A raíz de los hechos ocurridos el pasado 2 de agosto, donde se envenenaron dos perros, han sido muchas las personas que han lanzado el grito al cielo para que, de una vez por todas, pillen a las personas responsables de esparcir veneno por algunos pipicanes de la ciudad.
En el momento en el que el consistorio tiene constancia de que haya ocurrido un envenenamiento, da el aviso a la Policía Local activando el protocolo a seguir para que se ponga manos a la obra.
Primeramente, se cierra el pipican para evitar que, en el caso de que haya algún tipo de sustancia, pueda llegar a la boca de otros canes. Una vez que se retiran las muestras si las hubiera, se procede a analizarlas en un laboratorio.
Una vez que se ha recogido todo, se desinfecta completamente el lugar habilitado para los perros y se reabre para que los pequeños de cuatro patas puedan seguir disfrutando de su espacio.
Fernando Carabias, concejal de urbanismo, ha expuesto que “hay 150.000 metros cuadrados a disposición de los propietarios”, además de recordar que “los perros tienen sus lugares habilitados para poder pasearlos” y que “tenerlo sueltos está en contra de la ordenanza”.




