Cientos de kilómetros separan estos días a cuatro salmantinos de sus casas, de sus familias y de su tierra. Carreteras, desplazamientos y largas jornadas acompañan a estos guardias civiles que han dejado atrás su día a día para ponerse al servicio de una de las grandes citas deportivas del país.
No importa dónde termine la carretera. Tampoco cuántos kilómetros queden por delante. Cuando toca servir, la distancia pasa a un segundo plano.
Son cuatro guardias civiles de Salamanca que durante estas semanas forman parte del dispositivo de seguridad de La Vuelta Ciclista a España. Mientras miles de aficionados esperan el paso de los corredores y las cámaras siguen cada pedalada, ellos trabajan lejos de los focos para que todo ocurra con normalidad. Para que el pelotón avance, para que el público pueda disfrutar y para que cada etapa llegue a su destino.
Son la otra cara de La Vuelta. La que no cruza la línea de meta y no aparece en el podio, pero que resulta imprescindible para que todo lo demás pueda suceder.
Servicio, honor y sacrificio. Tres palabras que forman parte de la identidad de la Guardia Civil y que estos días cobran un significado especial para cuatro salmantinos que han cambiado las carreteras de su provincia por miles de kilómetros a lo largo de España.

Porque mientras los ciclistas afrontan puertos, descensos y kilómetros, ellos libran otra carrera como es la de llegar antes, anticiparse a cualquier riesgo y conseguir que, cuando aparezca el pelotón, todo esté preparado.
Y detrás de esos escasos segundos en los que los corredores pasan frente al público hay mucho más de lo que se ve.
Hay meses de planificación, carreteras revisadas, rutas estudiadas, vehículos preparados y un dispositivo formado por cientos de agentes que se mueve prácticamente al mismo ritmo que La Vuelta.
Una carrera que, para la Guardia Civil, comenzó mucho antes de que el primer ciclista tomara la salida.
Una operación que empieza meses antes
La 81ª edición de La Vuelta Ciclista a España llega este domingo a su final en Granada después de 21 etapas y 3.275 kilómetros de recorrido. Una prueba que este año ha llevado también el ciclismo fuera de España, con etapas por Mónaco, Francia y Andorra.
Pero mucho antes de que los corredores se enfrenten a cada puerto, cada curva o cada llegada, hay un trabajo previo que resulta fundamental para que todo pueda desarrollarse con seguridad.
La responsabilidad principal de la seguridad de la carrera recae en la Unidad de Movilidad y Seguridad Vial (UMSV) de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. Junto a ella, el Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) desempeña las labores relacionadas con el orden público, especialmente en los puntos donde se concentra una mayor cantidad de aficionados.
En total, 132 agentes acompañan diariamente a La Vuelta: 85 pertenecientes a Tráfico, 39 del GRS, seis del Servicio Aéreo y dos del Servicio de Material Móvil. A este dispositivo se suman los agentes de las distintas provincias por las que atraviesa la carrera, que colaboran con los cortes y la regulación de las carreteras.
El despliegue cuenta con 59 motocicletas, 28 vehículos todoterreno y un helicóptero, además de los medios necesarios para trasladar tanto a los agentes como a los vehículos.

Y todo comienza prácticamente un año antes.
David Rebate, capitán de la Agrupación de Tráfico y oficial de Relaciones Institucionales y con los Medios de Comunicación de la UMSV de la Guardia Civil para La Vuelta, explica que la preparación arranca cuando apenas ha terminado la edición anterior.
“Cuando se presenta el recorrido, normalmente en noviembre o diciembre, nosotros ya empezamos a trabajar”.
A partir de ahí comienza un minucioso estudio de cada una de las etapas. Según indica Rebate “revisamos todas las etapas y vemos si alguna vía no es adecuada por el estado. Le indicamos a la organización que por ahí no se puede pasar y después seguimos trabajando sobre el recorrido y todo lo que conlleva”.
No se trata únicamente de conocer por dónde pasará el pelotón. Hay que estudiar las carreteras, analizar los posibles riesgos y comprobar que todo el recorrido puede soportar una prueba de estas características.
Y después está la parte que el espectador nunca ve.
Dónde se alojarán los agentes, dónde repostarán los vehículos, cómo se realizarán los desplazamientos y cómo se moverá todo el dispositivo de una etapa a otra.
“Hay que preparar toda la logística, desde meter gasolina hasta dónde nos alojamos o dónde repostamos”, refiere Rebate.
Cuatro salmantinos en la otra cara de la carrera
Entre los agentes que recorren España estos días hay cuatro salmantinos. Cuatro guardias civiles que, lejos de su provincia, forman parte de una maquinaria perfectamente coordinada para que el espectáculo deportivo pueda continuar sin sobresaltos.
Uno de ellos es David Rebate, capitán de Tráfico y motorista, que conoce de primera mano el trabajo que hay detrás de cada etapa.
Su cometido se integra en una unidad cuya misión es garantizar la movilidad y la seguridad vial de la carrera, acompañando al pelotón y trabajando para que las carreteras estén preparadas para su paso.
Junto a los agentes de Tráfico, el dispositivo cuenta también con la presencia del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS), una unidad especializada de la Guardia Civil que asume las labores de orden público en aquellos acontecimientos que reúnen a grandes concentraciones de personas. Entre sus integrantes se encuentra Pablo Gonzalo, uno de los cuatro salmantinos que estos días forman parte del despliegue de seguridad de La Vuelta.
En torno a 40 agentes del GRS se integran durante la carrera en la Unidad de Movilidad y Seguridad Vial, con una misión especialmente importante en los puntos donde se espera una mayor afluencia de aficionados. Los puertos de montaña son uno de los escenarios que requieren mayor atención, con miles de personas concentradas a ambos lados de la carretera y los corredores pasando a escasos metros.
“Nuestra función principal es desplegar en los puntos en los que se prevé que pueda haber una gran afluencia de personas, especialmente en los puertos de montaña, para evitar que los aficionados se abalancen sobre los corredores o que haya cualquier alteración de la carrera”, indica Gonzalo.

