En las calles de Sabadell hay dos números de placa que llevan muchos años rodando juntos. El 1202 y el 1337 corresponden a José Antonio y Rubén, dos policías nacidos en Salamanca que encontraron en Cataluña su lugar de trabajo y que, con el paso del tiempo, terminaron convirtiéndose en mucho más que compañeros.
Hoy, entre los agentes de la Policía Local de Sabadell, son conocidos como la "Patrulla Charra". Una pareja policial que lleva años compartiendo servicios, turnos y kilómetros sobre la moto. Tanto tiempo juntos que ya casi no necesitan hablar para ponerse de acuerdo. Una mirada, un gesto o un movimiento basta para saber cómo va a actuar el otro.
Detrás de esos dos números de placa hay también una historia que tiene mucho de Salamanca. Los dos nacieron en la capital y los dos mantuvieron durante su infancia un vínculo muy estrecho con la provincia. Sus pueblos, además, están separados por pocos kilómetros.
José Antonio está ligado a Carrascal del Obispo, mientras que las raíces familiares de Rubén se encuentran en Villalba de los Llanos y Matilla de los Caños del Río. Allí pasaron buena parte de sus veranos y allí siguen regresando siempre que pueden.

Dos caminos diferentes hasta Sabadell
José Antonio llegó a Cataluña siendo pequeño. Su padre había emigrado en los años sesenta y en 1968 ingresó en la Guardia Urbana de Barcelona. Más adelante pasó a formar parte de la Policía de Sabadell.
La profesión terminó marcando también el camino de su hijo. Después de terminar sus estudios, José aprobó la oposición y se incorporó al mismo cuerpo en el que había trabajado su padre.
Aunque su vida transcurrió principalmente en Cataluña, Salamanca nunca quedó demasiado lejos. Los veranos de su infancia estaban ligados a Carrascal del Obispo y a los viajes para reencontrarse con la familia.
Rubén tomó un camino distinto. Su padre era Guardia Civil y él decidió ingresar también en el cuerpo. En 1989 comenzó su trayectoria en la Guardia Civil, donde permaneció varios años.
En 2001 decidió cambiar de rumbo y se incorporó a la Policía Municipal de Sabadell. Allí se encontró con José, aunque durante un tiempo sus caminos profesionales no coincidieron demasiado ya que cada uno estaba destinado a un turno diferente.
La situación cambió a finales de 2016, cuando Rubén pasó al turno de José. Desde entonces comenzaron a patrullar juntos de manera habitual y la relación entre ambos fue creciendo hasta convertirse en una de esas parejas que todo el mundo dentro del cuerpo identifica rápidamente.

Y, la relación entre José y Rubén no se quedó en la comisaría. Sus familias se conocen y los dos han compartido vacaciones, celebraciones y momentos fuera del trabajo. Este mismo verano volvieron juntos a Salamanca en moto, una imagen que resume bastante bien la relación que han construido durante todos estos años.
También sus compañeros de Sabadell conocen de sobra su origen salmantino. Cuando alguno de ellos dice que va a viajar a Salamanca, las preguntas aparecen rápidamente: dónde comer, qué restaurante recomendar o qué producto típico merece la pena llevar de vuelta.
Cuando una mirada es suficiente
En el trabajo, esa confianza se nota especialmente. Rubén reconoce que tiene un carácter más impulsivo. José, en cambio, suele poner la calma y la paciencia cuando la situación lo requiere. José destaca de Rubén su calidad humana y su profesionalidad.
Dos formas diferentes de afrontar las cosas que han terminado complementándose.
“Con una mirada que nos echemos ya sabemos cómo tenemos que actuar”, declara Rubén.
Los dos trabajan en Seguridad Ciudadana y patrullan habitualmente en moto. Sus jornadas les llevan por distintos puntos de Sabadell y pueden llegar a recorrer entre 70 y 80 kilómetros en un solo día.
No saben qué se encontrarán cuando comienzan el turno. Una pelea puede convertirse en una intervención complicada. Un accidente obliga a reaccionar rápidamente. Un problema de convivencia puede requerir paciencia y capacidad para mediar. Y hay situaciones en las que apenas existen unos segundos para decidir.

