Este domingo 28 de junio está marcado en el calendario por un motivo trascendental en la sociedad: la celebración del Día del Orgullo LGTBIQA+, en la que se reivindica los derechos de las personas del colectivo. La importancia de esta fecha recae en la discriminación sufrida por esta comunidad: en todo el territorio nacional, el 54% de las personas del colectivo sufren algún tipo de incidente de odio, con el acoso afectando a aproximadamente el 28% al 36% de la población LGTBI+, tal y como apunta el informe elaborado por la entidad FELGTBI+.
En un panorama como este, es importante ahondar en el territorio salmantino, en el cual el Informe sobre la evolución de los delitos e incidentes de odio elaborado por el Ministerio del Interior en 2025 registró 12 casos de discriminación, de los cuales 4 fueron por causas relacionadas por la orientación sexual, lo que supone un 33,33%. Este tipo de casos, en ocasiones, se relacionan con el ámbito laboral, lo que incita a profundizar en un ámbito desconocido: la discriminación de las personas del colectivo LGTBIQ+ en la ciencia.
Contra este tipo de dinámicas, el CSIC trabaja desde el año 2021 en base a un objetivo: promover una ciencia inclusiva, diversa y libre de discriminación. Así, esta institución impulsa la creación de Comités de Igualdad en institutos, centros y unidades como estructuras de apoyo para trasladar su Plan de Igualdad a la sociedad.
Un ejemplo de estas iniciativas es el proyecto ‘Ciencia a todo color. Investigación LGTBIQA+’, que este pasado martes 23 de junio se llevó a cabo en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Este evento, compuesto por mesas redondas y actividades abiertas al público de todas las edades, tenía un objetivo claro: “Concienciar a la sociedad sobre las particularidades que tienen las personas del colectivo LGTBIQA+ en la ciencia desde distintas voces que pertenecen a él”, tal y como argumenta Ismael Gutiérrez, investigador predoctoral del IRNASA-CSIC y miembro del colectivo.
A pesar de que Gutiérrez expone que la situación en Salamanca es, en general, positiva, asegura que “aún existe mucho trabajo de mejora y concienciación por hacer”, por lo que este tipo de iniciativas son esenciales: “No hay suficiente visibilidad del colectivo LGTBIQA+ en el ámbito científico. Se necesita abrir con más frecuencia la conversación sobre este tema, porque para mejorar no nos podemos esconder sino alzar la voz”, argumenta Gutiérrez, quien añade la necesidad de difusión de este asunto entre los más pequeños.
Los desafíos que afronta el colectivo en la ciencia: Diversos, amplios e interseccionales
Los retos que se encuentran las personas del colectivo LGTBIQA+ que trabajan en el ámbito científico, según relata Gutiérrez, suelen necesitar de una reivindicación constante: “En este sector se suele invertir mucho tiempo en el ámbito laboral, por lo que las personas al final se acaban expresando tal y como son”, explica el científico, haciendo referencia a las discriminaciones que esto puede conllevar.
Estas actuaciones de odio, en primer lugar, son diversos, amplios e interseccionales, dependiendo en un amplio grado del perfil concreto de la persona: “No se enfrenta a los mismos retos un hombre cis homosexual o una mujer transexual racializada”, ejemplifica Ismael Gutiérrez. En cuanto a las formas de expresión de esta conducta de odio, las personas del colectivo suelen recibir, tal y como apuntan desde el CSIC, tratos irrespetuosos basados en la “heteronorma”, recibiendo así insultos, tratos o formas de expresión, ya sean malintencionadas o por ignorancia, que resultan vejatorias hacia las personas del colectivo LGTBIQA+.
Estas actitudes, según explican desde el CSIC, “crean ambientes y espacios hostiles para un desempeño laboral que es muy exigente”: “Esto lleva a una mayor probabilidad de abandono profesional de las personas del colectivo, aunque hagan un trabajo igualmente válido que el de sus compañeros y compañeras”.
Avances y retrasos en la lucha contra la discriminación del colectivo en la ciencia
A pesar de que “aún hay mucho trabajo por delante”, esta situación, a juicio de Gutiérrez, ha mejorado en muchos aspectos respecto a décadas anteriores. En este sentido, recalca que hoy en día es más sencillo encontrar espacios seguros y personas que no ocultan su orientación o su identidad: “Para nosotres ningún pasado fue mejor, hace años no había otra opción que no fuese esconderse”, afirman desde el CSIC, insistiendo aun así en lo esencial de seguir luchando “para no retroceder en términos de derechos e inclusión, que todavía están lejos de ser íntegros”.
Entre los retos pendientes, Gutiérrez no duda en que se necesita mucha pedagogía y visibilización, “especialmente para la parte más vulnerable del colectivo”: “Es esencial que se nos vea más”. Para que esto ocurra, hace hincapié en la necesidad de actuación en un ámbito clave: las instituciones.
En este sentido, el CSIC ve imprescindible la labor de los comités y unidades de igualdad e inclusión en las instituciones, así como su apoyo para las personas del colectivo y persistencia en las reivindicaciones: “Un ejemplo de estas peticiones sería la implementación de baños neutros/unisex en los institutos de investigación”.
Entre estas demandas concretas, además, se encuentra el reconocimiento, a nivel institucional, de la autoría para las personas transexuales: “Las personas que cambian de género y nombre necesitan también cambiar también su firma en sus antiguas investigaciones publicadas”, concluye, añadiendo que en la carrera científica las publicaciones son la base de todo el progreso y reconocimiento profesional: “No cambiar su firma es condenar su vida científica”.