Una tarea en la que la prevención resulta clave. Porque en una carretera abarrotada de aficionados, con el pelotón avanzando a gran velocidad y una caravana de vehículos siguiendo sus pasos, cualquier movimiento inesperado puede convertir en cuestión de segundos una jornada deportiva en una situación de riesgo.
El riesgo está muchas veces a pocos metros del corredor
La afición al ciclismo suele ser tranquila. El público acude a las carreteras para disfrutar, animar y ver de cerca a sus ídolos.
Pero precisamente esa cercanía puede convertirse en uno de los principales riesgos.
“Hay algún aficionado que quiera abalanzarse sobre ellos, aunque no suele ser lo común, ya que esta gente es una afición bastante tranquila”, manifiesta Pablo.
La preocupación no está únicamente en que alguien pueda acercarse demasiado a un corredor. También existe la posibilidad de que alguien intente utilizar la repercusión de La Vuelta para intentar boicotear la carrera o lanzar algún tipo de reivindicación.
“Es un evento que se retransmite por televisión. Al final, cualquier boicot o cualquier reivindicación se vería por un gran número de personas” declara el agente del GRS.
Del mismo modo y según explica el integrante del GRS existe otro riesgo tan sencillo como difícil de prever como es el lanzamiento de objetos a la carretera.
Por eso el trabajo de los agentes no consiste únicamente en estar presentes. Consiste, sobre todo, en adelantarse a aquello que pueda ocurrir.
Una jornada que empieza mucho antes de que ruede el pelotón
Para los aficionados, una etapa comienza cuando los ciclistas toman la salida. Para los agentes del GRS, la jornada lleva ya varias horas en marcha.
Pablo Gonzalo explica que todo comienza temprano en el hotel. Allí, antes de ponerse en carretera, toca preparar los vehículos y dejarlo todo listo para afrontar una nueva etapa.
“Acudimos al punto de reunión a repostar y a limpiar los vehículos, dejarlos a punto para la etapa”.
Después llega uno de los momentos fundamentales antes de salir: el briefing. Es ahí donde los agentes conocen con detalle lo que pueden encontrarse durante la jornada y se repasan las circunstancias particulares de cada recorrido.
“Se hace un briefing en el que se explica lo que nos podemos encontrar en la etapa”, cuenta Gonzalo.
Con el dispositivo preparado, los agentes se desplazan hasta la localidad desde la que parte la etapa. Allí se realiza una nueva formación y se dan las novedades correspondientes al jefe del dispositivo y, cuando procede, a las autoridades presentes.
Pero su trabajo no consiste en esperar a que llegue el pelotón. Al contrario. Los agentes del GRS se ponen en marcha antes que los corredores para adelantarse a cualquier posible incidencia.
“Nosotros solemos salir bastante por delante de lo que es la salida de los corredores”.
Es el momento de recorrer el trazado antes de que aparezcan los ciclistas y comprobar que todo está en orden.
“Vamos en avanzadilla, previniendo cualquier riesgo que pueda haber antes de que lleguen los corredores”, explica Gonzalo.
Si en algún punto del recorrido se considera necesario establecer un despliegue, los agentes estudian sobre el terreno cuál es el lugar más adecuado para hacerlo y desde dónde pueden controlar mejor la zona.
“También se analiza el lugar en el que se va a desplegar, cuál sería el punto más interesante para realizar ese despliegue”.
Y cuando el último corredor cruza la línea de meta, tampoco termina inmediatamente la jornada para quienes han velado por la seguridad de la etapa.
Toca recoger, volver a encontrarse con el resto de los compañeros y emprender el camino de regreso al hotel. Un trayecto que no siempre se realiza de la misma manera.
“Hay días que vamos todos juntos, hay días que acudimos cada uno por nuestro lado”.
En alguna ocasión, ese último desplazamiento ha llegado a rozar las dos horas entre el final de la etapa y el hotel.
Son kilómetros que el espectador no ve. Como tampoco ve las horas previas, los desplazamientos antes de la salida o el trabajo que se realiza cuando la carrera ya ha terminado.
Y al día siguiente, la historia vuelve a empezar.