Después de más de tres décadas de profesión, ambos acumulan una larga lista de servicios a sus espaldas.
Historias que se quedan en la memoria para siempre
Han intervenido en incendios, han auxiliado a personas en situaciones límite y han tenido que enfrentarse a momentos especialmente delicados.
Entre los servicios que recuerdan está el de una mujer que amenazaba con lanzarse desde un balcón. Cuando llegaron, tuvieron que tratar de tranquilizarla mientras ellos mismos se encontraban ante una situación de riesgo. Finalmente consiguieron que todo terminara bien.
Pero también hay intervenciones que dejan una marca diferente. Y es que, José recuerda especialmente el fallecimiento de un niño de 14 años al que intentó reanimar durante varios minutos. Hicieron todo lo posible, pero no pudieron salvarlo.
Manifiesta que “es una de esas actuaciones que terminan cuando acaba el servicio, pero que no desaparecen al quitarse el uniforme”.
Es precisamente esa parte de la profesión la que pocas veces se ve desde fuera. El policía puede terminar su turno, guardar el uniforme y marcharse a casa, pero algunas situaciones continúan presentes mucho tiempo después.
Para Rubén, esa realidad se resume, en una palabra y es sacrificio. Sin embargo, para José, ser policía es, ante todo, ser un servidor público.
Una profesión que va mucho más allá de las multas
Los dos creen que existe una imagen demasiado limitada de la Policía Local. Una parte de la sociedad relaciona su trabajo principalmente con las multas, pero su día a día está muy lejos de reducirse a las sanciones.
Ambos coinciden en que su trabajo va mucho más allá de las multas “atender un accidente, responder ante una emergencia, intervenir en una pelea, mediar en un conflicto vecinal o prestar ayuda a quien atraviesa una situación complicada. En definitiva, ofrecer una respuesta cuando alguien lo necesita”.
“Si la gente estuviese un día sin policía entendería por qué somos imprescindibles”, afirma José.
José acumula cerca de 38 años de servicio y Rubén alrededor de 36. Con semejante trayectoria podrían haber optado por puestos alejados de la calle, pero ambos siguen prefiriendo la moto y el contacto directo con la ciudadanía.
También se han convertido en una referencia para los agentes más jóvenes. Según indican los nuevos policías acuden a ellos cuando necesitan consejo o cuando se encuentran ante una situación que no saben cómo afrontar. Para José y Rubén, la experiencia tiene un valor que no se puede aprender únicamente estudiando.
José recuerda en este sentido una frase que le repetía su padre: “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. Una manera de entender la profesión que, décadas después, sigue aplicando en su día a día.
El regreso a Salamanca que no pudo ser
A pesar de haber desarrollado su carrera en Cataluña, los dos han tenido presente en algún momento la posibilidad de volver a su tierra.
José llegó a planteárselo en 2006. Quería regresar y trabajar como policía en Salamanca, pero las dificultades para reconocer su trayectoria profesional entre comunidades autónomas hicieron que aquella opción no prosperase. Para incorporarse a la Policía Local de Salamanca habría tenido que comenzar de nuevo el proceso de oposición.
En el caso de Rubén, las circunstancias familiares terminaron inclinando la balanza hacia Cataluña.
El regreso profesional no fue posible, pero el vínculo con Salamanca nunca desapareció.
Sus familias siguen allí, los pueblos continúan formando parte de sus vidas y ambos mantienen la costumbre de regresar siempre que pueden.

Lo que queda después de casi cuatro décadas
José se encuentra ya cerca de la jubilación. Después de casi cuatro décadas vestido de policía, sabe que el momento de dejar la calle está cada vez más cerca.
Cuando piensa en cómo le gustaría ser recordado, no habla de grandes reconocimientos. Solo quiere que sus compañeros sepan que fue un hombre honrado y que intentó hacer bien su trabajo.
Rubén tampoco espera homenajes. Lo que quiere llevarse cuando llegue el momento es el recuerdo de quienes han compartido con él tantos años y la sensación de haber sido un buen policía, un buen compañero y amigo.
Por ahora, ambos siguen compartiendo turno y patrulla, como desde hace años. José afronta ya la recta final de su carrera y Rubén continúa a su lado. Dos policías salmantinos que hicieron su vida en Cataluña y que, después de tantos servicios juntos, siguen formando un dúo ya inseparable dentro de la Policía Local de Sabadell.



