Salamanca es una de las tres provincias de Castilla y León que más reducirá su población en edad laboral entre 2030 y 2040. Aunque todas las provincias sufrirán descenso, este se dará con intensidades muy diferentes, según informa Europa Press. Así, León (-28.176 personas), Valladolid (-24.525) y Salamanca (-20.076) concentrarán alrededor del 60% del descenso autonómico, mientras que Zamora registrará la caída relativa más acusada (-13,7%).
Al mismo tiempo, todas las provincias sumarán población mayor de 64 años. El aumento será especialmente intenso en términos absolutos en Valladolid (+27.027 personas), León (+17.257) y Burgos (+17.207), y en términos relativos en Segovia (+22,8%).
En 2040, la población mayor de 64 años representará cuatro de cada diez habitantes en Zamora y más del 36% en León y Salamanca. Esta evolución provincial forma parte de una transformación que estrechará la base de profesionales disponibles y elevará las dificultades para cubrir vacantes.
Ante este escenario, y en el marco del compromiso social de The Adecco Group, el Observatorio de la Vulnerabilidad y el Empleo de la Fundación Adecco ha desarrollado el análisis Inclusión y Empleo ante el reto demográfico.
Sus conclusiones apuntan a una respuesta común para todo el territorio: activar el talento sénior, incorporar a las personas que hoy encuentran más barreras de acceso al empleo, adecuar las competencias a las necesidades empresariales y reforzar la productividad.
La población entre 16 y 64 años en Castilla y León ya ha alcanzado su valor máximo en 2026, con 1.470.096 personas. En 2030 se contabilizarán 1.447.498 y en 2040, 1.326.196; es decir, se producirá un descenso del 8,4% (121.302 personas).
En paralelo, la población mayor de 64 años pasará de 717.162 personas en 2030 a 824.108 en 2040, un crecimiento del 14,9% (106.945 personas). La reducción del 8,4% de la población en edad laboral entre 2030 y 2040 estrechará la base demográfica sobre la que se sostienen el empleo, la actividad económica y el sistema de protección social.
Incluso al margen de la prolongación de la vida laboral o de posibles cambios en la edad efectiva de jubilación, esta caída coincidirá con un fuerte aumento de la población mayor de 64 años, intensificando las dificultades para encontrar profesionales y cubrir vacantes, al tiempo que elevará la presión sobre la sostenibilidad financiera del sistema de pensiones.
El reto, por tanto, exige incorporar nuevos profesionales y, al mismo tiempo, aprovechar el talento ya existente, facilitar la permanencia de quienes desean seguir trabajando y elevar la participación de las personas que hoy permanecen fuera o en los márgenes del mercado laboral.
El relevo generacional no compensará las salidas La reducción de la población en edad laboral en las próximas décadas se explica, en gran medida, por el paulatino tránsito hacia la edad de jubilación de las generaciones numerosas nacidas desde la segunda mitad de los años sesenta y durante los setenta (baby boomers y parte de la generación X).
A medida que estas cohortes superen los 64 años, abandonarán la franja convencionalmente considerada en edad de trabajar. Al mismo tiempo, las generaciones que se incorporen a los 16 años serán menos numerosas, como consecuencia de la baja natalidad registrada desde la década de 2010 y de la previsión de que se mantenga por debajo del nivel de reemplazo (situado en torno a 2,1 hijos por mujer). Esta brecha entre las cohortes que salen y las que entran reducirá la base potencial de profesionales. Así cambiará la base laboral en las nueve provincias.