La lección que dejó Madrid
El dispositivo de seguridad de La Vuelta tiene además muy presente lo ocurrido en la edición de 2025.
Aquel año, la última etapa, prevista en Madrid, tuvo que ser cancelada después de que una protesta propalestina interrumpiera el recorrido en pleno centro de la capital.
Los manifestantes derribaron las vallas de seguridad e irrumpieron en distintos puntos del recorrido, entre ellos Gran Vía, Callao y Atocha, impidiendo que el pelotón pudiera completar la etapa.
Aquellas imágenes dieron la vuelta al mundo y demostraron que la seguridad puede convertirse en un desafío incluso cuando una prueba está a punto de terminar.
Una situación así obliga a mantener la atención hasta el último kilómetro.
Este año, sin embargo, la situación está siendo “mucho más tranquila” tal y como apunta Rebate, Capitán de la Agrupación de Tráfico.
Aunque la meteorología sí ha puesto a prueba a los agentes. Las altas temperaturas han acompañado buena parte de estas semanas y han añadido dificultad a unas jornadas que ya implican muchas horas de carretera, desplazamientos continuos y una atención permanente.
El público, una pieza más de la seguridad
Hay una parte de la seguridad de La Vuelta que no depende únicamente de los agentes. La actitud de los aficionados resulta fundamental para que el dispositivo pueda funcionar, especialmente en una carrera que recorre miles de kilómetros y concentra a miles de personas a lo largo del recorrido.
“Esto se puede llevar a cabo por la buena voluntad de la gente”, reconoce el agente del GRS. La Guardia Civil no puede estar presente de la misma manera en cada uno de los 3.275 kilómetros de la prueba, por lo que los efectivos se concentran especialmente en aquellos puntos donde se prevé una mayor afluencia de público o donde puede existir un mayor riesgo.
Ahí es donde entra en juego el GRS, según indica Pablo, “en los puntos en los que se prevé que pueda haber más personas, ahí es donde desplegamos nosotros y es verdad que con nuestra presencia ya la gente respeta bastante”.
La mayoría de los aficionados conoce las normas y respeta el paso de los corredores, pero hay situaciones que se repiten y que pueden generar un riesgo innecesario. Una de ellas tiene que ver con el deseo de acercarse al ciclista favorito.
“Cuando pasa algún corredor que puede ser su corredor favorito o uno de los que más interés les despierta, se arriman demasiado a él” explica el agente del GRS.
La intención, en la mayoría de los casos, es simplemente animar o disfrutar de unos segundos de cerca del corredor. El problema llega cuando, tras la bicicleta, aparece el resto de la carrera.
Son motos, coches y vehículos de la organización y de los distintos servicios que necesitan espacio para continuar avanzando. Por eso, aunque el corredor ya haya pasado, la carretera todavía no está despejada.
“El público está metido, permitiendo el paso del corredor, pero no se han dado cuenta de que por detrás viene un vehículo que necesita más espacio para pasar”.
Una cuestión tan sencilla como dejar unos metros más de distancia puede marcar la diferencia. Porque en La Vuelta no solo hay que estar pendiente de cuándo llega el pelotón, sino también de todo lo que circula detrás de él.

Más allá de las fronteras
La Vuelta 2026 ha tenido además un componente internacional.
El recorrido ha pasado por Mónaco, Francia y Andorra, lo que ha obligado a coordinar el dispositivo de seguridad con los cuerpos policiales de estos países.
La Guardia Civil ha trabajado en coordinación y cooperación con la Policía del Principado de Mónaco, la Gendarmería Nacional francesa y la Policía de Andorra.
Porque, aunque cambie el país, la misión sigue siendo la misma y es que garantizar que los corredores puedan avanzar y que el público pueda disfrutar de la carrera con seguridad.

La Guardia Civil, siempre detrás de cada kilómetro
Granada pondrá este domingo el punto final a La Vuelta 2026. Detrás quedarán 21 etapas, 3.275 kilómetros y un dispositivo de seguridad que, durante semanas, ha trabajado para que todo transcurriera con normalidad.
La labor de la Guardia Civil ha vuelto a resultar fundamental. Un trabajo de prevención, coordinación y presencia constante que permite que el espectáculo deportivo avance con seguridad.
Y entre los agentes que han hecho posible ese despliegue, cuatro son salmantinos.
Cuando el último ciclista cruce la meta en Granada, ellos también habrán terminado su particular Vuelta. Con la satisfacción de haber cumplido, una vez más, con su trabajo y de haber llevado el nombre de Salamanca por las carreteras de toda España.



