Cientos de kilómetros separan estos días a cuatro salmantinos de sus casas, de sus familias y de su tierra. Carreteras, desplazamientos y largas jornadas acompañan a estos guardias civiles que han dejado atrás su día a día para ponerse al servicio de una de las grandes citas deportivas del país.
No importa dónde termine la carretera. Tampoco cuántos kilómetros queden por delante. Cuando toca servir, la distancia pasa a un segundo plano.
Son cuatro guardias civiles de Salamanca que durante estas semanas forman parte del dispositivo de seguridad de La Vuelta Ciclista a España. Mientras miles de aficionados esperan el paso de los corredores y las cámaras siguen cada pedalada, ellos trabajan lejos de los focos para que todo ocurra con normalidad. Para que el pelotón avance, para que el público pueda disfrutar y para que cada etapa llegue a su destino.
Son la otra cara de La Vuelta. La que no cruza la línea de meta y no aparece en el podio, pero que resulta imprescindible para que todo lo demás pueda suceder.
Servicio, honor y sacrificio. Tres palabras que forman parte de la identidad de la Guardia Civil y que estos días cobran un significado especial para cuatro salmantinos que han cambiado las carreteras de su provincia por miles de kilómetros a lo largo de España.

Porque mientras los ciclistas afrontan puertos, descensos y kilómetros, ellos libran otra carrera como es la de llegar antes, anticiparse a cualquier riesgo y conseguir que, cuando aparezca el pelotón, todo esté preparado.
Y detrás de esos escasos segundos en los que los corredores pasan frente al público hay mucho más de lo que se ve.
Hay meses de planificación, carreteras revisadas, rutas estudiadas, vehículos preparados y un dispositivo formado por cientos de agentes que se mueve prácticamente al mismo ritmo que La Vuelta.
Una carrera que, para la Guardia Civil, comenzó mucho antes de que el primer ciclista tomara la salida.










