El 12 de octubre de 1936, Miguel de Unamuno se enfrentó públicamente al general José Millán-Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. Aquel episodio quedó convertido en uno de los momentos más conocidos de la historia de la ciudad, pero sus consecuencias fueron mucho más allá de un intercambio de palabras ante las autoridades militares. En las semanas siguientes, el escritor perdió sus cargos, quedó bajo vigilancia y llegó a temer por su vida.
Noventa años después de aquella jornada, una carta escrita por Unamuno el 7 de diciembre de 1936 permite acercarse a la dimensión personal de lo ocurrido. La misiva, dirigida al novelista Henry Miller y conservada en la Casa-Museo Unamuno de la Universidad de Salamanca, refleja la situación de aislamiento que atravesaba el escritor y su temor a ser asesinado si trataba de escapar.
La carta aporta una perspectiva distinta sobre los últimos meses de Unamuno: la de un intelectual que, después de haber apoyado inicialmente la sublevación militar, terminó enfrentado a las autoridades del bando al que había dado su respaldo.
Diez días que cambiaron su posición en Salamanca
El enfrentamiento con Millán-Astray tuvo lugar durante el acto celebrado con motivo de la festividad del Día de la Raza, en los primeros meses de la Guerra Civil. La intervención de Unamuno provocó una fuerte reacción entre los asistentes y terminó con la salida del rector del Paraninfo en medio de la tensión.
Las consecuencias institucionales llegaron de inmediato. El 13 de octubre, el Ayuntamiento de Salamanca acordó destituirlo como concejal y anuló su nombramiento como alcalde honorario. Al día siguiente, el claustro universitario le retiró su confianza como rector. El 22 de octubre, Francisco Franco firmó el decreto que formalizó su cese al frente de la Universidad.
La rapidez de aquella sucesión de decisiones contrasta con la posición que Unamuno había recuperado al comienzo de la sublevación. Según la biografía de la Casa-Museo Unamuno, el escritor había apoyado inicialmente el golpe porque confiaba en que permitiría reconducir la situación política. Pronto se desengañó ante la evolución de los acontecimientos y la represión que se extendía en la zona controlada por los militares sublevados.
Una carta escrita desde el aislamiento
La misiva dirigida a Henry Miller, fechada el 7 de diciembre, es uno de los documentos que permiten reconstruir cómo vivió Unamuno el final de 1936. En ella expresó su temor a ser asesinado si intentaba huir y describió la situación que atravesaba bajo el dominio de los sublevados.Su hallazgo añadió una pieza documental a la investigación sobre la persecución sufrida por el escritor después del enfrentamiento del Paraninfo.
Unamuno falleció en su domicilio de la calle Bordadores el 31 de diciembre de 1936, menos de tres meses después del acto. Su muerte cerró un periodo marcado por el aislamiento y el distanciamiento respecto a los dos bandos enfrentados en la Guerra Civil.
Mucho más que un discurso
El episodio del 12 de octubre ha quedado asociado a la frase “Venceréis, pero no convenceréis”, atribuida tradicionalmente a Unamuno. Sin embargo, las palabras exactas pronunciadas aquel día siguen siendo objeto de estudio. Las notas manuscritas tomadas por Ignacio Serrano, catedrático de Derecho Civil presente en el acto, recogen la expresión “vencer no es convencer” y describen las reacciones que provocaron las intervenciones.
Noventa años después, el enfrentamiento sigue siendo uno de los episodios más reconocibles de la historia contemporánea de Salamanca y de España. Pero la carta que Unamuno escribió semanas más tarde permite mirar más allá de la escena del Paraninfo: tras la confrontación pública llegó la pérdida de sus cargos, el aislamiento y el miedo que dejó por escrito poco antes de morir.



