas que se considera debe seguir la dieta y a su vez sentir una satisfacción desmedida si se logra un seguimiento estricto de las mismas; estar más preocupado por la calidad de lo que se come que por el placer derivado de su consumo; tendencia al aislamiento, ya que las relaciones sociales dificultan el cumplimiento de sus estrictas normas alimentarias; intolerancia hacia los que no “cuidan” su alimentación como esa persona cree que debe hacerse.
- ¿Qué consecuencias puede tener la ortorexia para la salud?
Este trastorno conduce habitualmente a una restricción de la ingesta y a un desequilibrio alimentario, con serias consecuencias en la situación nutricional del individuo (desnutrición, carencia de vitaminas y minerales, osteoporosis, …) similares a las que se observan en pacientes con anorexia nerviosa. Además, esta relación emocionalmente anómala con la comida suele repercutir de forma negativa en las relaciones sociales y personales, en la actividad laboral y, en general, en la salud mental de quien la padece (ansiedad, depresión, …)
- ¿Existe algún tipo de tratamiento para este trastorno?
El tratamiento debe ser multidisciplinar, combinando tratamiento psicoterápico y psicofarmacológico, cuando sea necesario, con el tratamiento de las posibles complicaciones orgánicas y carencias nutricionales, y con una reeducación alimentaria.
En cuanto a la prevención, es importante adquirir unos hábitos alimentarios y de conducta saludables desde la infancia y alcanzar un grado de madurez personal que minimice la influencia de las presiones socio-culturales.
"La gran cantidad de información que circula en las redes en relación con dietas suponen un factor determinante en la aparición de estos trastornos"
- ¿Cuánta gente sufre este trastorno en Salamanca?
No disponemos de datos locales al respecto. En general, los datos publicados sobre la prevalencia de este trastorno son muy dispares, en buena medida debido a la falta de unos criterios diagnósticos unificados y porque muchos de estos pacientes no consultan nunca o lo hacen tarde, lo que dificultaría su detección.
Algunos estudios realizados en universitarios de nuestro país muestran que entre un 10 y un 30 % de este grupo poblacional presentaría un riesgo alto de desarrollar este tipo de trastorno.
- ¿Cree que las redes sociales están favoreciendo la aparición de nuevos trastornos alimenticios?
Sin duda alguna, desgraciadamente es así. La presión social sobre los ideales estéticos y el aspecto físico, y la gran cantidad de información, no siempre correcta, que circula en las redes en relación con dietas, con lo que se considera o no saludable, etc, suponen un factor determinante en la aparición de estos trastornos.
- ¿Cuándo cree que se pasa la línea entre lo sano y lo perjudicial en la comida?
Cuando la preocupación por lo que comemos se convierte en una obsesión, en un objetivo primordial de nuestra existencia, condicionando negativamente nuestra calidad de vida.




