El aumento de las temperaturas, las olas de calor, la falta de humedad del suelo, la despoblación con la consiguiente falta de gestión en muchas partes del monte, imprudencias, tormentas, incendiarios, negligencias, … El verano trae el cóctel perfecto que alimenta los incendios forestales que arrasan el agonizante medio rural.
Si la extinción es fundamental cuando salta la alerta por incendio y se pone en marcha el operativo que se bate contra las llamas, la prevención es el escudo invisible que durante meses trabaja de forma silenciosa para minimizar el riesgo.
La planificación, la mejora de las infraestructuras de agua, la creación de una red de pistas forestales, tratamientos selvícolas, gestión de la masa forestal, el análisis de las causas que han provocado incendios, estudio de la singularidad del territorio o de la climatología permiten adelantarse y ser más eficientes en la lucha contra los incendios.
La forma de hacerlo está establecida en el Plan para la Prevención de Incendios de este año. Un documento que se renueva cada año actualizando la información de cada territorio con el fin de analizar el riesgo de incendio de un territorio para combatir los incendios forestales antes de que se produzcan.
Pero ¿Cómo se calcula el riesgo de incendio? Analizado dos factores: peligro y vulnerabilidad, es decir, se analiza la posibilidad de que se produzca un incendio forestal en un lugar y un momento determinado y su capacidad de propagación, así como el grado de pérdidas y daños que puede causar en población, bienes o medio ambiente. Esta combinación ofrece un nivel de riesgo que permite dividir el territorio en lo que se ha denominado Zonas Estratégicas de Gestión (ZEG) o Áreas de Actuación Singularizada.

Cada provincia tiene las ZEG definidas con el fin de poder planificar la prevención en los lugares que puedan ser más vulnerables a los incendios Se clasifican en áreas de peligro alto (rojo), medio (amarillo) y bajo (verde).
En Salamanca hay cuatro zonas ZEG: Sierra de Béjar, Sierra de Francia-Quilamas, Sierra de Gata y Arribes. Cuatro zonas donde se concentran las áreas de peligro alto de incendios y que cuentan con planes de prevención específicos. “Las zonas se han establecido en función de la diagnosis de riesgo de incendio forestal y de las masas boscosas con mayor vegetación”, asegura Teresa Díaz-Laviada Marturet es la jefa de Área de Prevención y Extinción de Incendios del S. T. de Medio Ambiente de Salamanca. Son zonas que tienen “mayor riesgo y también mayor valor ecológico”, añade.
Destaca el papel de la prevención. “Planificar permite incluir todos los trabajos en una base de datos e ir planificando actuaciones según se va disponiendo de para determinar que podemos acometer y que mantenimiento hay que hacer año a año. También hay que tener en cuenta la red básica de infraestructuras de apoyo a la extinción, la RIAE. Esa red, aunque incluye todo el territorio, nuestra actuación fundamental es en terrenos de gestión. Es algo que tiene que actualizarse con los trabajos que se han acometido y gracias a los fondos que hemos recibido de varios programas, además de la inversión de habitual de la Junta, hemos incluido mucho trabajo”.

Un trabajo “llevamos haciendo muchos años”, asegura, aunque reconoce que “la sociedad ahora es más consciente y se interesa más en saber qué estamos haciendo en prevención, pero llevamos muchos años trabajando así, con las cuadrillas de extinción que fuera de la época de peligro alto realizan labores preventivas”.
La Junta está dedicando “mas esfuerzo, más dinero y más atención” a la prevención. Los grandes incendios que hemos sufrido han permitido detectar vulnerabilidades y reforzar las políticas de análisis y prevención. “Estamos haciendo más esfuerzo, como en todos los frentes. No ha cambiado radicalmente, pero si tenemos una planificación mayor y una organización integrada, lo que ayuda”, asegura Diez-Laviada.
Unos esfuerzos que, aunque no permiten abordar toda la superficie al cien por cien, si permite “detectar zonas de oportunidad, aumentar la seguridad del operativo cuando se genera un incendio o crear discontinuidades”.

Un trabajo preventivo en el que también es importante la colaboración de los municipios, sobre todo de los que tienen la obligación de desarrollar planes de actuación de ámbito local de emergencia por incendio forestal. En Salamanca son 171 localidades que se encuentran en zonas de máximo riesgo de interfaz-urbano forestal y que tienen la obligación de ejecutar medidas preventivas y tener planes de actuación propios en caso de incendio.
Un trabajo preventivo que en los últimos años ha estado marcado por las nuevas tecnologías, tanto a la hora de analizar y cruzar bases de datos e información como por la implantación de elementos como maquinaria forestal, cámaras térmicas o drones de vigilancia, que dan a los técnicos nuevos puntos de vista e información en tiempo real para trabajar tanto en la prevención como en la extinción.




