Salamanca también fue escenario de la infraestructura clandestina de ETA. La organización terrorista, responsable de cientos de asesinatos durante décadas de violencia, utilizó un piso franco en el barrio de Capuchinos para almacenar explosivos y preparar vehículos destinados a cometer atentados en Madrid. Ahora, el nombre de uno de sus antiguos dirigentes militares vuelve a la actualidad tras una nueva decisión penitenciaria.
El Gobierno vasco ha vuelto a conceder el tercer grado a José Antonio Olarra Guridi, exjefe del aparato militar de ETA, que cumple condena en la prisión de Zubieta, en San Sebastián. La decisión llega después de que la Audiencia Nacional revocara en julio la anterior progresión, concedida el 19 de mayo, al considerar que todavía debían consolidarse los factores positivos que justificasen su reinserción.
El Departamento vasco de Justicia ha defendido la medida argumentando que los profesionales del centro penitenciario, que mantienen contacto directo con los internos, han propuesto nuevamente el cambio de grado. Según el Ejecutivo autonómico, la decisión responde a la reflexión personal realizada por el recluso. La medida queda sometida al control legal correspondiente.
Salamanca, en la retaguardia de los atentados de ETA
Bajo la dirección de Olarra Guridi se creó el comando Buruhauste, vinculado al asesinato del coronel Pedro Antonio Blanco, cometido en Madrid el 21 de enero de 2000. Aquel atentado mortal marcó la ruptura definitiva de la tregua que ETA había declarado en septiembre de 1998.
Para preparar sus acciones, los integrantes del comando se desplazaban los fines de semana a Salamanca, donde disponían de un piso franco. Allí almacenaban explosivos y cambiaban las matrículas de los vehículos que posteriormente se utilizaban en atentados.
Un piso en Capuchinos para preparar coches bomba
La presencia de ETA en Salamanca quedó al descubierto en noviembre de 2001, cuando la Policía descubrió el inmueble situado en la plaza de Castrotorafe, en el barrio de Capuchinos.
La investigación se produjo después de un atentado frustrado contra Juan Junquera, entonces secretario de la Policía Científica. La detención de dos integrantes del comando Madrid permitió a los agentes localizar el piso franco desde el que se había prestado apoyo logístico a la preparación de coches bomba en Madrid.
El 6 de noviembre, pasadas las 14:00 horas, los agentes tuvieron que forzar la puerta para acceder a una vivienda que estaba vacía. Los terroristas habían cambiado la cerradura y ya no se encontraban en el inmueble.
Los vecinos habían observado movimientos extraños y, según los testimonios recogidos entonces, los ocupantes utilizaban principalmente la vivienda durante la noche y a primeras horas de la mañana.
La reinserción, bajo control judicial
El Gobierno vasco sostiene que la finalidad de la legislación penitenciaria es facilitar la reintegración social de los presos. La nueva concesión del tercer grado a Olarra Guridi se apoya, según Justicia, en la valoración de los profesionales de la prisión y en la reflexión personal del interno.
La decisión vuelve a situar en el centro del debate la progresión penitenciaria de antiguos dirigentes de ETA, especialmente después de que la Audiencia Nacional revocara la concesión anterior por considerar que todavía no se habían consolidado suficientemente los factores favorables a la reinserción.
Mientras se desarrolla este nuevo procedimiento, la historia del piso franco de Capuchinos permanece como recordatorio del alcance de la actividad de ETA y de cómo Salamanca llegó a formar parte de la infraestructura utilizada para preparar atentados terroristas.



